Tegucigalpa, Honduras.- "Estas son mis palabras. No pueden ser de otra forma. Y no pueden ser de nadie más", dijo Iveth Vega al referirse a su "Álbum de fotografías", poemario con el que pretende compartir un retrato de su familia y mantenerse cercana a la ficción que la inspira.
Frances Simán —editora, traductora y gestora cultural— acompañó a la poeta en la presentación de la obra que llegó por primera vez a sus manos hace dos años y que la hizo recordar, frente al público del Centro Cultural de España en Tegucigalpa (CCET), que "no se sale ileso después de leer un buen poema".
"Primero quiero aclararles que el libro no tiene ninguna fotografía", bromeó Iveth acerca del título elegido. Aunque reconoce que en algún momento consideró incluir algunas imágenes en homenaje a su padre, fotógrafo profesional. "Al final desistí porque me ha limitado el talento de mi padre, además de que lo mío son las palabras".
La autora señala que "Álbum de fotografías" no sigue precisamente la línea de los poemarios que publicó con anterioridad —"Elementos sucesivos" (2021), "Amatista" (2021) y "El lenguaje de las burbujas" (2022)—, aunque coincide con todos ellos en su naturaleza de origen: el deseo de expresarse.
"Los que me conocen saben que yo comencé leyendo a los poetas surrealistas. Y esta idea viene del surrealismo. Sigo en el mismo sitio en donde empecé porque para mí sigue vigente la idea de que la poesía es una sucesión de imágenes", subrayó Vega.
"Mi cabeza es surrealista. Mis poemas, tal como los leen, es como los he pensado. Están basados en algunas experiencias personales que guardo, en la atmósfera que he creado, y tratan de acercarse muchísimo a lo que he visto y a futuros que he imaginado", confesó la poeta, quien dedica esta obra a su padre y a su hijo.
"Cuando escribí este libro mi hijo tenía siete años, ahora tiene nueve y en el libro tiene diez", bromeó una vez más Vega, haciendo un guiño directo a la ficción que acompaña su texto.
Porque aunque asiente que "nuestra realidad está atravesada por la subjetividad", es una amante no encubierta de la reconstrucción de los hechos a través de la imaginación.
"Los intelectuales y los poetas somos unos charlatanes que promovemos un discurso que queremos que otros crean, pero que rara vez la gente en verdad conoce", sostuvo con simpatía.
A su vez, mencionó que en el último tiempo —radicada en Alemania, donde su escritorio se ha convertido en un espacio seguro— se ha dado a la tarea de leer más narrativa, un género que la acerca a sus próximos proyectos.
Aunque su divorcio de la poesía es un suceso tan improbable como una vida dedicada a algo que no sean las letras. "Por la literatura podría morir de hambre. No hay nada que me llene como escribir", compartió conmovida.
"Yo soy poeta y para mí no hay nada que se compare con la poesía. Los poemas tienen una infinidad de interpretaciones y elijo esa amplitud de pensamiento", sostuvo Iveth, aclarando que nunca pretendió hacer una catarsis de ningún tipo durante el proceso creativo. "Lo escribí para divertirme".