TEGUCIGALPA, HONDURAS.-El 1 de enero de 1820 en Sevilla el coronel Rafael Riego se sublevó contra el monarca Fernando VII, exigiendo poner fin al absolutismo y respetar las leyes surgidas por los defensores de España durante la ocupación francesa. El rey Fernando VII se vio forzado a jurar la Constitución de Cádiz, la que había abolido en 1814 tras su retorno al poder.
Contexto
En 1820 la monarquía española estaba desesperada por sostener los territorios americanos, en los que cada vez más perdía el control frente a las fuerzas independentistas. Mientras tanto, en España un levantamiento liberal liderado por Riego forzó al rey Fernando VII a jurar la constitución doceañista el 10 de marzo, instalando un nuevo gobierno conocido por la historiografía ibérica como “el trienio liberal” (1820-1823).
La Constitución de Cádiz promulgada en 1812 reconocía la ciudadanía a toda la población del territorio español, metropolitano y de ultramar bajo los principios emanados la revolución francesa; sin embargo, las élites criollas se incomodaron ante el temor de perder sus privilegios, y el control laboral y social ejercido sobre las mayorías poblacionales subalternas.
La sombra de los vientos de rebeldía
Las élites en las provincias de la Capitanía General de Guatemala (América Central) durante la década de 1810 se mantuvieron fieles a la monarquía y la tradición corporativa clerical ante un creciente temor a la rebelión, incentivado por el miedo local de las voces mediadoras, curas y autoridades. Durante este periodo las autoridades de la intendencia de Honduras se mantuvieron vigilantes de cualquier desacato en el espacio público, enjuiciaron a varios vecinos por expresar frases contrarias a la monarquía, como sucedió en Tegucigalpa contra Francisco Villafranca y José de San Martín, apresados y sus bienes confiscados.
La Jura constitucional en la provincia de Honduras
Por segunda vez, el 10 de julio de 1820, llegaron los bandos del decreto real a las principales jurisdicciones de la provincia de Honduras y en los siguientes meses las autoridades de Comayagua y Tegucigalpa remitieron las ordenanzas para el juramento, provocando confusión y resistencia de los criollos locales, consultando y exponiendo su derecho exclusivo de ciudadanía por ser descendientes españoles. Ante ellos las máximas autoridades les exigían crear los ayuntamientos sin exclusión.
El congreso criollo de Nacaome y Pespire
Entre los descontentos encontramos el ejemplo de las élites de Nacaome y Pespire, quienes convocaron a un congreso para exigir su derecho único de ser ciudadanos. Entre los asistentes encontramos la siguiente lista: José Benito Contreras, Manuel Lucas Sierra, José Manuel Sierra, Cornelio Valle, Francisco Ysaguirre, Carlos Fiallos, Gerardo Vela, Rafael Flores, José Manuel Molina, Manuel Matamoros, Cándido Sandres, José Carrasco, Bautista Castro, entre otros.
Al año siguiente los territorios de América Central se segregaron del dominio español, pero sus élites criollas asumieron la hegemonía socio-política para edificar su patria excluyente.