Tegucigalpa, Honduras.- El paso del tiempo no solo se mide en canas humanas. En los perros, la vejez llega de forma silenciosa, pero evidente, y suele manifestarse tanto en su apariencia como en su comportamiento.
Reconocer estas señales no significa asumir que el final está cerca, sino aprender a acompañarlos mejor en una etapa que requiere más atención, paciencia y cuidados específicos.
Uno de los cambios más visibles es el aspecto físico. El hocico comienza a tornarse gris, el pelaje pierde brillo y la piel puede volverse más seca. También es común notar una disminución de masa muscular y una postura menos firme, especialmente en las patas traseras.
Estos signos externos suelen ir acompañados de un caminar más lento o torpe, consecuencia del desgaste natural de las articulaciones.
A nivel de comportamiento, muchos perros mayores duermen más horas, muestran menor interés por el juego o se cansan con facilidad durante los paseos. Actividades que antes disfrutaban intensamente pueden resultarles agotadoras.
En algunos casos, aparecen cambios de humor: se vuelven más irritables, más demandantes de atención o, por el contrario, más reservados.
La vejez canina también se siente por dentro. Problemas articulares como la artrosis, disminución de la audición o la visión, alteraciones digestivas y enfermedades dentales son frecuentes en esta etapa.
Además, algunos perros experimentan deterioro cognitivo, lo que puede traducirse en desorientación, olvidos de rutinas aprendidas o cambios en el patrón de sueño.
Sea el soporte que su perro necesita
Acompañamiento. Ante este panorama, el rol del tutor se vuelve fundamental. Cuando el tiempo se nota en el cuerpo y en los pasos de nuestra mascota, nuestra presencia constante se vuelve su mayor soporte.
Bienestar y comodidad. Ajustar la alimentación a una dieta adecuada para perros mayores, ofrecer camas cómodas y evitar saltos bruscos puede marcar una gran diferencia en su calidad de vida.
Actividad física. El ejercicio no debe desaparecer, pero sí adaptarse a su ritmo y capacidades, priorizando paseos cortos y frecuentes.
Soporte emocional. Acompañar la vejez de un perro implica también un ejercicio emocional. Significa aceptar que ya no corre como antes, pero sigue necesitando afecto, compañía y seguridad.
Entrega. La vejez canina no es una enfermedad, sino una etapa natural que, con cuidados y amor, puede vivirse con dignidad y bienestar. Refuerce su paciencia y empatía.
Consideración. Muchos veterinarios recomiendan tratar a los perros como “mayores” desde el momento en que alcanzan edades orientativas, incluso si aún se ven activos.
Controles médicos. Anticiparse con chequeos preventivos en la clínica veterinaria permite acompañar el proceso de envejecimiento de manera más saludable y prolongar su bienestar.
¿A partir de qué edad?
No existe una edad exacta y universal para determinar cuándo un perro entra en la vejez, ya que el proceso depende en gran medida de su tamaño, raza y estilo de vida.
Sin embargo, especialistas coinciden en que las primeras señales de envejecimiento suelen comenzar a notarse entre los 6 y 9 años.
Los perros de razas grandes suelen envejecer más rápido. En ellos, la vejez puede empezar a manifestarse alrededor de los 6 o 7 años, con cambios en la movilidad, menor resistencia física y desgaste articular.
Los medianos suelen mostrar señales a partir de los 8 años, mientras que los más pequeños tienden a envejecer más lentamente y pueden considerarse mayores hasta los 9 o incluso 10 años.
Pero más allá del número de años, hay un consenso en que un perro entra en la etapa de vejez cuando comienza a modificar sus hábitos: duerme más, reduce su nivel de actividad, etc.