Ben Affleck y Matt Damon: cuatro décadas de un pacto de amistad, cine y éxito

Ben Affleck y Matt Damon se conocieron cuando eran niños en Cambridge y, cuatro décadas después, mantienen una de las alianzas más sólidas de Hollywood

  • Actualizado: 07 de octubre de 2026 a las 11:46
Ben Affleck y Matt Damon: cuatro décadas de un pacto de amistad, cine y éxito

Los Ángeles, Estados Unidos.- En los años ochenta, en la ciudad de Cambridge, dos jóvenes compartían la misma ilusión: abrirse camino en el cine, aun cuando sus familias veían con recelo una profesión tan inestable.

Cuarenta años más tarde, con varias estatuillas de la Academia en sus estanterías y cientos de millones de dólares acumulados en la taquilla internacional, Ben Affleck y Matt Damon han demostrado que su vínculo va mucho más allá de una amistad duradera: han construido una alianza creativa y empresarial sin equivalente en la industria actual.

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La muestra más reciente de esta sintonía es el inminente estreno de Animals, un thriller de corte político y criminal desarrollado para Netflix a través de Artists Equity, la productora independiente que ambos fundaron junto al inversor Gerry Cardinale.

En este nuevo proyecto, Affleck asume el doble reto de protagonizar la historia y ponerse tras las cámaras como director. Por su parte, Damon participa como productor junto a su esposa, Luciana Damon, sumando ese matiz cercano y de confianza personal que suele caracterizar los proyectos del tándem.

Una cuenta común frente a la incertidumbre

Para comprender la solidez de su vínculo actual hay que viajar a sus orígenes en Central Square, en Cambridge.

Damon acababa de cumplir diez años y Affleck apenas tenía ocho cuando sus madres, ambas dedicadas al ámbito educativo, los presentaron con la idea de que compartieran juegos de infancia.

Esa conexión creció al compás de su pasión por la actuación en las aulas de la escuela secundaria Cambridge Rindge and Latin School, donde empezaron a planear sus primeras escapadas para probar suerte en audiciones de Nueva York.

La economía de aquellos primeros tiempos era tan frágil que tomaron una decisión poco habitual para dos jóvenes sin ingresos fijos: abrir una cuenta bancaria compartida a finales de los años ochenta.

En declaraciones recogidas por CNBC, Damon explicó el sentido práctico de aquel fondo mutuo: “Era inusual, pero necesitábamos el dinero para las audiciones”.

Un depósito común que funcionaba, además, como salvavidas para la vida diaria: “Mientras uno de nosotros tuviera dinero, sabíamos que no nos iban a cortar la luz”.

En esa misma charla, Affleck destacó el compañerismo y el valor emocional que encerraba aquel acuerdo: “Íbamos a ayudarnos el uno al otro y estar ahí para el otro. Era como decir: ‘Tú no vas a estar solo. Yo no voy a estar solo. Salgamos ahí fuera y hagamos esto juntos’”.

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Cansados de encadenar audiciones desalentadoras para papeles menores, decidieron tomar las riendas de su propio destino. Tomando como punto de partida un borrador de cuarenta páginas que Damon había esbozado durante una clase de dramaturgia en la Universidad de Harvard, ambos escribieron juntos el libreto de Good Will Hunting (1997).

Tras una reñida puja en la que pusieron como condición indispensable ser ellos mismos los protagonistas, los estudios adquirieron los derechos por 600,000 dólares.

En declaraciones recogidas por Variety, Affleck rememoró con humor el fugaz destino de aquellos primeros ingresos: “Lo dividimos, 300,000 para cada uno... y en seis meses estábamos en la ruina”.

Pero, dirigida por Gus van Sant y con Robin Williams en el reparto, la película alcanzó los 225.9 millones de dólares en la taquilla internacional, una cifra extraordinaria frente a su ajustado presupuesto de apenas 10 millones.

El reconocimiento unánime se confirmó en marzo de 1998, durante la 70ª edición de los Premios Oscar. Sobre el escenario del Dorothy Chandler Pavilion, Affleck (de 25 años) y Damon (de 27) levantaron la estatuilla al Mejor guion original, un hito que convirtió a Ben en el autor más joven en ganar esa categoría.

Frente a la mirada de toda la industria reunida en el patio de butacas, un emocionado Affleck resumió el vértigo de aquella noche en su discurso de agradecimiento: “Acabo de decirle a Matt que perder sería una mierda, pero ganar da mucho miedo”.

