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Isolda Arita Melzer: 'Estar con los amigos sale más barato que ir al psiquiatra'

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18.12.2015

Tegucigalpa, Honduras

Costeña de nacimiento, la periodista Isolda Arita Melzer -actualmente directora de la Editorial Guaymuras- es única en el área de edición literaria.

Por sus manos anualmente pasan decenas de textos escritos por novatos y expertos en el oficio, sin faltar el de algún trasnochado que con un par de tragos se sintió poeta de versos sin métrica y sin ritmo.

¿Es cierto que las sampedranas son amables?

Creo que sí, es una característica de la gente de la costa. Quizás no tanto alegres, es que somos como más libres, porque estamos en un espacio muy abierto, un valle. Está probado que el ser humano de las llanuras, al tener mayores libertades de movimiento, también tiene mayores capacidades de socializar.

¿Por qué dejó la costa?

Es que a los 18 años, cuando terminé mi bachillerato, me vine a estudiar porque en aquel tiempo la regional de la universidad nacional tenía una bajísima oferta de carreras.

¿Egresada del Trinidad Reyes?

No, del María Auxiliadora. Fui salesiana toda mi escuela y colegio.

¿O sea que es muy católica?

Tal vez no gran católica, pero sí aprendí a respetar y valorar las enseñanzas y principios que nos inculcaron. Yo sí creo que la formación que me dieron en el colegio me ha sido de gran utilidad, me ha servido para andar por la vida con cierta solvencia.

¿Cuáles fueron sus primeros pasos en el periodismo?

Mi primer trabajo me lo consiguió el profesor Mario Espinoza Ampié, un excelente maestro nicaragüense que nos dio introducción al periodismo. Yo tenía 19 años, estaba en mi primer año en la Escuela de Periodismo y un día él me dijo: mirá cipota, ¿vos querés trabajar? Fíjate que en diario Tiempo necesitan alguien en la sección de Sociales.

Acepté, por supuesto. He de haber sido un fracaso total, no creo que me enorgullecería ver ahorita las notas que escribí. Después fui reportera de diario El Día, ya fenecido; de diario La Prensa, estuve en la Secretaría de Prensa; posteriormente pasé a un proyecto de extensión agrícola, con Ramiro Sierra, y así me fui adentrando en la comunicación educativa que al final me atrapó.

¿Y cuándo ingresa al área de la edición literaria?

En el 88. Estaba en Costa Rica terminando mi período de trabajo de cuatro años en la Comisión Centroamericana de Derechos Humanos y el director de Guaymuras, en ese momento don Gilberto Ríos, me llamó y me dijo: mirá, yo tengo que dejar esto y no tengo quién se haga cargo, y si vos te venís, yo te dejo este chinamo, este changarro, a ver qué hacés porque esto está difícil.

Deseosa por regresar al país, acepté el reto sin saber a la aventura que me estaba metiendo, pero bueno, han pasado 33 años y Guaymuras sigue funcionando, sigue viva.

¿Me imagino que tiene que hacerle de abogada del diablo cuando le llegan los escritos?

Sí, es una experiencia muy rica. Tengo la suerte de trabajar en algo que me gusta y que me pagan por ello. Bueno, una vez que uno le da la primera lectura a un trabajo, yo diría que desde el primer párrafo se sabe si es bueno y no hay que enredarse mucho. Una vez que se decide si vale la pena publicarlo, entonces se empieza a laborar con el autor. Siempre se dice que los autores hacen los escritos, los originales, pero los libros los hacen los editores.

¿Le es difícil decirle no a algunos autores?

Si es difícil, sobre todo a los jóvenes. Pasa mucho que vienen muy ilusionados, quieren ver su primer libro; pero también por ser muy jóvenes e inexpertos, a la mayoría les falta mucho como para tener una obra madura y acabada para ser publicada, o por lo menos para que la editorial arriesgue su sello y haga una inversión.

¿Cómo les dice no?

Cuesta, porque es como matarle la ilusión a alguien. En ese sentido la editorial siempre trata, sobre todo a los jóvenes, de hacerles, sentir que sigan trabajando, que es un gran avance que se hayan animado a querer publicar, que la cuestión de escribir y de hacerlo bien es un asunto de oficio y de experiencia, no es algo que surge por generación espontánea; hay gente que cree que con sentarse una noche de desvelo con unos dos traguitos ya les puede salir una buena poesía y no, esto es oficio.

¿Cómo ha sacado adelante la editorial en un país con pocos lectores?

Es una combinación de cosas. Guaymuras, por la fuerza de las circunstancias, ha ido evolucionando. Hubo una época, en los años 90, cuando nuestra prioridad eran nuestras publicaciones, lo que llevaba nuestro sello; sin embargo, en la medida que el mercado se ha ido restringiendo, encareciendo, sin mencionar todos los problemas por los que el país ha pasado y que golpean directamente a la industria editorial, nosotros hemos tenido que recurrir a realizar mucho trabajo de afuera. Si solo atendiéramos el mercado de libros como tal, hace tiempo hubiéramos cerrado.

