Nuestra siguiente estación es un pueblo pequeño, localizado a tan solo 4 kilómetros de Siguatepeque hacia La Esperanza y que durante décadas se ha especializado en producir majestuosas artesanías de barro.
En la ruta de El Porvenir, el turista puede encontrar una vasta galería de objetos decorativos elaborados con materia prima rústica obtenida del suelo.
Desde un pequeño comal para adornar las estancias de cualquier cocina hasta un gigantesco jarrón de dos metros de altura atrapan las miradas y el interés de los viajeros de la zona, que sin lugar a dudas hacen una breve pausa en el viaje para adquirir el souvenir que más les llama la atención. T
odos los detalles que se aprecian en cada creación están hechos con el sello especial que le imponen los artesanos de esta comunidad, quienes a mano elaboran de diferentes estilos, colores y formas para que sus clientes se lleven su adorno para decorar el hogar, jardín, oficina o negocio.
En el taller de doña Albina Girón, una mujer pionera de este oficio, a plena luz del día y con técnicas rudimentarias el barro comienza a tomar formas variadas como jarrones, vistosas alcancías, comales, maceteras, según la creatividad y destreza del artesano.
Junto a la propietaria de esta fábrica laboran cinco personas más con asignaciones especiales que van desde preparar la pasta, moldearla, cocer las piezas en el horno, pintarlas y barnizarlas.
En manos del alfarero
El primer paso para comenzar el proceso de elaboración de una artesanía es conseguir el lodo o el barro ya que es la materia prima rústica con la que se trabaja en este oficio.
La mixtura pasa por varias etapas de transformación cuando se empieza a mover con el azadón mientras poco a poco se le añade el agua y arena. Luego la masa se coloca en el banco o tablón de madera, posteriormente se golpea con una barra de hierro y continúa amasándola.
Una vez que el alfarero obtiene el punto perfecto de la pasta, esta se empaca en plástico para conservarlo durante una o dos semanas o para el mismo día.
Después de reposar, la masa vuelve a las manos del artesano, quien se encarga de amasarla nuevamente hasta lograr que esté blanda y se le pueda dar forma. De acuerdo al tamaño, cada pieza requiere de su tiempo de elaboración, sin embargo en la fábrica de doña Albina diariamente se producen entre 60 a 100 piezas de lotes diferentes y, en el caso de los jarrones muy grandes, la producción es de 10 a 12 obras.
Después de pasar por estas etapas, las piezas se secan al sol y luego se introducen al horno para tomar el color ladrillo y finalmente pintarlas y barnizarlas según el estilo y la técnica que se utilice.
Proveedores
“Lo que aquí se produce le da la vuelta a Honduras y al mundo porque aquí nos visitan muchas personas particulares y compradores mayoristas de otros lugares”, comenta doña Albina. Y es que gran parte de la cantidad de piezas que se producen en esta zona también son adquiridas por personas que viajan desde Valle de Ángeles, Ojojona y otros sectores turísticos del país para ponerlas en venta en souvenirs o las plazas comerciales que tienen mayor afluencia de turistas nacionales y extranjeros.
Su creatividad no tiene límites y se ponen en escena cuando en su tienda se exhiben varias figuras que van desde las famosas colecciones de ranas para colocar en puntos estratégicos del jardín, las réplicas de los pozos, venados, hongos multicolores y cualquier tipo de personaje animado que el cliente solicite.
Esta actividad involucra a familias enteras que habitan esta comunidad y que, al igual que nuestra entrevistada y sus hijos, hacen de la alfarería su principal fuente de ingresos y al mismo tiempo le dan una buena carta de presentación a la zona, ofreciendo un producto atractivo y de alta calidad que sin duda motiva a los viajeros y turistas en general a visitar Siguatepeque y conocer esta importante habilidad artística que poseen los pobladores de El Porvenir. Deténgase unos minutos y adquiera estas piezas ideales para decorar cualquier estancia.