Pese a la constante y costosa campaña de reducción de la delincuencia y la inseguridad impulsada desde la Secretaría de Seguridad, la añorada paz aún no llega a los barrios y colonias del Distrito Central.
Pobladores de las colonias San Miguel, Santa Ana, La Esperanza y La Travesía denuncian una ola creciente de asaltos a viviendas y personas.
Para el caso, los afectados de la colonia Santa Ana denunciaron a EL HERALDO que al paso de los actos de inauguración de una de sus calles, los delincuentes sacaron todos los enseres domésticos de una vivienda.
Mientras en la colonia San Miguel, amparados en la oscuridad de noche, una banda de delincuentes roba a sus anchas las casas de los vecinos.
Este tipo de relatos se hizo frecuente este mes,pues cada semana se perpetran al menos cinco robos, en estas comunidades, por lo que los vecinos temen que una banda de asaltantes les robe la poca paz que tienen.
Lo peor del caso es que las víctimas prefieren llamarse al silencio antes que interponer una denuncia en una posta policial.
Así lo demuestran los registros en blanco que manejan los encargados de la Unidad Metropolitana de Prevención e Intervención contra el Crimen (UMEP-1), que es el ente encargado de proteger a los pobladores de estos sectores.
Indefensos
“Hey chiqui ponete vivo con la feria (dinero) y el celular”, le dijeron dos desconocidos a Marcelino Rodríguez, un joven estudiante universitario de 19 años.
En un intento por evitar el asalto, Rodríguez observó en todas direcciones en busca de un policía o militar que le defendiera, pero a su lado no había nadie más que los maleantes.
Registros de la Policía Nacional indican que en Tegucigalpa unos 500 mil ciudadanos fueron asaltados durante el 2013, al tiempo que en las postas policiales se reportan robos hasta en cinco viviendas en el segundo trimestre del año.
Estadísticas del Observatorio de la Violencia de la Universidad Nacional Autónoma de Honduras (UNAH) develan que en el 2013 más de 5,000 capitalinos fueron víctimas de robo y hurto.
En un intento por frenar la ola de inseguridad, las autoridades aprobaron nuevas fuerzas como la Policía Militar de Orden Público (PMOP) y la fuerza TIGRES, sin embargo la realidad indica que en las zonas conflictivas de la capital apenas un policía custodia a 700 habitantes.
La calamidad de los números aumenta cuando se estima que en las áreas donde hay menor incidencia un policía se encarga de proteger a 500 habitantes.
Expertos en temas de seguridad ciudadana opinan que el número de agentes armados no determina la seguridad de un pueblo.
No obstante, consideran que las filas de la Policía Nacional se encuentran estancadas en un proceso invisible de depuración en detrimento de las necesidades de seguridad de la población.
No hay capacidad
Luego de la aplicación del modelo de cobertura por cuadrante, implementada por la Secretaría de Seguridad, a la UMEP-1 le corresponde proteger a unos 238,283 vecinos diseminados en 181 barrios y colonias.
En estas zonas se contabilizan un promedio de 50,941 viviendas, 1,172 pulperías, 367 salas de belleza y barberías, 355 restaurantes, 340 comedores y casetas y 4,883 negocios de otros rubros.
Sin embargo, para brindar seguridad a este gigantesco universo, la UMEP-1 dispone de 282 policías con un equipo de 13 patrullas y 20 motocicletas diseminadas en cuatro estaciones policiales: El Edén, El Manchén, San Miguel y Barrio Abajo.
Esta pírrica capacidad de agentes y de logística desemboca en que los ciudadanos que tienen más necesidad de protección deben contribuir con los insumos de los vehículos o motocicletas.
Rolando Irías, presidente del patronato de la colonia La Esperanza, reveló que los vecinos asumieron la responsabilidad de darle mantenimiento a las dos motocicletas que hacen patrullajes en el sector.
Según el relato del líder comunitario, las unidades hacen un recorrido desde la terminal de buses hasta el final del bulevar Morazán.
Y es que, según datos de la misma secretaría, a esta UMEP le toca un recorrido de más de 400 kilómetros de calle, que en la mayoría de los casos los agentes deben recorrer a pie por falta de vehículos y motocicletas y en muchos de los casos porque no hay combustibles y lubricantes.
En el caso de los operativos de la Policía Militar, el malestar de la población radica en que las acciones no son permanentes.
“Vienen un día, hacen un tremendo escándalo y al final se van como vinieron, sin nada”, dice Jorge Sierra, vecino de la colonia 30 de Noviembre.
A su juicio, la inseguridad no se resuelve con un operativo de un par de horas o días y debe de ser una actividad duradera que refleje resultados a largo plazo.
No hay denuncias
La UMEP-1 está a cargo del subcomisario Otoniel Castillo Lemus y, según el jefe policial, no hay denuncias de robos y asaltos en el sector que le corresponde.
Lemus admitió que hay muchos hechos delictivos que la población no denuncia y por esta razón se vuelve difícil poder ofrecer un respaldo total a la población.
“Es necesario que el ciudadano decente denuncie al delincuente”, justificó.
Y mientras la Policía espera denuncias, los ciudadanos pierden los bienes que han forjado durante años de trabajo.