Tegucigalpa, Honduras.- Lo que comenzó como una idea para hacer que los niños dejaran de ver la lectura como una obligación escolar terminó convirtiéndose en una experiencia que llevó historias al teatro, fortaleció la autoestima de estudiantes y transformó la manera de enseñar de la docente Elsa González.
Su metodología, centrada en acercar a los niños a los libros desde la curiosidad y el disfrute, le valió el Premio a las Buenas Prácticas para el Desarrollo de la Competencia Comunicativa 2026 en la categoría de Educación Básica, otorgado por la Universidad Pedagógica Nacional Francisco Morazán (UPNFM), en el marco de la Semana del Idioma Español.
“La lectura es una llave capaz de transformar vidas y esa llave está en manos del docente”, expresó González al reflexionar sobre el impacto que ha tenido el proyecto en su carrera y en sus estudiantes.
La iniciativa nació de una inquietud personal: encontrar una forma distinta de enseñar y lograr que los niños vieran los libros como “un regalo que pueden abrir una y otra vez”, en lugar de asumirlos como una tarea obligatoria.
Para ello, creó junto a sus estudiantes una biblioteca de aula alimentada con libros comprados y donados por padres de familia. Los alumnos podían elegir libremente qué leer, mientras participaban en dinámicas diseñadas para hacer de la lectura una experiencia cercana y emocionante.
Entre las estrategias implementadas estuvieron la asignación de roles dentro del aula, el uso de una mascota como guardián de los libros y la entrega de medallas por cada libro leído.
Según explicó la docente, el proyecto se desarrolló en varias etapas que combinaron lectura guiada, comprensión lectora, producción escrita y trabajo colaborativo.
Más adelante, los estudiantes adaptaron historias para convertirlas en obras teatrales que finalmente fueron presentadas en la Escuela Nacional de Música.
El verdadero impacto
Más allá de las mejoras académicas, González aseguró que los cambios emocionales y personales en los niños fueron los más significativos.
“El proyecto fortaleció en mis estudiantes una mayor seguridad, confianza en sí mismos, autonomía y capacidad de trabajo en equipo”, afirmó.
Entre las experiencias que más la marcaron recordó el caso de una estudiante de segundo grado que atravesaba una situación familiar complicada y que encontró en el proyecto un espacio seguro para expresarse.
“A pesar de ello, logró brillar en el escenario y durante los ensayos se mostraba feliz y disfrutaba cada momento al máximo”, relató la maestra. “Estas actividades se convirtieron en una vía de escape y apoyo emocional frente a la situación que estaba viviendo”.
González también destacó que, conforme avanzó el proyecto, los estudiantes comenzaron a recomendarse libros entre ellos y a desenvolverse con mayor independencia en las presentaciones teatrales.
“Se coordinaban de manera autónoma y sabían cuándo debían entrar y salir de escena”, comentó.
Un aprendizaje bidireccional
La experiencia también modificó profundamente su visión de la enseñanza. Ahora, explicó, procura escuchar más la voz de sus estudiantes y construir el aprendizaje a partir de sus necesidades e intereses.
Aunque reconoce que uno de los mayores desafíos dentro del sistema educativo es brindar atención individual a cada niño, considera que vale la pena insistir en metodologías diferentes, incluso cuando al inicio parecen difíciles de implementar.
“El inicio siempre será lo más difícil. Romper esquemas y nadar contra la corriente puede hacer que el camino parezca cuesta arriba”, expresó.
Sin embargo, sostiene que cuando los docentes se atreven a innovar, el esfuerzo se convierte en pasión, el proceso en disfrute y los resultados en experiencias asombrosas que marcan vidas.
"En cada historia compartida, en cada página leída, se siembra una semilla que puede cambiar el rumbo de un niño. La pasión, el amor y la entrega del maestro no tienen límites cuando se trata de formar lectores y abrir puertas hacia nuevos mundos", concluyó González.