Los días escurridizos

La poesía de Martín Cálix en “El año del armadillo” transita entre la memoria de la infancia, las cicatrices de la adversidad y la búsqueda de sentido en el paso inexorable del tiempo

  • Actualizado: 19 de junio de 2026 a las 08:49
Los días escurridizos

Tegucigalpa, Honduras.- “...los días escurridizos/que se ocultan/ en un calendario tardío” (p. 76)

En 2016 la editorial española Difácil publicó el libro “El año del armadillo”, con el que Martín Cálix, oriundo de El Progreso, Yoro, ganó en Valladolid el XIV Premio Internacional de Poesía Martín García Ramos.

Hay una dulzura amarga en este poemario que se vuelve sabia en virtud de la experiencia de haber vivido (y padecido) la adversidad.

En efecto, el poeta rememora la infancia “con mi lengua de árbol dormido” (p. 67), y constata la fragilidad del gozo y de la dicha. Ello le obliga a afinar su capacidad para enfrentar los reveses de la fortuna y “hacer de la tempestad una casa donde habitamos las lunas de una vida” (p. 36).

En el precario espacio de la existencia humana se verifica, una y otra vez, que la belleza es efímera y transitoria y, perdidos en las honduras del tiempo, toca batallar contra los infortunios sin tregua alguna: “Todos y cada uno de los sobrevivientes/ son ahora/ los transeúntes/ que habitan en las cuerdas de los tendederos de ropa/ que escaparon a la destrucción” (p. 80).

Al retrotraerse al pasado Martín Cálix busca “acariciar la memoria con el olfato de un brujo” (p. 54). La limpidez de sus mejores líneas le añaden un cariz fresco al lenguaje. Así, la expresión lírica utiliza a plenitud los recursos verbales, y crea nuevos ritmos individuales, pues “nos ha tragado el mar con su furia de animal metálico” (p. 66).

La habilidad literaria de “El año del armadillo” deriva de “apretar” el lenguaje, y debe su plenitud imaginativa al poder de usar las palabras como si se hubieran acabado de acuñar. Se trata de una convergencia entre intelecto crítico e imaginación creativa, y en ese empeño no importa derramar la leche estéril de la impiedad: “nos heredaron la muerte y de ella hemos hecho una casa para habitarla en medio de un sueño” (p. 60).

Aquí el intelecto y el imaginario se mantienen juntos por el flujo suelto de asociación y surge a menudo un coloquialismo no tanto de vocabulario como de tono.

La “luz solar” del sentido común juega sobre las frases sin que la brisa flamante de la ironía deje de barrer a través de ellas: “porque ya nadie/ rezará huracanes/como soñar la vida/ en el agujero/ que llevas por nombre” (p. 77).

Martín Cálix publica en 2021 “La danza de los papagayos”, poemario (premiado en Honduras) que mantiene la calidad y concatenación de aptitudes propias de “El año del armadillo”.

Aunque es en este libro donde define su andadura poética, ya que aquí “coleccioné amuletos azules, pedazos muy pequeños del mar que se encontraba tirado en nuestro patio trasero, ahí donde las historias de infancia se perdieron y nunca nadie más las volvió a ver” (p. 38).

Se trata de una poesía, en definitiva, que permite que fluyan en sus intersticios los matices y elementos requeridos por la precisión verbal. Y no en vano para Mathew Arnold la poesía es la más alta expresión de la razón imaginativa.

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Hernán Antonio Bermúdez
Hernán Antonio Bermúdez
Escritor y crítico literario

Perteneció a los grupos de vanguardia cultural Vidanueva y Tauanka. Fue uno de los fundadores de la Editorial Guaymuras. Ha publicado los libros “Retahíla”, “Cinco poetas hondureños”, “Afinidades” y “Resquicios”.

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