Coronavirus

Covid-19 e incendios forestales, las dos emergencias que vive Honduras

El país ya registraba 154 siniestros cuando se conoció sobre el primer caso positivo de coronavirus. Actualmente los casos de la enfermedad llegaron a 477, pero los incendios han consumido una extensión similar a 20,142 veces el tamaño del Estadio Nacional
20.04.2020

TEGUCIGAPA, HONDURAS.- Además del Covid-19, Honduras enfrenta otra emergencia nacional, una silenciosa que devora los bosques con sus llamas, dejando solo cenizas y destrucción.

A diferencia del coronavirus, esta emergencia -muchas veces silenciosa- se repite cada año, pero es visible solo cuando una capa de humo cubre el cielo o cuando los incendios son de gran proporción.

De día o de noche, el fuego se expande por zonas boscosas o zacateras, como el coronavirus lo ha hecho en diferentes puntos geográficos, pero no parece ser tan importante para los hondureños porque solo acaba con los árboles, los mismos que nos dan oxígeno.

“Cuando hacemos una comparación de año a año estamos mejor que el año pasado, incluso por día… Pero cuando uno mira en el momento el número de incendios, lógicamente no dejan de afectarnos”, dijo con preocupación Sandra Canales, jefa del departamento de protección forestal del Instituto de Conservación Forestal (ICF).

Honduras registró desde el 1 de enero hasta el pasado 13 de abril un total de 334 incendios forestales. Los siniestros solamente ocurrieron en 16 departamentos del país, quedando libres del fuego Islas de la Bahía y Colón.

La Unidad de Datos de EL HERALDO analizó el registro de cada uno de los incendios, que acumulan 13,748 hectáreas quemadas, una extensión similar a 20,142 veces el tamaño del Estadio Nacional Triburcio Carias Andino.

Pero si a lo anterior sumamos los ocurridos durante todo 2019, serían 1,510 siniestros que acabaron con 86,182 hectáreas de bosque, es decir 126,273 veces el coloso capitalino.

El número real es mayor, advierten expertos de ICF, porque siempre hay un significativo número de siniestros que no llegan a registrarse por razones de tiempo, desplazamiento o no se efectúa la denuncia.

De acuerdo con los registros del ICF, estos incendios forestales ocurrieron en zacateras, zonas boscosas y hasta en áreas protegidas, donde en algunos casos se ocuparon hasta 600 apagafuegos para controlarlo.

Por ejemplo, el pasado 10 de febrero un siniestro en el cerro de Upare, al sur de Tegucigalpa, terminó con 295 hectáreas de bosque. Los registros del ICF, analizados por EL HERALDO, señalan que este incendio fue provocado por incendiarios, es decir personas que provocan fuego con premeditación.

Solo seis días después (16 de febrero) otro incendio provocado por colmeneros (personas que sacan miel realizando quemas) acabó con 40 hectáreas de bosque de la Reserva Biológica Opalaca, ubicada en Intibucá.

Para apagar estos dos incendios se requirió de 455 y 601 bomberos, miembros de las Fuerzas Armadas o personal del ICF.

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El registro no menciona cuántos días u horas tardaron en apagar el fuego, pero de acuerdo con director del Comando de Apoyo al Manejo de Ecosistemas y Ambiente C-9, de las Fuerzas Armadas (FF AA), Juan Ramón Hernández, el problema no radica en lo que tardan sino en las condiciones climáticas y el tipo de lugar que se está quemando.

“Están arreciando más. Hay mayor cantidad de incendios forestales durante el día; imagínese que a veces hay cinco o seis incendios aquí en el Distrito Central, en diferentes puntos. Siempre hay, pero unos tres, esa gran cantidad no. Ahora nos tiene un poco preocupados”, dijo.

Hasta el 13 de abril de 2020 en la capital de Honduras ocurrió el 28% del total de incendios forestales registrados en territorio nacional (casi tres de cada diez), lo que contribuyó para que una densa capa de humo aún cubra la ciudad.

Además, este municipio ocupa el segundo lugar en mayor área de bosque afectada, solo después de Puerto Lempira, en Gracias a Dios.

El resto de siniestros se registraron en 81 de los 298 municipios, muchos de los que también suman infectados o muertes por Covid-19, como es el caso de Villanueva, Cortés, al norte de Honduras.

