Tegucigalpa, Honduras.- La adicción a las drogas se conjugó con el actuar despiadado y criminal de la Pandilla 18, para que la sociedad hondureña, y en especial la capitalina, fuese testigo de uno de los hechos más atroces ocurridos en el pasado reciente en el país.
Usando una vieja pero efectiva táctica de engaño, dos amigos fueron seducidos por una invitación para ser parte de una tarde con carne asada, tragos y drogas; quienes les invitaban eran sus acostumbrados “dealers”, los que les proveían en sus días de parranda.
Bowye y su amigo Alejandro acordaron que aceptarían la invitación de sus "aleros"; las personas que les invitaban a la fiesta les manifestaron que irían por ellos a la colonia Los Robles, donde estos vivían.
La tarde-noche del domingo 10 de mayo, ambos fueron recogidos en la casa de uno de ellos en Los Robles, al suroeste de la capital. Un microbús color blanco llegó por los dos hombres, quienes lo abordaron de inmediato; en el vehículo venía “Tatiana”, un travesti, amigo de Bowye y de Alejandro; ¡él era el señuelo!
Los dos sabían perfectamente que “Tatiana” era miembro de la Pandilla 18, dedicado a la venta de drogas. A él le acompañaba otro hombre, también integrante de la pandilla, y el motorista del microbús. Ambos amigos tenían una deuda con la Pandilla 18.
"Tatiana" fue el señuelo
Los que participaron en el traslado de Bowye y Alejandro "reciben instrucciones de la misma estructura criminal, que tienen que ir a recuperar ese dinero. Inmediatamente, el jefe de la estructura criminal pone a disposición un vehículo, un busito, y el conductor del vehículo, que en la funcionalidad para la estructura criminal le llaman el ranflero", explicó el jefe de la División de Delitos Contra la Vida de la Dirección Policial de Investigaciones (DPI), que pidió mantener su nombre en anonimato.
El 'placero', es decir, "Tatiana", ya tenía un grado de amistad con Bowye y Alejandro, y les comentó que tenían el evento, que van a hacer una carneada y que necesitan que los acompañen.
El carro salió rápidamente de Los Robles con destino a la colonia Monterrey, en la zona de Los Llanos. Ahí se haría la carneada a la que invitaron a Bowye y a Alejandro, en la casa en la que vivía “Tatiana”; pero el verdadero motivo estaba por revelarse.
El investigador relató que "cuando ya están en la Monterrey, los sientan en la 'casa loca' a ellos dos, y les dicen por qué están ahí. Les mencionan que tienen que pagar la droga adeudada o que, si no, van a haber consecuencias".
Agregó que "en el transcurso del tiempo, el jefe de la pandilla les dice a las dos víctimas que les va a dar tiempo, que busquen la forma de conseguir el dinero. Vuelven otra vez al bus con el ranflero, con el jefe de la pandilla; nada más que el jefe de la pandilla no tiene mucha paciencia de poder esperar".
Acompañados por los pandilleros, entre ellos uno de los líderes de la 18, Bowye y Alejandro salieron a buscar un cajero automático, con la esperanza de poder sacar algo de dinero. Fueron a tres cajeros automáticos, pero sus tarjetas al parecer no tenían fondos disponibles.
Después de hacer el infructuoso intento de retirar algo de dinero de las tarjetas de débito y crédito, y no obtener ni un solo lempira, Bowye y Alejandro sabían lo que les esperaba; debían dinero por el consumo de drogas y estaban en las garras de la Pandilla 18.
Luego de realizar varios intentos en cajeros automáticos, el cabecilla de la Pandilla 18 de esa zona de la capital decidió regresar al apartamento de “Tatiana”, donde había un cubículo que era utilizado para ejecutar a las víctimas de esa organización criminal, conocidas como “casas locas”.
"El jefe de la pandilla ve que no hay seriedad para que se les pague el dinero, y toma la decisión de ejecutar al 'placero' de la droga después de que hubo un cruce de palabras. Al primero que ejecutaron en este caso fue a Axel, y posterior a eso le quitan la vida a las otras dos víctimas en la misma vivienda", detalló la fuente de la DPI.
