Tegucigalpa, Honduras.- Cuando se habla de propósitos de Año Nuevo, la conversación suele girar en torno a los adultos: bajar de peso, ahorrar dinero o mejorar en el trabajo. Sin embargo, los niños también son capaces de proponerse metas, entender compromisos sencillos y, sobre todo, comenzar a construir hábitos saludables.
Enseñarles a fijarse objetivos desde temprana edad les ayuda a desarrollar habilidades clave como la constancia, la organización y la tolerancia a la frustración.
Cuando un niño entiende que puede proponerse algo y trabajar para lograrlo, refuerza la confianza en sí mismo y aprende que el esfuerzo tiene resultados.
Claro, es fundamental que las metas estén alineadas con su edad, sus habilidades y su entorno. Para los más pequeños, los objetivos deben ser simples y concretos, como recoger sus juguetes o lavarse los dientes sin recordatorios.
En niños mayores, las metas pueden relacionarse con la escuela, el deporte o la convivencia, como mejorar la lectura, organizar mejor sus tareas o practicar una actividad física de forma constante.
El acompañamiento adulto es clave, pero sin caer en la imposición. Lo ideal es conversar con los niños y preguntarles qué les gustaría mejorar o aprender. Escuchar sus intereses y validar sus ideas hace que el propósito sea realmente suyo. Los adultos pueden orientar.
Finalmente, un propósito no se cumple de un día para otro. Enseñarle a sus hijos que los pequeños esfuerzos diarios son los que generan cambios reales es parte del aprendizaje.
Establecer rutinas claras, usar recordatorios visuales y celebrar avances ayuda a que el hábito se consolide sin presión.
Ejemplos que sirven para adoptar ideas
Aquí una lista de propósitos, pensada para que padres y cuidadores puedan adaptarlos según la edad, personalidad y contexto de cada niño.
Hábitos de rutina. Entre los propósitos que ayudan a construir rutinas y autonomía están: acostarse y levantarse a una hora similar, lavarse los dientes y las manos sin recordatorios, y ordenar su mochila por la noche.
Aprendizaje y escuela. Ideales para reforzar la responsabilidad académica sin presión son: leer entre 10 y 20 minutos al día un libro de su interés y practicar escritura, dibujo o matemáticas algunos minutos diarios.
Gestión emocional. Hábitos pensados en su bienestar mental serían: respirar profundo cuando están enojados o frustrados, y pedir ayuda si la necesiten.
Convivencia y valores. Estos son propósitos que fortalecen el respeto y la empatía: saludar y despedirse con amabilidad, compartir juguetes y turnos de juego y escuchar cuando otro habla.
Uso de pantallas. Muy útiles en la actualidad: limitar el tiempo de videojuegos o celular, apagar pantallas antes de dormir y alternar pantallas con actividades creativas.
Manejo del dinero. Los propósitos de ahorro adaptados a su edad incluyen: guardar una parte de su mesada, ahorrar monedas en una alcancía para un objetivo específico y esperar unos días antes de comprar algo que desean.