Tegucigalpa, Honduras.- Los pasillos del Instituto Jesús Milla Selva presenciaron una feria de emprendimiento en la que los jóvenes se convirtieron en vendedores y creadores de productos para intentar convencer a sus compañeros de comprar en sus pequeños negocios.
Sobre las mesas había granizados de mango con gomitas, tajín y chamoy, crepas, frappés, mangonadas, arepas y hasta pepinos preparados.
Algunos productos eran conocidos; sin embargo, otros eran nuevas apuestas que los estudiantes decidieron probar para descubrir el impacto que podrían tener con sus ideas novedosas.
Linda Izaguirre, representante del Departamento de Educación Comercial del Instituto, explicó que la feria forma parte de un proceso académico en el que los estudiantes pasan de la teoría a una experiencia real de emprendimiento.
“Esta feria trata del fomento del emprendimiento y desarrollo de ideas de negocio. Los jóvenes han formulado su proyecto a lo largo de todo el año y en esta feria lo ponen en marcha”, explicó.
Según afirmó, la experiencia permite que los estudiantes comprendan que detrás de un producto terminado existe una cadena de decisiones que comienza con las materias primas y termina cuando conocen si el negocio realmente generó resultados.
Los estudiantes cursan la asignatura Gestión y Formulación de Proyectos. Son jóvenes de décimo grado de las carreras de Contaduría y Finanzas, Banca y Finanzas y Administración de Empresas.
“Nosotros les enseñamos cómo debe estructurarse una empresa, desde la parte organizativa, administrativa y operativa. Entonces, ellos ya hicieron la parte de formulación, la parte organizativa y ahorita es la ejecución del proyecto”, detalló Izaguirre.
Para los docentes, la experiencia puede servir más allá de la etapa escolar. La idea es que un estudiante que aprende a fabricar, vender y obtener ganancias pueda convertir ese conocimiento en una alternativa de autoempleo cuando termine sus estudios.
“Si el muchacho dice: ‘Yo hice este proyecto, vendí, gané, le puedo dar continuidad’, y qué tal si no tengo empleo, pues lo puedo echar a andar”, señaló la docente.
Estudiantes y sus retos
Para Kimberly Elizabeth, estudiante de undécimo grado, participar en la feria significó enfrentarse a una experiencia que, aunque comenzó con entusiasmo, también estuvo acompañada de presión.
“La verdad es una experiencia inolvidable. Sí, es como la primera vez, pero se siente bien. Sí tuvimos así como bastante presión, pero creo que ya con el tiempo uno se va acostumbrando”, contó.
Su grupo eligió un granizado de mango acompañado de gomitas, tajín y chamoy: “Nos estuvimos preparando. Tuvimos un mes completo para el producto, para el menú, para los videos que íbamos a publicar en redes sociales y para hacer encuestas y tomar la opinión de los alumnos”, explicó.
“Nos compraron, incluso hasta querían más, pero como ya no había tiempo, nos sobró, pero no podíamos seguir vendiendo por el tiempo”, contó entre risas.
Feria de emprendedores
La actividad lleva aproximadamente 12 años realizándose en el Milla Selva y no se limita únicamente a los estudiantes de la institución.
Durante la feria también participan alumnos de otros centros educativos invitados, como el Instituto Roberto Sosa y los Oswaldo López Orellana, además de la Escuela Uruguay y otros colegios.
Según Izaguirre, estas visitas permiten que otros estudiantes conozcan las instalaciones y la oferta académica del Milla Selva de cara al proceso de matrícula de 2027.
La institución también prevé realizar una pequeña feria vocacional en octubre y posteriormente visitar otros centros educativos para presentar su oferta académica.
Pero más allá de la matrícula, la jornada busca que los estudiantes puedan experimentar, desde las aulas, lo que significa convertir una idea en algo que otras personas estén dispuestas a comprar.