Entretenimiento

Una pregunta y una verdad

Un hombre olvida por un instante su identidad y se plantea un torbellino de preguntas, en el cuento “¿Quién soy?”, de Sergio Alonzo Vargas.

26.04.2013

Inspirado en la situación de inseguridad y delincuencia que viven a diario los hondureños, Sergio Alonzo Vargas escribió su cuento “¿Quién soy?”

El joven ganador del segundo lugar del Concurso de Cuentos Cortos Inéditos Rafael Heliodoro Valle, que organiza EL HERALDO, expresó que quiso enfocar la historia en el otro lado de la moneda, “quise saber qué sentía un delincuente al momento de hacer su atraco, su maldad, y simplemente me imaginé una situación”.

El autor narra en primera persona la situación en la que se ve envuelto su personaje principal, quien a pesar de no saber dónde está ni quién es, mantiene la maldad que lo domina y que lo hizo estar en ese momento tan confuso.

Es así que la frialdad de un delincuente queda reflejada en la historia del autor.

Sergio dijo haber recibido con alegría la noticia de que había resultado ganador en el concurso, “no pensé que iba a quedar ni siquiera entre los finalistas, eso quiere decir que al menos mi trabajo es bien valorado por las personas”.

¿Quién soy?

Historia ganadora del segundo lugar en la quinta edición del concurso de cuentos cortos inéditos de EL HERALDO

Me despierto con un intenso dolor de cabeza. Abro los ojos y lo primero que observo son mis manos sucias, llenas de tierra. El silencio me espanta, no oigo nada.

Noto sangre en mi pantalón, en la pierna derecha, no me muevo por temor a tener una herida grave. Me hago mil preguntas, empezando por ¿Dónde estoy? ¿Qué hago en este lugar? ¿Cómo llegué aquí? No sé cómo responder a ninguna de ellas.

Me empiezo a inquietar cuando me doy cuenta de que no sé la respuesta a esta sencilla pregunta: ¿quién soy? En verdad, no tengo idea de quién soy.

Me toco la parte posterior del cráneo temiendo haber recibido un tremendo golpe haciéndome olvidar. Tal vez eso fue lo que pasó, pero ¿desde hace cuánto estoy así?

Veo a mi lado una mochila, la tomo y empiezo a escudriñar lo que hay adentro. Un cuaderno, una computadora portátil, un celular, una billetera.

Reviso la billetera, saco una identidad y al parecer me llamo Óscar Flores, nací en 1980. Si no me equivoco de fecha, tengo 33 años. Me pongo a pensar y recuerdo haber visto o leído en alguna parte casos de personas que pierden la memoria. No entiendo cómo es que recuerdo algo así y no recuerdo quién soy.

¿Qué me pasó? Tengo que recordar. Tiene que haber alguien, algo que me ayude a recordar. Busco fotos en la billetera. Encuentro una de una niña de ojos negros y pelo liso oscuro, me sonríe desde la imagen, le devuelvo la sonrisa, pero no la reconozco. ¿Es mi hija o algún pariente? No podría olvidar a una criatura tan dulce.

Me esfuerzo para recordar a esa niña cuando de repente siento que me jalan de los hombros. Volteo hacia donde me están tirando. Veo a un joven, no tiene más de 25 años, de piel morena, tiene la cara llena de sudor y sus manos están manchadas de sangre. Lo veo mover sus labios pero no lo escucho.

Seguramente él sabe lo que me ocurrió. Le pregunto: ¿Qué pasó? Me ignora, mira hacia todos lados asustado. Vuelvo a preguntarle, esta vez me escuchó porque me observa extrañado.

Me dice algo, veo mover sus labios pero no entiendo ninguna palabra, me sujeta fuerte del pecho y me pone en pie. Siento un terrible dolor en la espalda, casi insoportable, si no estuviera apoyado en el joven caería de nuevo.

Él recoge la mochila del suelo y me la entrega, me deja por un momento solo mientras levanta una motocicleta. No me había percatado hasta ahora de dónde me encontraba. Al parecer hubo un accidente vehicular y yo estuve en medio.

El joven en la motocicleta se estaciona frente a mí y alterado me hace señas para que me suba.

El instinto me hace subir con él. Antes de arrancar miro hacia atrás. Veo un carro cruzado en medio de la calle, varias personas congregándose y señalándonos a mí y al sujeto que conduce la moto, y en el suelo observo un cuerpo tirado sobre un charco de sangre. Continúo observando atrás mientras nos alejamos.


Vuelvo a percibir algo familiar, los sonidos y los ruidos de mi alrededor, el motor de la moto y de los demás carros. Escucho al piloto decirme “… qué levantón nos pegó ese carro, casi nos joden…”.

¿Casi nos joden? Golpeó esta motocicleta, nos mandó a volar, es un milagro que estemos vivos. Sigue hablando “… te dije que trajeras casco, por poco te quebrás la cabeza, ¿y si alguien te reconoció? No volvamos por aquí en un tiempo…”. ¿Qué?

¿De qué está hablando? Un torbellino de recuerdos me sacude. No soy ningún Óscar Flores, no tengo 33 años y tampoco conozco a la niña de la foto, ese no soy yo.

Me toco la cintura sin pensarlo y siento la culata de una pistola. Veo mi camisa, está manchada de sangre, sé que no es mía.

Un pensamiento vil pasa por mi mente y me causa una sonrisa.

La moto avanza a mayor velocidad, rebasamos varios carros, conozco la ciudad, sé que la ruta que llevamos es segura si no queremos ser capturados.

Estallo en una carcajada mientras nos alejamos. Recordé qué fue lo que pasó. Recordé quién soy.

Autor

Sergio Alonzo Vargas

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