Pantano de signos

En “Nudo”, Perla Rivera construye una voz poética de gran fuerza imaginativa, en la que confluyen la memoria cultural lenca, los deseos, las pérdidas y las contradicciones del amor

  • Actualizado: 22 de octubre de 2026 a las 16:04
Pantano de signos

Tegucigalpa, Honduras.- “El calendario es un pantano de signos” (p. 8)

Perla Rivera publicó “Nudo” en el 2017, con la editorial Malpaso. Pese a la delgadez casi anoréxica del volumen, sobresale una voz poética con amplio poder imaginativo.

En estos textos se refuerza la certidumbre de que todos somos efímeros, erigida sobre el terreno interno de temores y deseos que, desde siempre, se atraviesa a diario en la existencia humana.

Atrapada en las rocas

Con implacable desapego, la autora enfoca el lenguaje no como un proceso lingüístico sino como una materia viva, capaz de portar su propio acento, inflexión y tono: “El corazón se agita como un dragón que escupe guirnaldas/ a la entrada de una ciudad que no la escucha” (p. 11). No en balde decía Seamus Heaney que “el tono es la vida interna del lenguaje”.

Se trata de una escritura creativa basada en una presencia topográfica real, un lugar que se acepta (a regañadientes) como el locus definitivo del mundo dado. Más allá de la ironía o de la amargura, Perla Rivera ha escrito líneas de gracia memorable: “Las casitas apretujadas parecen morir de risa cada vez que se asoman en nuestras fotos” (p. 13).

Lo cierto es que en “Nudo” la poeta ha encontrado un sentido de identidad literaria y, a la vez, ese mundo que le es propio ha hallado su expresión en esta obra lírica, pues ciertamente se está en presencia de poemas del todo enraizados en un contexto histórico y cultural: “El silencio parte en una vorágine de ritos que invocan a mis ancestros lencas, aquellos que mi abuela contaba que vinieron desde Asia” (p. 22).

Esa memoria cultural hace que el poder de la percepción funcione como una herramienta del pensamiento, y, así, el poema sigue las leyes de su propia necesidad. Luego están los actos de catarsis respecto a una relación amorosa intensa y accidentada. En términos de instintos sensuales, en “Nudo” Perla Rivera sabe destilar el licor de la autoafirmación que, pese a las pérdidas, mantiene un sabor que es mezcla de lo dulce y lo amargo, aunque la amargura es el último de los sabores en secarse de la lengua: son “perlas disueltas en vinagre” (p. 15).

Hábil con las frases sueltas, “escucho a las hamacas discutir entre ellas” (p. 18), o bien “debajo de mi falda hay un suicidio colectivo de estrellas” (p. 21), la autora posee un indudable don visual, que opera a veces más allá del control de quien escribe y cuando afirma que “planeo todavía excursiones a tu cama” (p.11) no se puede hacer abstracción de “la riqueza inagotable de su cuerpo” que afirmara Czeslaw Milosz.

“Nudo” pone al desnudo la libertad de Perla Rivera como poeta creativa, exhibe su singularidad y comprueba la fuerza que confiere la imaginación poética.

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Hernán Antonio Bermúdez
Hernán Antonio Bermúdez
Escritor y crítico literario

Perteneció a los grupos de vanguardia cultural Vidanueva y Tauanka. Fue uno de los fundadores de la Editorial Guaymuras. Ha publicado los libros “Retahíla”, “Cinco poetas hondureños”, “Afinidades” y “Resquicios”.

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