Las huellas de la guerra de 1969 entre Honduras y El Salvador

El historiador Albany Flores Garca reconstruye las motivaciones de una guerra que está lejos de haber sido desencadenada por el fútbol

  • Actualizado: 01 de septiembre de 2026 a las 11:19
Las huellas de la guerra de 1969 entre Honduras y El Salvador

Tegucigalpa, Honduras.- La guerra de 1969 ha quedado en el vago recuerdo de quienes vieron pasar sobre sus cabezas los aviones de combate y como anécdota casi de ficción de quienes nunca han vivido un conflicto armado... Pero fue una guerra, hubo muertos y miles de desplazados.

Contra viento y memoria: así revive Honduras la guerra de 1969 en "Viento en Contra"

En el marco del estreno de la película hondureña “Viento en contra”, marcado en la agenda para el jueves 3 de septiembre, conversamos con el historiador Albany Flores Garca sobre esta guerra que tuvo lugar entre el 14 y el 18 de julio de 1969 y que también es conocida como la “Guerra del fútbol” y la “Guerra de las 100 Horas”, una guerra que existió y que no debería volver a suceder.

¿Qué motivó la guerra entre Honduras y El Salvador?

Incluso la generación que vivió la guerra ignora los verdaderos motivos de la guerra, y el propio Ryszard Kapuściński —inventor del concepto “Guerra del Fútbol”— reconoció que su descripción de la guerra tuvo, además de datos, ficción para adornar el cuento. Los hechos, en cambio, se debieron a otra cosa: una serie de conflictos territoriales que inició tras la ruptura de la República Federal de Centroamérica y la creación de nuevos estados unitarios. Desde la década de 1840, el problema fue constante y casi ininterrumpido: ese es el corazón del conflicto.

En el siglo XX se sumaron otros factores: miles de salvadoreños ocupando puestos de trabajo que podían ocupar hondureños en las plantaciones de la costa norte y nuevos conflictos por el dominio económico, cívico y cultural de las poblaciones de la frontera, tal como ocurre ahora. Todo eso, que fue creando un encono que creció con las décadas, explotó por el más pasional de los fenómenos sociales: el fútbol. Por tanto, el fútbol fue solo la excusa para continuar un conflicto que tenía más de un siglo.

¿Qué consecuencias dejó este enfrentamiento?

La guerra fue breve y entre ejércitos semiprofesionales. Las rápidas directrices desde Estado Unidos hicieron que, tras poco más de cien horas, los gobiernos de Oswaldo López Arellano y Fidel Sánchez Hernández, de Honduras y El Salvador respectivamente, dieran por terminada la pelea.

Las consecuencias, en cambio, fueron, sobre todo, sociales y políticas: la muerte de miles de personas (presuntamente más civiles que soldados) y un distanciamiento político que, hay que decirlo, persiste.

¿Se logró algo o solo la muerte de miles de personas?

No sabemos de un número exacto de víctimas. Se ha escrito que podría oscilar entre 3,000 y 6,000, pero la realidad es que ninguno de los gobiernos publicó una lista oficial de bajas, o por lo menos no han sido encontradas. Esa, investigación histórica profunda sobre los hechos, es también una tarea pendiente.

¿Qué si valió la pena? Diría que ninguna guerra lo vale, pero, en especial, para Honduras, la guerra contra El Salvador de 1969 no valió la pena porque, al final, cuando el 1992 la Corte Internacional de la Haya emitió su sentencia sobre el conflicto, Honduras obtuvo el 66% del territorio disputado. Eso, en papeles, suena muy bien, pero la verdad es que perdimos el 34% de la disputa y con ello muchos territorios que históricamente le pertenecían al país.

Sobre esta guerra, el escritor uruguayo Eduardo Galeano escribió en su libro “Las venas abiertas de América Latina” (1971), que el enfrentamiento entre Honduras y El Salvador no fue la “Guerra del fútbol”, sino la guerra de la Reforma Agraria, “una guerra entre oligarquías para ocultar la miseria rural y expulsar de Honduras a más de cien mil campesinos salvadoreños desplazados que ocupaban tierras”.

"Viento en Contra" se presenta en papel, antes de su estreno en cines nacionales

Mientras que el poeta salvadoreño Roque Dalton, escribió que “los gobiernos burgueses de ambos países utilizaron el chovinismo para convertir a dos pueblos hermanos en enemigos fratricidas, ocultando que el verdadero enemigo de la masa campesina estaba en sus propias capitales”.

Al igual que Flores Garca, Galeano y Dalton, el historiador salvadoreño Carlos Pérez Pineda, en su libro “Una guerra breve y amarga” (2016), plantea que la guerra no la ganó nadie, y que más bien fue una tragedia social “que desarticuló el Mercado Común Centroamericano y sembró la semilla de la violencia política que explotaría una década después”.

Habrá que reflexionar sobre qué huellas han quedado marcadas en el camino y si existe el riesgo de volver a pasar sobre ellas.

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Samaí Torres
Samaí Torres
Editora de la sección Vida

Licenciada en Periodismo por la UNAH. Máster en Crítica y Comunicación Cultural por la UAH y Máster en Alta Dirección Empresarial por la EOBS y la UCAM. Es periodista cultural de El Heraldo desde 2011.

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