Tegucigalpa, Honduras.- Posponer constantemente tareas importantes, marcarnos objetivos inalcanzables que nos llevan a frustrarnos y abandonarlos, socavar nuestra confianza en nosotros mismos autocriticándonos excesiva y negativamente, rechazar oportunidades que nos podría hacer progresar, dejar las cosas hechas a medias o abandonar los proyectos antes de tiempo, son algunos ejemplos clásicos de autosabotaje psicológico.
Este es un comportamiento perjudicial, sobre todo para quien lo ejerce, y que consiste básicamente en aplicarse a uno mismo el concepto de sabotaje, definido como “oposición u obstrucción disimulada contra proyectos, órdenes, decisiones o ideas”.
El también denominado autoboicoteo inconsciente tiende a ocurrir en momentos cruciales y situaciones que implican mucha responsabilidad o la toma de decisiones importantes que entrañan un cambio en la vida, como cuando una persona tiene que dar un paso definitivo para comprar una casa, asistir a una cita clave, terminar un proyecto o iniciar una relación de pareja formal.
El doctor Philip Jean-Richard-dit-Bressel, neurocientífico del comportamiento y psicólogo experimental de la Universidad de Nueva Gales del Sur (UNSW), en Sidney, Australia, ofrece a petición de EFE, otros ejemplos muy comunes de autosabotaje, como pasar mucho tiempo consultando información negativa en el móvil, aferrarse a las relaciones tóxicas, beber demasiado alcohol, comer mal, o incurrir en conductas de juego patológicas.
Ponerse una zancadilla a uno mismo
El doctor Jean-Richard dit Bressel ha liderado un equipo de investigadores de la UNSW (www.unsw.edu.au), que han estudiado el comportamiento de autosabotaje, descubriendo por qué algunas personas persisten en mantener conductas dañinas, incluso cuando se les ha mostrado en qué puntos se están equivocando.
Se trata de un comportamiento que algunos describen como “ponernos una zancadilla a nosotros mismos” o “serrar la rama del árbol donde estamos sentados”.
Los investigadores de la UNSW se propusieron responder a la pregunta de “¿Por qué algunas personas siguen tomando decisiones que les perjudican, incluso cuando los resultados que obtendrán sean obviamente desfavorables para ellos?”.
Así descubrieron que “para un pequeño número de personas, el problema no radica en una falta de motivación o de capacidad, sino más bien a un fracaso sutil pero persistente a la hora de conectar sus propias acciones con las consecuencias de dichas acciones”.
Perfiles psicológicos: sensibles, inconscientes y compulsivos
El estudio, publicado en Nature Communications Psychology (www.nature.com/articles/s44271-025-00284-9), se basó en un sencillo videojuego de aprendizaje en línea en el que los participantes debían tomar decisiones que les permitían obtener una recompensa o un castigo.
Los investigadores observaron tres tipos de comportamiento distintos que determinaron si los participantes tendían a ser ganadores o perdedores: los sensibles, los inconscientes y los compulsivos.
Los más despistados o "sensibles" identificaron las decisiones que los llevaban a malos resultados y modificaron su comportamiento para evitarlas; los inadvertidos o "inconscientes" no descubrieron las razones de sus malos resultados, pero modificaron sus estrategias de juego una vez que se les mostró su error.
Por su parte, los "compulsivos" siguieron tomando decisiones equivocadas incluso después de que se les mostrara dónde fallaba la estrategia que aplicaban.
Los investigadores de la UNSW descubrieron que algunas personas, las del grupo compulsivo, “simplemente no aprenden de la experiencia. Incluso cuando están motivados para evitar el daño y prestan atención, no se dan cuenta de que su propio comportamiento es la causa del problema”, explica Jean-Richard-dit-Bressel.
En el videojuego en línea, se les pidió a todos los participantes que hicieran clic en uno de dos planetas, cada uno de los cuales conducía a una nave espacial que otorgaba puntos o bien robaba de todos los puntos acumulados hasta el momento. El castigo no estaba garantizado siempre, pero tras varias rondas de prueba y error, los participantes "sensibles" descubrieron que el castigo solo provenía de un planeta y entonces lo eliminaron de su estrategia para jugar.
En cambio, los "inconscientes" y los "compulsivos" no lograron establecer la conexión entre un planeta en concreto y los resultados negativos, por lo que continuaron siendo castigados de forma intermitente en el videojuego.
Insistir en el error a pesar de conocerlo
Tras dejar a todos los participantes que jugaran algunas rondas, los investigadores les revelaron cuál de los dos planetas les conducía a qué nave en concreto y cuál de dichas naves desencadenaba sus derrotas, diciéndoles, básicamente: “Esta acción conlleva esa consecuencia negativa, y esta otra conlleva un resultado seguro”, según Jean-Richard-dit-Bressel.
“La mayoría de las personas que habían tomado malas decisiones cambiaron su comportamiento de inmediato, tras conocer las razones de sus malos resultados en el videojuego, pero sorprendentemente, algunas no modificaron su modo de actuar.
El grupo de participantes estaba compuesto por 267 personas de 24 países, de diferentes orígenes y con un rango amplio de edad, desde estudiantes universitarios hasta personas mayores de 50 años.
Se efectuaron seguimientos semestrales, en los que se invitó a los participantes a jugar el mismo videojuego¸ tras lo cual se les pidió que explicaran su comportamiento o estrategia de juego y se les preguntó qué consideraban como óptimo.
Los investigadores descubrieron los mismos tres perfiles de comportamiento en los participantes de los 24 países, que según la UNSW eran personas “con diferentes edades, orígenes y experiencias vitales”.
Aproximadamente el 26% de los participantes fue clasificado como "sensible", el 47% entró en la categoría de "inconsciente" y el 27% fue considerado "compulsivo", según esta universidad.
El doctor Philip Jean-Richard-dit-Bressel destaca que “cuando los participantes del estudio fueron invitados a volver a jugar el mismo videojuego seis meses después de la primera vez, la mayoría mostró el mismo perfil de comportamiento”.
Decisiones equivocadas tomadas a conciencia
“Ese fue un hallazgo sorprendente. Sugiere que (el perfil "compulsivo") no se trata solo de errores aleatorios ni de malos días, sino de rasgos estables, casi como tipos de personalidad. Esto no significa que sean fijos, sino que podría hacer falta una intervención psicológica para romperlos”, señala.
Los investigadores de la UNSW también confirmaron que las decisiones tomadas por los "compulsivos" no podían simplemente justificarse como un hábito, como si actuaran en piloto automático y no pensaran realmente en lo que estaba sucediendo. Al pedirles a ese grupo de participantes que explicaran por qué tomaron sus decisiones, quedó claro que eran plenamente conscientes de ello, destacan.
“Preguntamos a los participantes cuál creían que era la mejor estrategia para jugar y a menudo describieron exactamente lo que estaban haciendo, incluso cuando era claramente una elección equivocada”, explica Jean-Richard-dit-Bressel.
Añade que “esto sugiere la existencia de un problema más profundo: una falla en la integración de nuevos conocimientos en el marco de una estrategia que minimiza los resultados adversos.
Incluso cuando entienden los riesgos, las personas con este perfil psicológico (que ignoran tanto la experiencia como la información), no siempre ajustan sus acciones en consecuencia, según apunta.
La vida real es mucho más compleja que el videojuego que ideó la UNSW, pero los patrones mentales que se descubrieron son similares a los observados en las adicciones al juego, las drogas y el alcohol, por lo que podrían ser útiles para mejorar los tratamientos de algunas conductas compulsivas y autodestructivas, concluye Jean-Richard-dit-Bressel.