Los incendios en medio de una pandemia

Mientras en Honduras ya se registraban 154 incendios forestales, el 11 de marzo se anunció el primer caso positivo de coronavirus. Las autoridades dijeron tener un plan de contención, lo que también incluía fondos para prevenir la enfermedad.

El gobierno asignó a finales de marzo 3,800 millones de lempiras para la emergencia por el Covid-19, pero luego el Congreso Nacional aprobó un préstamo de 2,500 millones de dólares (60,000 millones de lempiras).

La pandemia, que dejaba hasta el viernes por la noche 477 infectados y 46 muertos, se convirtió en la prioridad del gobierno, pues representa una emergencia nacional.

Sin embargo, contrarrestar el Covid-19 cuando hay un siniestro de gran magnitud se vuelve un reto mayor para los apagafuegos, porque los incendios forestales se han convertido en la segunda emergencia nacional del país.

Mientras algunos miembros de las Fuerzas Armadas, Policía Nacional y Cuerpo de Bomberos andan en las calles apoyando a los afectados por la cuarentena u observando que se cumplan las medidas de prevención, un equipo -más reducido- se encarga de apagar los incendios.

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“Tenemos a la gente que está trabajando en apoyar a la población (por el coronavirus) entonces qué es lo que hacemos nosotros: redoblar los esfuerzos, porque la gran cantidad de gente que teníamos el año pasado no la tenemos ahorita porque está empeñada dando alimentación, en seguridad, en todo”, detalló el coronel Hernández.

De acuerdo con el director del C-9, ellos cuentan con 3,000 militares para combatir incendios a nivel nacional, sin embargo sus horas de trabajo se vuelven más largas cuando los siniestros son como el registrado hace unos días en la aldea El Chimbo de Tegucigalpa.

En cada siniestro ocurrido hasta el 13 de abril participararon, en promedio, casi 24 efectivos en su combate. El mayor trabajo se ha hecho en el Distrito Central, donde han ocurrido 95 de los 334 incendios forestales, de acuerdo con un análisis de datos realizado por EL HERALDO.

Aumentan las enfermedades respiratorias

Además de cubrir la vista de Tegucigalpa y Comayagüela, el humo que dejan los incendios forestales en el país es altamente dañino para la salud, especialmente para las personas con enfermedades crónicas

En medio de una pandemia que también ataca al sistema respiratorio, la población que padece de estas patologías es doblemente vulnerable si llega a infectarse de Covid-19, pues el humo contiene partículas de monóxido de carbono que disminuye la cantidad de oxígeno disponible para las células.

“Al ser inhalado inflama la vía aérea y los pulmones sobrerreaccionan, se inflama, y al estar inflamados convierten a la persona en alguien más susceptible de poderse infectar con coronavirus. La vulnerabilidad se incrementa”, advirtió Carlos Aguilar, neumólogo del Tórax.

Desde que se conoció sobre el brote de Covid-19 en China, expertos de la Organización Mundial de la Salud (OMS) alertaron que las personas con enfermedades respiratorias, diabetes e hipertensión eran las más vulnerables si llegaban a contagiarse de la enfermedad.

Incluso, la tasa de mortalidad en el mundo era mayor si los infectados tenían alguna de estas patologías.

Datos del Instituto Nacional de Estadísticas (INE) señalan que para 2018 en el país había 159,000 personas con enfermedades respiratorias, afecciones cardíacas y neurológicas, renales, sida, cáncer y pacientes que se sometieron a un trasplante.

Todos ellos estaban entre la población más vulnerable ante la llegada del virus, que hasta el 19 de abril dejaba 46 víctimas mortales.

“El hecho de que el aire que estamos respirando en este momento esté cargado de partículas nocivas para la salud, definitivamente incide directamente en las personas que sufren enfermedades respiratorias crónicas”, reconoció Aguilar.

La Comisión Permanente de Contingencias (Copeco) informó el jueves que en mayo iniciará la temporada ciclónica, lo que dejará lluvias en la mayor parte del territorio nacional.

Es decir, que en mayo -cuando expertos pronostican que se registrará el pico más alto de infectados por Covid-19- la capa de humo que cubre varias ciudades podría desaparecer.

Y aunque parece un alivio para que en estos meses de lluvia disminuyan los incendios forestales, también podría significar el inicio de una tercera emergencia para el país debido a la vulnerabilidad de Honduras ante el cambio climático.