Tegucigalpa, Honduras.- Lo que parecía ser una jornada normal de trabajo para Alfredo Ramírez se convirtió en uno de los días más dolorosos de su vida. A pocos metros del lugar donde labora, una volqueta que presuntamente se quedó sin frenos acabó con la vida de su hija y de su nuera.
Según relató a EL HERALDO, durante varios minutos desconoció que la tragedia ocurrida en la colonia Villa Nueva, al oriente de Tegucigalpa, había golpeado directamente a su familia.
Sin embargo, poco después, recibió una llamada que le confirmó la dolorosa noticia: sus dos familiares habían fallecido.
“Yo trabajo ahí cerquita de donde fue el accidente, en la ferretería. Yo no sabía que mi hija andaba ahí. El novio me llamó y me dijo: ‘Viejo, su hija, una volqueta se la llevó’”, recordó.
Con la voz entrecortada, Alfredo evocó a su hija, Denia Marisol Ramírez Ortiz, de 34 años, una de las víctimas mortales del accidente registrado la tarde del lunes 2 de junio en Villa Nueva.
Mientras observaba los ataúdes durante el velorio realizado este martes -2 de junio- en la iglesia Príncipe de Paz, en la misma colonia, intentaba encontrar palabras para describir la pérdida.
“Era estilista, trabajaba en Metro Mall. Ya tenía cuatro o cinco años de trabajar ahí. Ayer era su día libre y andaba arreglando una llanta del carro en la llantera cuando ocurrió el accidente. Ella tenía tres hijos”.
Junto a ella también falleció Evelin Yasmín Irías Hernández, de 26 años, esposa de uno de los hijos de Alfredo Ramírez.
El hombre también recordó a su nuera, quien, según relató, había regresado recientemente al país desde Estados Unidos con la esperanza de comenzar una nueva etapa junto a sus hijos.
“Me dijeron que Evelyn andaba con mi hija. Ella tenía menos de dos meses de haber regresado de Estados Unidos porque le cancelaron los permisos de trabajo. Solo trabajaba para pagar el apartamento”.
Ambas víctimas fueron veladas una junto a la otra, mientras familiares, amigos y vecinos llegaban a la iglesia para despedirlas por última vez. Pero el dolor más profundo se reflejaba en los cinco menores que quedaron sin sus madres.
“Ella deja dos niños y mi hija deja tres. Ellos no pueden ni verlos”, expresó Alfredo. Las palabras se volvieron aún más difíciles de pronunciar cuando observó a sus nietas llorar frente a los féretros.
Las pequeñas fueron levantadas en brazos por su padre y por su abuelo para acercarlas a los ataúdes y, sin comprender completamente lo que ocurría, lloraban desconsoladamente.
Dentro de la iglesia, la tristeza era casí palpable. Los abrazos y las lágrimas fueron los principales acompañantes de la familia que, en cuestión de segundos, perdió a dos integrantes.
Denia Marisol Ramírez Ortiz y Evelin Yasmín Irías Hernández fueron sepultadas en el cementerio Tierra Santa. Detrás quedaron cinco menores que ahora tendrán que crecer sin la compañía de sus madres.