Atrapada en las rocas

“Ciudad con dragones” reúne diecinueve poemas en los que Pompeyo del Valle convierte a la capital hondureña y a sus habitantes en materia de imaginación, memoria y sátira

  • Actualizado: 30 de septiembre de 2026 a las 11:26
Atrapada en las rocas

Tegucigalpa, Honduras.- “Esta es una ciudad dormida (...), atrapada en las rocas como un doliente animal mitológico” (p. 7).

En 1980 se publicó “Ciudad con dragones” de Pompeyo del Valle, tras haber ganado el Premio de Poesía en el concurso convocado por la alcaldía capitalina para conmemorar los cuatrocientos años de la fundación de Tegucigalpa.

En las tinieblas

Se trata de diecinueve poemas dedicados a la capital hondureña y sus habitantes, escritos de manera sutil y precisa merced al uso creativo del lenguaje y donde lo real se disuelve en lo imaginario.

Ácidamente satírico, Pompeyo del Valle traza una constelación emocional de la ciudad de donde es originario, “llena de sombras y silencios/ como una catedral abandonada” (p. 7), en cuyo interior existen villas de la imaginación, escondidas pero a la espera de ser descubiertas.

En “Ciudad con dragones” el autor crea un campo magnético verbal donde las escenas y personajes presentes en el poemario son iluminados por un intelecto y un ojo para los cuales lo “anómalo” guarda la llave de la normalidad y de la belleza, como si lo específico (o lo “raro”) cotidiano en el Real de Minas fuera la llave del día a día: ”Dónde está la clave para romper/ el hechizo que te condena a ese sueño parecido a la muerte?” (p. 7).

Las cualidades de este notable poemario de Pompeyo del Valle provienen de la compresión, la destreza para hacer conexiones y la explotación de los recursos del lenguaje. Así, quienes habitan Tegucigalpa son arrastrados al torrente del conflicto por fuerzas tan mercuriales y astutas como las que desencadenaban los dioses griegos: “Mi poema guarda el zumbido de tus calles,/ unas dosis de tu ponzoña (contra la cual trato inútilmente de defenderme),/ un gramo de tu crueldad que duele como el clavo en la mano que sangra y agoniza en lo alto” (p. 79).

El poeta sabe poner en práctica su maestría del lenguaje y en este se junta el lirismo con la textura misma de la cultura que nos caracteriza.

En efecto, en “Ciudad con dragones” el control y la expresividad de los textos provienen de un trabajo creativo que se sostiene a sí mismo artísticamente y el poder intuitivo del autor hace que el mundo rural/urbano de Tegucigalpa vuele hacia la imaginación tan puro como un color primario.

Los mecanismos formales del poema crean imágenes agudamente delineadas y anotadas de sus pobladores, así en “Calle peatonal” se lee: “Se les ve discurrir constantemente, sin pausa, (...) como si cada uno fuera un acorazado en su aislamiento mineral;/ o caminara por las profundidades del abismo,/ por las estribaciones del mundo silencioso...” (p. 75).

Y es que, como suele decirse, la memoria es lo único que preserva el tiempo y el arte es lo único que preserva la memoria. Bajo la superficie de las canteras propias de Tegucigalpa se fabrican y emanan los vapores del encierro y de la claustrofobia, solo atemperados por el flujo sensual presente en el memorable poema “Varonas de la ciudad”.

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Hernán Antonio Bermúdez
Hernán Antonio Bermúdez
Escritor y crítico literario

Perteneció a los grupos de vanguardia cultural Vidanueva y Tauanka. Fue uno de los fundadores de la Editorial Guaymuras. Ha publicado los libros “Retahíla”, “Cinco poetas hondureños”, “Afinidades” y “Resquicios”.

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