Aquel trotamundos que conquistó Honduras, Costa Rica, México, Argentina y Estados Unidos pisa por primera vez el terreno de los pupilos de Itzamná, el dios de maya de la sabiduría.
El eterno y legendario Arnold Cruz -la gran muralla defensiva de la H-, marcado por un semblante serio, relajado y amable trato, no llegó solo.
Los Jaguares de la Universidad Pedagógica Nacional Francisco Morazán (UPNFM), dirigidos por Cruz, retaban al combinado naranja de la Itzamná en sus propias barbas; ahí donde solo mandan ellos y aniquilan a sus rivales.
Gerson Durón, Ricardo Espinal, René Moncada, Nelson Durón, Manfredo Maradiaga y Gerson Torres eran los felinos dispuestos a derribar mitos.
Aunque no contaron con que la escuadra de la Iztamná también sacaría la casta y demostraría porqué participa en la campaña de EL HERALDO Escuelas Amigables con el Ambiente.
Se vino la potra
Olvidemos el fino y verde engramillado, las potentes y resplandecientes luces, los asientos VIP, las porterías con su resistente red, las líneas blancas y los banderines.
Aquí se jugaría al estilo del barrio, del fútbol nostálgico de escuela, donde un par de sillas y las tenues rayas de una tiza blanca bastan para armar un coloso deportivo.
El mismo campo improvisado donde se gesta la cruzada por el ambiente y la magia del balompié rueda aún sin pito... tal y como sucedió en la Itzamná.
Pero lo de Arnold, aún siendo DT de Jaguares, no es quedarse a ver estos encuentros explosivos, que combinan deporte con reciclaje, por lo menos no esa mañana.
Y como un jugador más, sudó desde el inicio la playera de la UPN, como lo hiciera en sus tres eliminatorias mundialistas con Honduras y los trece equipos deportivos donde jugó.
“La naranja mecánica” de la Itzamná arrancó con más hambre de gol, motivada con vencer a un rival de categoría. Nada menos que a los actuales campeones de los Juegos Deportivos Universitarios Centroamericanos (Juduca).
Será que pestañearon los felinos, pero no se dieron cuenta cuando los pequeños jugadores ya iban 2-0 arriba del marcador.
El combinado de Arnold Cruz empató rápidamente, pero con un juego horizontal y de toque, el rival volvió a ponerse al frente con un 4-2.
Los de la UPN apretaron marca, hicieron circular más el balón y se sacudieron las pulgas de la desconcentración para lograr emparejar el duelo.
Llegó el 4-4 y se iban al descanso, después de diez minutos de sudor, sacrificio, entrega y espectáculo futbolístico. Aunque ambos equipos reservaban las mejores jugadas para la siguiente parte.
Segundo tiempo de infarto
La dinámica del segundo tiempo no cambió y la representación de la Itzamná mantenía la ventaja al ponerse 5-4.
Los Jaguares volvían a callar bocas al marcar el quinto e igualar el marcador.
Pero la naranja mecánica se vino como un feroz torbellino y marcaba el sexto, el séptimo y el octavo. Jaguares quedaba como un felino herido.
El público coreaba y le lanzaba el famoso “olé, olé” a los rivales, mientras la directora Julia Suazo festejaba cada anotación explotando de emoción.
La pesadilla se vino cuando la Pedagógica remontó asombrosamente con la pegada certera de Arnold y los números quedaban a su favor (8-9). Itzamná igualaba, pero la UPN volvía a alejarse (9-10).
Arnold pedía un minuto más de juego. Nada más.
No obstante, la Itzamná andaba esa mañana de matagigantes y no creía en campeones y en 60 segundos (sí, los 60 segundos que pidió Arnold), cambió el final del destino en las dos únicas jugadas. La pequeña naranja mecánica anotó, festejó y gozó de su victoria 11-10 contra la UPN.
Al final, el papel no bastó para firmar la innumerable cantidad de autógrafos que solicitaron los niños a las estrellas de la Pedagógica.
Y también hubo espacio para la reflexión de Arnold: “Es una gran iniciativa que tiene EL HERALDO, al mezclar el fútbol con el reciclaje, porque a través del deporte es más fácil sensibilizar”.
La Pedagógica redondeó la gran fiesta deportiva con una jornada educativa de salud bucal.
Además, la junta directiva de Jaguares donó una colección de libros a la biblioteca escolar.
Solo EL HERALDO junto con la UPN pueden hacer que una pequeña escuela se transforme en epicentro de la diversión y la educación con su campaña en favor del ambiente.