¿El trabajo que tanto le alegró conseguir, que esperaba fuera una gran oportunidad para avanzar en su carrera le tiene sumido en el desaliento? La cultura opresiva y burocrática de la compañía hace que sus colegas, que han estado allí desde siempre, lo traten como un outsider o extranjero; le niegan las tareas más desafiantes y, en cambio, le dan las labores más tediosas que nadie quiere. Cuando hay que tomar una decisión, el jefe parece pedir la opinión de todos menos la suya. ¿Le ha sucedido?
Ese tipo de empleo lo convierte en alguien que siempre está mirando el reloj, contando los minutos para que termine la jornada, temiendo que llegue otra vez el lunes tras el fin de semana. Y con todo, es un “buen” trabajo, con un sueldo estable, y miles de personas desearían estar en su lugar. ¿Qué hacer? ¿Comenzar a buscar otro empleo o quedarse y soportar?
Está claro que la situación de la economía y la caída en las contrataciones provoca que muchas personas se queden en trabajos que no les gustan.
La causa más común, según el informe del estudio de
Bullhorn, empresa que desarrolla software para el rastreo de postulantes; es una mala afinidad cultural. Es decir, un empleado siente que él o ella no pertenece, y en consecuencia no puede progresar allí.