El asesinato de "Tatiana" pasó, y como si nada hubiese ocurrido para los pandilleros; solo una anécdota más en su vida criminal.
La ínfima cantidad
Posterior al asesinato del vendedor de droga “Tatiana”, a manos del líder de la pandilla, los demás miembros de la estructura que estaban dentro de la “casa loca” comenzaron a torturar a Bowye y a Alejandro, a razón de que no pudieron pagar la droga que les adeudaban.
Se presume que los actos de tortura se dieron durante todo el lunes 11 de mayo; con el objetivo de hacerles ver la grave falta que habían cometido en contra de la Pandilla 18. Los dos hombres fueron flagelados con cuchillos y navajas. Luego les cortaron sus extremidades superiores e inferiores.
La noche del lunes Bowye y Alejandro fueron asesinados por los miembros de la Pandilla 18, que horas atrás los habían raptado en la colonia Los Robles, a raíz del no pago de 1,600 lempiras de una droga que “Tatiana” les había fiado, según consta en las investigaciones de la DPI.
"Posterior a ello, desarmaron un freezer que tenían ahí, ya que ellos se dedicaban a la refrigeración y a la incineración de cadáveres de perros, de mascotas. Tenían congeladores para poderlos refrigerar y después incinerarlos; ese era el trabajo del ranflero, un trabajo normal, social, que él tenía dentro de la sociedad", aportó el detective.
Después de que varios miembros de la Pandilla 18 le quitaron la vida a estas tres personas, a dos de ellas las desmembraron para poderlas introducir en un freezer y en la carcasa de una lavadora vieja.
Posteriormente, compraron la gasolina en una estación gasolinera, para luego llevar los cuerpos hasta una zona solitaria y boscosa hacia el cerro El Cimarrón, donde les prendieron fuego, a bordo del mismo microbús en el que habían ido por Bowye y Alejandro a la colonia Los Robles, la tarde-noche del domingo 10 de mayo.
Macabro hallazgo
Unos minutos después de las 7:00 de la mañana del martes 12 de mayo, el Cuerpo de Bomberos de Honduras recibió el reporte sobre un incendio forestal en un bosque de pino que se estaba desarrollando, cerca del caserío El Cimarrón, al suroeste de la capital.
Varios elementos bomberiles atendieron el llamado, y se desplazaron a la zona indicada, cercana a la residencial Las Uvas y Mirador de Los Ángeles.
Al llegar al sitio indicado, en efecto, había fuego en varios arboles de pino, pero este emanaba de una refrigeradora que estaba al pie de un pino, y a unos 20 metros, otras llamas que salían de algo que parecía un cuerpo.
Al sofocar las llamas de ambos puntos, descubrieron que lo que estaba dentro de la refrigeradora eran cuerpos humanos, achicharrados casi por completo, y un tercero en el precipicio, a unos 20 metros de los otros dos.
Con la información surgida días atrás sobre la desaparición de tres personas en la capital, en especial la de Alejandro José Marcía Reyes, cuya familia alzó la voz y puso en alerta a la Policía Nacional, las sospechas de que se tratase de estas eran muy fuertes.
El Cuerpo de Bomberos entregó la escena a la Policía Nacional y al Ministerio Público, quienes confirmaron rápidamente que se trataba de tres cuerpos humanos.
La escena de muerte fue procesada mediante los protocolos científicos en el tratamiento de homicidios, y los restos humanos fueron llevados a la morgue del Ministerio Público, para iniciar el proceso de identificación de los cuerpos.
No había que ser un experto forense para entender que su identificación sería algo complejo, por el estado de calcinación en el que quedaron los cadáveres; sin embargo, la mano derecha de uno de ellos tenía las huellas dactilares aún con la piel necesaria como para identificar su identidad.
Mediante el método de dactiloscopía, personal de Medicina Forense logró constatar al tercer día que se trataba de Axel Oved Cerrato Pineda, un joven de 29 años de edad, conocido con el seudónimo de “Tatiana” dentro de la comunidad LGTBI.
A criterio de la fuente de la División de Delitos Contra la Vida de la Dirección Policial de Investigaciones (DPI), "en base a nuestro perfil criminal, una de las víctimas, conocida como Axel, era uno de los 'placeros' de distribución de droga en la colonia Monterrey".
