1954: Violencia en colonias de Teguz y el caso de la niña del barrio Morazán

Mientras la histórica huelga bananera mantenía en vilo a las compañías transnacionales en la costa norte, en Tegucigalpa la violencia marcaba la vida cotidiana

  • Actualizado: 02 de junio de 2026 a las 17:19
1954: Violencia en colonias de Teguz y el caso de la niña del barrio Morazán

Tegucigalpa, Honduras.- Mientras la huelga bananera ponía de rodillas a las transnacionales “gringas”, a 247 kilómetros de distancia, en Tegucigalpa se vivía una ola de violencia que, vista setenta y dos años más tarde, hace dudar a uno de aquello de que “los tiempos de antes fueron mejores”.

Los hechos no alcanzan los niveles del presente, pero la Revista de Policía de mayo de ese año —con el presidente Juan Manuel Gálvez en la portada— está repleta de noticias de asesinatos, golpizas y robos.

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Josefa Banegas, vecina del barrio El Bosque, se presentó a las tres de la tarde en la Central de Policía con una herida grave en la mano derecha. Antes de ser trasladada de emergencia, dijo: —Mi marido, Maximiliano Castejón, me dio un machetazo.

La marca del machete era Collins. El agresor andaba “bien a pichinga”.

Parece que fue un mal día para las Josefas. Una hora y cuarenta y cinco minutos después, Josefa Urbina Mejía, con domicilio en Miramesí, llegó con tres golpes —en el pecho, abdomen y brazo izquierdo— que le propinó, sin que explicara los motivos, Martha Jossy Cruz. La acción no fue tan famosa como la del derechazo que el guardia Marlon Pérez le aplicó al Halcón 01, pero tuvo méritos suficientes para aparecer en el tiraje de dos mil ejemplares de la Revista de Policía.

El 7 de mayo, sobre una de las aceras del mercado San Isidro de Comayagüela, encontraron tirado a Rafael Castillo, quien sucumbió a las “piedradas” lanzadas por Martín Pavón. Como la víctima no estaba muerta ni andaba de parranda, fue conducida en una ambulancia de la Policía Nacional al Hospital San Felipe.

1954: Violencia en colonias de Teguz y el caso de la niña del barrio Morazán

Un caso extraño ocurrió en la avenida Jerez. A las 6:40 de la tarde, la Policía recibió una llamada informando sobre un herido a punto de desvanecerse frente a la Aplanchaduría Akron.

Cuando los agentes del orden llegaron, al mando del oficial Purificación Corea —¡qué nombrecito!—, recibieron la noticia de que José Raúl Turcios acababa de ser trasladado a La Policlínica.

En ese hospital, la esposa del herido dijo: —Él solito se pegó un balazo en el abdomen con una pistola calibre 22.La niña del Barrio Morazán Gente mala ha habido siempre.

Miremos, por ejemplo, un caso que conmocionó a los vecinos del barrio Morazán, lugar emblemático de la capital donde está ubicado el Estadio Nacional, rebautizado justamente como Chelato Uclés.

El 12 de mayo, a las 8:35 de la mañana, alguien informó a través de una llamada telefónica: —En el parquecito frente al Estadio Nacional vi a un perro que llevaba una bolsa en el hocico... ¡Adentro iba el cuerpecito de una niña! “La niña apenas tenía unas horas de haber nacido y fue estrangulada, sin que hasta el momento sepamos quién fue el asesino”, informó el Juez de Paz Primero de lo Criminal.

Después del reconocimiento de ley, el cuerpo fue enterrado en el Cementerio General.

1954: Violencia en colonias de Teguz y el caso de la niña del barrio Morazán

Al igual que hoy, en el Hospital San Felipe el personal médico debía trabajar horas extras para atender a tantos heridos: Israel Centeno, de Cedros (machetazo en la cabeza); Juan Izaguirre (machetazo en la mano derecha); Francisco Cerrato, de Cantarranas (puñalada en el pecho); Luis Rodríguez (herido de machete en la cabeza cuando regresaba a Tegucigalpa); Hilda Molina (herida de balazo en la pierna derecha por un parroquiano desconocido que llegó a beber guaro al Bar Arcoíris, en Comayagüela; el hechor se dio a la fuga); Adolfo Cortés (puñalada en el pecho)...

Concepción Ramos y Ramos iba por las calles de Sipile cuando vio a Tilio Martínez, un viejo deudor que se “hacía el loco” cada vez que le cobraba.

—¿Me vas a pagar? —preguntó Ramos y Ramos.

Y, en lugar de “pisto”, lo que recibió fue una paliza que lo dejó con la clavícula fracturada y varios moretones.

Y la lista de macheteados, acuchillados, golpeados y hasta asesinados sigue, sigue y sigue...

“El asunto del alcoholismo es uno de los factores más influyentes en el aumento de la criminalidad. El día en que Honduras logre sustituir la renta del aguardiente por otra, se conseguirá en parte la disminución de tan terrible mal”, escribió el profesor Luis Amílcar Raudales en su editorial El problema de la criminalidad.

—Ojalá —concluyó— que nuestros legisladores y tribunales de justicia encuentren un medio eficaz para que la criminalidad disminuya en Honduras. En 2026, la cosa está pior... (ÓSCAR FLORES LÓPEZ).

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