Una apuesta por los nuevos talentos

Tras el torbellino de los Oscar, cada uno siguió su camino. Damon se consolidó como uno de los rostros protagonistas más cotizados de su generación gracias al tirón de la saga "Jason Bourne", a sus trabajos junto a Steven Soderbergh en Ocean's Eleven (2001) y a sus colaboraciones con cineastas como Steven Spielberg o Anthony Minghella.

Affleck, por su parte, compaginó grandes superproducciones de taquilla como Armageddon (1998) o Pearl Harbor (2001) con una intensa presión de la prensa del corazón.

Con el tiempo, transformó su trayectoria al ponerse detrás de las cámaras: debutó en la dirección con Gone Baby Gone (2007) y terminó de ganarse el respeto unánime de la industria al conquistar el Oscar a la Mejor película con Argo (2012).

Y, pese a tener agendas cada vez más apretadas, sus caminos nunca llegaron a separarse del todo. El director y guionista Kevin Smith supo sacar partido de su química natural en varias comedias de su universo de ficción, entre ellas Dogma (1999), además de títulos como Mallrats (1995), Chasing Amy (1997) o Jay and Silent Bob Strike Back (2001).

Ese mismo año, y con el recuerdo todavía fresco de las dificultades que vivieron en sus comienzos, decidieron aliarse con Chris Moore y Sean Bailey para crear el espacio televisivo Project Greenlight, emitido por la cadena HBO.

Aquel formato documental, que daba la oportunidad a cineastas y guionistas principiantes de dirigir su ópera prima con el respaldo de un estudio real, logró varias nominaciones a los premios Emmy y reflejó el temprano interés de la pareja por abrir camino a los nuevos talentos en una industria habitualmente hermética.

Madurez profesional y una nueva revolución

Pero hicieron falta veinticuatro años para que Affleck y Damon volvieran a compartir firma como guionistas en un largometraje de ficción.

El reencuentro en el papel se materializó en 2021 con el drama histórico The Last Duel, dirigido por Ridley Scott, cuyo libreto redactaron junto a la cineasta y escritora Nicole Holofcener.

Aquel paso reavivó su química de trabajo y desembocó en su iniciativa empresarial más ambiciosa hasta la fecha: Artists Equity.

Para ello, Affleck asumió la posición de director ejecutivo (CEO), mientras Damon se puso al frente de la dirección creativa estratégica.

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Presentada en noviembre de 2022 con un fondo inicial de al menos 100 millones de dólares, aportado por RedBird Capital Partners, la compañía nació con el propósito de cambiar las reglas de juego en la era del streaming.

¿Su propuesta clave? Repartir parte de los beneficios no solo entre las grandes estrellas, sino también entre miembros esenciales del equipo técnico, como directores de fotografía, diseñadores de vestuario y editores.

El primer gran escaparate del proyecto llegó con Air (2023), la cinta que recrea la histórica negociación que unió a Michael Jordan con la marca deportiva Nike.

Por primera vez, Affleck dirigió formalmente a Damon en un rol protagonista (el ejecutivo Sonny Vaccaro), reservándose a su vez el papel de Phil Knight, el carismático cofundador de la compañía.

La consagración de un legado compartido

La buena acogida crítica y taquilla de Air fue el impulso definitivo para un ritmo de trabajo en plena ebullición. Bajo el sello de Artists Equity, la pareja ha ampliado su catálogo con proyectos de perfiles muy diversos.

Es el caso de propuestas de corte autoral como Small Things Like These (2024) y el drama deportivo Unstoppable (2024), hasta "RIP" (2026), un thriller de acción dirigido por Joe Carnahan en el que ambos intérpretes vuelven a coincidir en pantalla junto a figuras como Teyana Taylor y Steven Yeun.

En medio de este momento de gran actividad, Animals representa la fórmula que Damon y Affleck han buscado perfeccionar: historias maduras apoyadas en las claves del cine clásico de género, una cuidada y rigurosa puesta en escena, y el control integral de las decisiones de producción gracias a la independencia de su propio estudio.

Y es que, en una industria como la de Hollywood, donde las enormes presiones comerciales y los egos suelen desgastar hasta las amistades más tempranas, la trayectoria compartida de estos dos titanes supone una auténtica excepción.

Porque, de aquellos pocos dólares que administraban con cuidado en la cuenta común de Cambridge a los contratos millonarios que hoy firman, su mayor triunfo no se mide únicamente en premios y audiencia: radica, sobre todo, en haber sostenido un pacto de lealtad incondicional a lo largo de cuatro décadas dentro y fuera de la gran pantalla.

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Redacción web
Agencia EFE

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