Añadió: "Según las entrevistas que hemos hecho, él tenía la responsabilidad de hacer la distribución de la droga para la estructura criminal que en ese territorio opera, que es la pandilla 18. Era muy importante, era un buen elemento porque era el que le generaba bastantes ingresos, producto del consumo de la droga".
De acuerdo a la experiencia en sus investigaciones, el análisis los ha llevado a concluir que "hay un principio, que como cultura criminal utilizan las estructuras criminales, que si hay una deuda, hay que pagarla".
El error que pudo haber cometido la víctima Axel fue que fió una droga, y cuando el encargado de la plaza, que tiene la palabra dentro del barrio, empieza a hacer cuentas en relación al producto, el 'placero' tuvo que decir la verdad, que había fiado la droga y a quién había fiado la droga".
No ocurrió lo mismo con los otros dos cuerpos. Debido a la carbonización que sufrieron, fue necesario practicarles pruebas de ADN para lograr constatar sus identidades.
Diez días después, tras realizar los análisis forenses pertinentes, los resultados arrojaron que, en efecto, se trataba de Alejandro José Marcía Reyes, de 47 años de edad, y de Bowye Burke Mindence, de 40 años; las otras dos víctimas del cruel y múltiple asesinato de El Cimarrón.
Estos dos últimos cuerpos fueron retirados de la morgue la mañana del 22 de mayo por las familias de los dos fallecidos, en medio de mucho hermetismo ante la presencia de los medios de comunicación.
Mucho que investigar
Con tantos cabos por atar, pero con muy pocos insumos de lo sucedido, un equipo de investigadores de la Dirección Policial de Investigaciones (DPI) comenzó a trabajar para investigar motivos, móvil y dar con el paradero de los asesinos.
"Hay una particularidad que nosotros manejamos como especialistas en investigación del crimen: es que no hay crimen perfecto, siempre hay fallas. Ellos creían que al prenderles fuego, iban a quemar mucha evidencia, y que de repente no iban a ser reconocidos; quiénes eran ellos, querían perder las identidades de ellos", señaló el oficial.
Tras varios días de investigación, el 15 de mayo, la DPI anunció la captura del primero de los supuestos implicados en el hecho violento.
Se trata de Víctor Javier Castro Rivas, detenido luego de labores de seguimiento policial, en la residencial Lomas del Nauvoo, cercano al sitio donde se produjo el triple crimen.
El hombre de 37 años de edad habría sido el que condujo el microbús que fue utilizado para raptar a Bowye y a Alejandro, y que posteriormente fue usado para ir a botar los tres cadáveres.
El 22 de junio, 31 días después del suceso, la DPI registró la aprehensión de un segundo presunto involucrado. La detención se llevó a cabo en el casco urbano de San Esteban, en el departamento de Olancho, y este responde al nombre de Ricardo Josué Suazo Ochoa, de 31 años, residente en la colonia 21 de Octubre, y quien se había refugiado en el vasto departamento de Olancho luego del crimen.
Y el caso más reciente fue la detención de los hermanos Junior Joel Puerto Ramos y Denis José Puerto Ramos, captura realizada en la colonia Centroamérica Este, en la capital, donde estos residen.
Son originarios del municipio de Sonaguera, en el departamento de Colón, y, según las investigaciones de la DPI, fueron parte del grupo que asesinó a Bowye Burke y a Alejandro Marcía.
Las indagaciones policiales detallan que Junior Joel, alias “Chemo”, mantuvo una relación sentimental con Axel Cerrato “Tatiana”, así como una relación cercana por pertenecer a la Pandilla 18.
Los cuatro detenidos están guardando prisión. A dos de ellos ya les dictaron auto de formal procesamiento, mientras que a los hermanos Puerto Ramos, el juez que conoce la causa les dictó detención judicial, al término de la audiencia de declaración de imputado.
Además, existe la posibilidad de que se giren más órdenes de captura a potenciales involucrados por sus grados de participación, aunque no sean autores materiales, pero que pudieron ser cómplices de las muertes de Alejandro Marcía, Bowye Burke y Axel Cerrato.