Tegucigalpa, Honduras.- Las lágrimas esta vez fueron de alegría. Las familias que sufren por falta de alimento en el Corredor Seco salieron a las puertas de sus modestas viviendas de adobe y tejas para recibir con entusiasmo la comida donada por los lectores de Diario EL HERALDO.
Los ojos de las madres de familia brillaron de emoción y los hombres de la casa sintieron alivio ante sus preocupaciones, pues pueden respirar un poco frente a la impotencia que sienten luego de perder todos los cultivos por la sequía. Los niños, por su parte, se emocionaron al ver los jugos dentro de las provisiones.
El equipo de colaboradores de EL HERALDO se unió para preparar raciones con arroz, frijoles, maíz, azúcar, café, manteca, pastas, harinas, condimentos y fósforos. En algunas también se incluyeron leche en polvo, papel higiénico y otros productos.
Esta vez, el recorrido comenzó en Coray, Valle, y se extendió hasta Nacaome, en el mismo departamento. La ruta llevó después a los lejanos municipios de San Miguelito y La Libertad, así como a algunas viviendas de Alubarén, en Francisco Morazán.
Entre las primeras beneficiadas estuvo doña María Concepción Aguilera, en la comunidad de El Junquillo, entre Coray y Nacaome, Valle. Esta vez no hubo llanto, sino alegría, tanto de ella como de los tres nietos que están bajo su crianza.
La señora vio el carro y, de inmediato, recordó a los periodistas. Ella volvió a abrir el paso que mantiene con cadena y candado para recibir la bendición que le enviaron las personas solidarias que se sumaron a la campaña para ayudar a las familias afectadas por la sequía.
Doña María Concepción recibió dos abundantes raciones de comida, suficientes para llenar dos pailas. También se le entregó un fardo de agua, juguetes para los niños y ropa donada por algunos colaboradores.
“Gracias a Dios que nos ayudaron con la comidita, porque no es todas las veces que uno la recibe, no lo esperaba y le pido a Dios que todas las veces fuera así”, expresó con humildad la longeva mujer mientras sus nietos observaban con atención.
Confesó que todos los días ha orado para recibir alimento en su casa durante estos momentos difíciles, por lo que agradeció a quienes colaboraron en la campaña. “Les doy gracias a los que me apoyaron, que estén sanos en donde están trabajando”.
La señora expresó que el donativo puede alcanzarle para un mes y varias semanas, “porque, para que vaya rindiendo, vamos ir comiendo un poquito de cada cosa, porque todo esto está triste por la sequía”.
No tenían comida
“Hoy vamos a comer caracolitos con salsa, ellos nos trajeron”, comentaron con alegría dos hermanitas que habitan unas casas antes de llegar hasta donde vive doña María Concepción y hasta donde también llegó la campaña de solidaridad de EL HERALDO.
Las niñas estaban bajo el cuidado de su abuela, doña María Onésima Gutierrez, ya que su hija había salido a lavar ropa ajena para ganarse 200 lempiras y así poder comprar comida para unos días, mientras surgía otra oportunidad para conseguir alimento.
Con lágrimas en los ojos, la mujer agradeció la ayuda en alimentos, ya que hasta ese momento no había mucho para comer: “Esto me sirve, con estos comemos casi un mes, porque somos seis los que vivimos aquí”.
Don Vidal Izaguirre, un señor de más de 70 años que vive junto a su esposa sordomuda en Las Vegas, Coray, Valle, también agradeció por los alimentos donados.
"Hay días que no tomamos agua porque no hay de dónde, se secaron los ríos, los pozos y las quebradas de donde tomábamos -pero- hay gente que no es mala y nos da agua", comentó.
"Para comer hay días que comemos una vez y hasta el otro día, nos aguantamos o conseguimos una ‘pelotía’ de maseca para hacer tortillas y aguantar", expresó el señor, quien vive en una sencilla covacha construida con pedazos de madera y plástico, acompañado además por dos perros desnutridos.
En esta segunda entrega se colaboró con 39 familias y se benefició a 158 personas en los distintos municipios visitados, entre ellas niños, adultos mayores y padres de familia desesperados por la falta de comida debido a la sequía.
Durante el recorrido, bajo el ardiente calor del sur de Honduras, EL HERALDO encontró personas que caminan kilómetros en busca de pulperías para comprar algo de comer, madres pensando qué darles a sus hijos y adultos mayores que lloran porque no hay cosecha ni tampoco qué comer.