¿Cómo conviven con los avances del Internet?

Por suerte hay rato para el libro impreso. Yo sí creo que por mucho tiempo va a haber una convivencia entre lo electrónico y la letra impresa. Por un lado en Honduras, no nos engañemos, apenas el 17 por ciento de la población tiene acceso a Internet, las últimas cifras que estaba viendo tal vez el 30 por ciento de los hogares en las ciudades tiene una computadora, entonces es un mito decir que en este país el Internet está desplazando al libro impreso.

¿En sus años al frente de esta editorial, cuáles han sido los libros más vendidos?

Yo diría que hay dos, que son de obligación, no es porque sean más vendibles, porque la gente diga me gusta, sino porque se los piden, desgraciadamente hay que decirlo, son “Blanca Olmedo” y “Angelina”.

Hay otros que se venden porque la gente los busca y eso me satisface mucho, por ejemplo “Las perras de Teofilito”, siempre hay alguien que los busca para reírse.

¿Me imagino que usted goza editando “Las perras de Teofilito”?

Claro, sí. Es maravilloso editarlo. Además es una experiencia porque por primera vez llevábamos literatura oral a lo escrito.

La perra siempre había sido vista como un género no literario. Mucha gente decía, ¡púchica! en lo que acabó Guaymuras, publicando perras, todo esto peyorativamente.

¡Guaymuras después de ser tan seria publicando perras! Pero nosotros demostramos que las perras sí son un género de la literatura oral y tienen gran validez en la cultura popular, campesina sobre todo.

¿Aparte de ser editora, qué hace en su vida?

La paso bien en general, comparto con mi familia los fines de semana, tengo tres nietas maravillosas, me hacen el domingo; luego tengo un círculo de amigos valiosos que generalmente cuando uno está muy cansado, muy estresado, la mejor solución es juntarse con ellos, conversar un rato, esto sale más barato que el psiquiatra.

Dicen que las abuelas son muy consentidoras con los nietos ¿es cierto?

Claro, es que los abuelos somos para consentir, ya como papás ya educamos, ya regañamos y de todo. Entonces las abuelas somos para consentir, para que los niños abusen de uno. Así dice una de mis hijas, que mi nieta abusa de mí.

¿Me han contado que es buena cocinera?

Sí, más o menos. Algunas cosas me salen bien, aunque últimamente, como ya no tengo hijos a mi cargo, como que he olvidado algunas cosas, pero, por ejemplo, la sopa de caracol costeña me sigue saliendo bien.

¿Y cuál es la diferencia entre la sopa de caracol costeña y la sureña?

¡Ahh!.. el coco. Es que en el sur no usan coco, es pura agua, entiendo yo. Es pura agua con una serie de verduras y como manejan el maíz… en cambio en la costa, solo es el guineo verde, la yuca, el coco, aderezo y va el caracol.

Sí hay una gran diferencia, la del norte es como más espesa y más caldosa que la del sur. Con Thelma Mejía competimos en eso. Ella dice que la mejor sopa es la de ella, la del sur, entonces ahí es donde los amigos sirven para dirimir.

¿Dicen que usted es gran admiradora de Franz Beckenbauer?

¡Ay!.. eso se lo contó German Reyes o Thelma Mejía. No hombre, yo tenía 17 años cuando ese mundial de 1972, creo que ese era, y claro, el tipo ese tenía veinte y pico de años, era de la selección alemana, un goleador impresionante y de todo. Yo estaba joven y en el colegio todas éramos admiradoras de Franz Beckenbauer, era el líder y todo mundo soñaba con él.

¿También estuvo involucrada en la política?

Unificación Democrática se fundó en el 94 y participamos en la primera campaña electoral en el 97, con Matías Funes como candidato a la presidencia.

Había un grupo que compartíamos muchos ideales y esperanzas y bueno, le apuntamos a UD, creíamos que podía convertirse en una opción en este terreno político tan árido y en este primer esfuerzo se hizo bastante bien.

La realidad y la historia demostró que no era tan fácil, tanto en la izquierda como en la derecha existen los mismos vicios, los mismos tipos de personas, caudillos, corruptos...

¿Cuáles son sus sueños como hondureña?

Son sencillos, por supuesto ver a mi familia y mis amigos siempre bien. Uno de mis sueños es ver un país distinto, más civilizado, pero no en el sentido clásico de la palabra, sino donde la gente sepa convivir.

Un país de lectores, no para vender más libros, sino porque la cantidad de libros consumidos por los pueblos es un indicador de democracia y desarrollo, y finalmente quisiera un país con menos basura y con una clase política inteligente, que sepa tomar decisiones y piensen en el futuro del país