Tegucigalpa, Honduras.- A las cinco de la mañana, cuando la mayoría de la capital todavía duerme bajo el frío, la Bandera Nacional asciende por el asta en el cerro Juana Laínez.
Frente a ella, el presidente Nasry Asfura y las máximas autoridades del país y militares darán inicio a las fiestas del 15 de septiembre, que se acompañan con el eco ensordecedor de los cañonazos de las Fuerzas Armadas rompen la quietud del amanecer, una tradición que data desde el siglo XVI.
Tras la lectura del Acta de 1821 —aquel manuscrito que transforma un puñado de provincias centroamericanas en naciones soberanas— la acción se traslada al asfalto.
A las siete de la mañana, miles de estudiantes dan inicio a los desfiles patrios: un despliegue de fervor cívico y talento protagonizado por una generación que no nació el siglo XIX, pero que lo conmemora con la misma pasión de quienes firmaron la libertad para ser un país soberano e independiente.
Dos siglos de historia dan para mucho, y el camino no ha sido llano. Detrás de los trajes coloridos se esconde la memoria de un país por momentos convulso, pero que no olvida sus raíces.
La Huelga Bananera de 1954, que antecedió a importantes conquistas laborales; el reconocimiento del voto femenino en 1955; y la guerra entre Honduras y El Salvador de 1969, conocida popularmente como la “Guerra del fútbol”, forman parte de ese recorrido histórico.
A esa identidad también la moldean las cicatrices dejadas por la naturaleza: desde los huracanes Fifí y Mitch hasta la doble arremetida de Eta e Iota.
A ellas se suman episodios que marcaron la historia reciente, como el golpe de Estado de 2009 y el confinamiento provocado por la pandemia de covid-19.
Con ese equipaje histórico a cuestas, cada aniversario se convierte también en una oportunidad para revisar el pasado y mirar el rumbo del país.
Este año, bajo el lema oficial “Honduras nos une”, los desfiles de los jóvenes culminan con una presentación dentro del Estadio Nacional José de la Paz Herrera “Chelato Uclés”.
La ministra de Educación, Ivette Arely Argueta, junto a sus subsecretarias Jackeline Maravilla y Angélica Sández, diseñaron un esquema de tiempo milimétrico para evitar los retrasos del pasado y fijan un límite estricto de 150 alumnos por delegación, 13 minutos para recorrer la pista interior y apenas tres minutos frente al estrado presidencial, vigilados por cronómetros digitales y pantallas gigantes en vivo.
"Van a haber 60 centros educativos que van a participar celebrando estos años de independencia de nuestra patria. También el gabinete de Gobierno, el presidente de la República y el pueblo en general se pueden unir a celebrar estos 205 años”, afirmó Argueta.
La funcionaria extendió el llamado a la participación ciudadana: “Todo el pueblo hondureño está invitado a celebrar los 205 años de la independencia patria (...) no importa dónde se encuentren; lleguen a cualquier municipio o departamento de nuestro país, que ahí les estaremos esperando, para celebrar en grande”.
La Dirección Nacional de Vialidad y Transporte (DNVT) brindará seguridad en todos los accesos al bulevar y bloquea retornos desde el Barrio Morazán, la rotonda del estadio, el puente Juana Laínez y las arterias comerciales del centro histórico.
Para garantizar la tranquilidad de las familias, la Policía Nacional despliega un contingente superior a los 24,000 agentes. Además, el Gobierno de Asfura impulsa una normativa que veta las canciones de reguetón y otro tipo de música que no vaya acorde al festejo. En su lugar, las liras, trompetas y tambores rescatan ritmos folclóricos.
Colegios
El Comité Cívico Interinstitucional Permanente (Cocip-2026) organiza a los 61 centros educativos capitalinos en cinco bloques conceptuales.
El pelotón inicial, “205 años construyendo historia e independencia”, es liderado por el Instituto Monterrey, seguido por el Polivalente Germania, el Alfonso Guillén Zelaya, el Salem Sucot y el Cristiano Tecnológico Juan Pablo.
El segundo contingente desfila bajo la consigna “205 años de fervor cívico”, alineando al Técnico Saúl Zelaya Jiménez, el William Penn, el Santa Mónica y el Renacer.
La herencia cultural brilla con fuerza en el cuarto bloque, “Identidad, cultura y etnia”, donde el Instituto Unión Europea, el Mixto Hibueras y el Jesús Aguilar Paz —bautizado en honor al creador del primer mapa oficial del país— rinden tributo a nuestras raíces prehispánicas y coloniales.
La herencia cultural cobra protagonismo en el cuarto bloque, “Identidad, cultura y etnia”, integrado por el Instituto Unión Europea, el Mixto Hibueras y el Jesús Aguilar Paz —bautizado en honor al creador del primer mapa oficial del país—, cuyos estudiantes rinden tributo a las raíces prehispánicas y coloniales de Honduras.
El Instituto Técnico Honduras, junto con otros colegios, integra el quinto bloque: “La riqueza natural y compromiso ambiental”.
El cierre, como dicta la tradición capitalina, queda en manos del Instituto Central Vicente Cáceres. Sus estudiantes, con camisas blancas y pantalones grises, ingresan al estadio José de la Paz Herrera “Chelato Uclés” entre la algarabía de las graderías.
La edición de este año deja también una ausencia notable en el cielo: por primera vez desde 1974, los paracaidistas de las Fuerzas Armadas no descienden sobre el Estadio Nacional José de la Paz Herrera “Chelato Uclés”, luego de que su espectáculo aéreo fuera trasladado de manera anticipada a Campo Parada Marte.
Lo que sí prometen es un despliegue para demostrar su capacidad operativa, un show que se ha hecho en años anteriores y que los hondureños disfrutan y aplauden.