La propiedad intelectual como motor del desarrollo económico de Honduras

"Honduras tiene productos, tradición y creatividad, suficientes para competir en cualquier mercado a nivel mundial. Lo que se necesita es la convicción de que proteger esa creatividad no es un lujo legal reservado para grandes corporaciones", afirma Gerardo J. Guillén, abogado y notario, especialista en propiedad intelectual

  • Actualizado: 24 de julio de 2026 a las 11:00
La propiedad intelectual como motor del desarrollo económico de Honduras

Por: Gerardo J. Guillén
Abogado y Notario, Especialista en Propiedad Intelectual / MBA INCAE; Director Ejecutivo de la Asociación de Productores de Azúcar de Honduras (APAH).

Honduras exporta café, cacao, textiles y artesanías a más de cuarenta países. Sin embargo, la gran mayoría de estos productos viajan al mundo sin la protección jurídica que multiplicaría su valor: marcas registradas, denominaciones de origen e indicaciones geográficas que distinguen un producto hondureño de cualquier otro en el mercado internacional. Esa omisión silenciosa nos cuesta más de lo que solemos reconocer y comprender.

Cuando hablamos de propiedad intelectual, la mayoría piensa en patentes de laboratorios farmacéuticos o derechos de autor de grandes estudios de cine. Esa percepción, aunque comprensible, nos ha hecho perder de vista que la propiedad intelectual es, ante todo, una herramienta de competitividad disponible para cualquier productor, artesano o emprendedor hondureño.

Una indicación geográfica bien protegida puede multiplicar el valor de exportación de un producto agrícola. Los casos como el café de Marcala, primera denominación de origen reconocida en Honduras, o el caso del azúcar de Honduras, demuestran que el camino existe y funciona. Lo que falta no es el potencial, es la estrategia sistemática para replicarlo en cacao, en textiles artesanales, otros productos derivados de la caña de azúcar y en decenas de rubros donde Honduras tiene una identidad propia que el mundo aún no reconoce formalmente.

Centroamérica avanza de forma desigual en esta materia. Costa Rica ha construido una política de Estado alrededor de la propiedad intelectual aplicada a su biodiversidad y su producción agrícola. Honduras, en cambio, sigue tratando el registro de marcas y la protección de denominaciones de origen como un trámite administrativo aislado, no como una política de desarrollo económico.

Esa diferencia de enfoque tiene consecuencias medibles. Cada producto hondureño que llega a un mercado internacional sin marca registrada ni denominación protegida, compite en desventaja frente a productos similares de países que sí han invertido en este blindaje jurídico. No es un detalle técnico, es una pérdida de valor que afecta directamente a productores, cooperativas y pequeñas empresas exportadoras.

¿Qué podemos hacer?

El primer paso debe ser la educación: Las universidades hondureñas dentro de sus asignaturas deben incorporar la propiedad intelectual como herramienta de competitividad empresarial, no solo como materia jurídica especializada. Un ingeniero agrónomo o un administrador de empresas que entiende el valor de una marca protegida toma mejores decisiones que uno que desconoce esa dimensión.

El segundo paso es institucional: Honduras necesita una articulación más clara entre el sector productivo, la academia y los organismos internacionales especializados, particularmente la Organización Mundial de la Propiedad Intelectual, que ofrece programas de cooperación técnica accesibles para países como el nuestro y que actualmente aprovechamos por debajo de su potencial.

El tercer paso es práctico y accesible: simplificar y difundir el proceso de registro de marcas para micro y pequeñas empresas. Muchos emprendedores hondureños desconocen que proteger su marca es un proceso más sencillo y económico de lo que imaginan, y esa falta de información los deja expuestos a que terceros se apropien de creaciones que les costó años construir.

El comercio internacional contemporáneo no premia solamente la calidad de lo que producimos, sino la capacidad de demostrar de forma amparada que ese valor nos pertenece. Honduras tiene productos, tradición y creatividad, suficientes para competir en cualquier mercado a nivel mundial. Lo que se necesita es la convicción de que proteger esa creatividad no es un lujo legal reservado para grandes corporaciones, sino una decisión estratégica al alcance de cualquier productor que entienda su valor.

Convertir la propiedad intelectual en política de desarrollo, y no solo en trámite administrativo, es una de las tareas pendientes más rentables que tiene Honduras por delante. Entonces realmente la pregunta no es si tenemos con qué... porque lo tenemos. La pregunta es: ¿Vamos a educar en propiedad intelectual a los nuestros y protegerla a tiempo para sacarle el potencial debido?

De la respuesta a esta interrogante depende que Honduras siga siendo un espectador del ingenio ajeno o se convierta en el gran taller de sus propias ideas. El desarrollo económico ya no se mide únicamente en fronteras ni en recursos tangibles, sino en el valor de las ideas.

Dar el paso hacia una cultura de propiedad intelectual no es una opción regulatoria, es la llave estratégica para posicionar el orgullo local en el mercado global.

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