Tegucigalpa, Honduras.- Visualice detenerse a mitad de un sendero, donde el aire huele a tierra húmeda y helecho, y escuchar solo el ruido del agua corriendo entre las piedras. Nada más, sin notificaciones, sin pendientes, sin las bocinas de vehículos en tráfico. Esa pausa, poco aprovechada por los hondureños, tiene un nombre y un respaldo científico cada vez más sólido.
La ecoterapia, conocida también como terapia verde, agrupa un conjunto de prácticas terapéuticas que parten de la premisa de que el ser humano es parte de la naturaleza, y que cuando nos alejamos de ella pagamos un precio emocional alto.
Diversas investigaciones en neurociencia coinciden que pasar tiempo en espacios verdes reduce los niveles de cortisol —la hormona del estrés— y activa regiones cerebrales asociadas con la calma.
La psicoterapeuta Helen Maradiaga explica que “cuando una persona se sienta junto a un río o camina entre árboles, su sistema nervioso empieza a autorregularse de una forma que ninguna pantalla puede replicar”.
Reforzando este planteamiento, un estudio de Stanford demostró que caminar 90 minutos en un entorno natural reduce la actividad neuronal en la corteza prefrontal subgenual, zona del cerebro directamente vinculada con la rumiación, ese patrón de pensamiento negativo y repetitivo asociado al riesgo de depresión.
Las técnicas van desde los baños de bosque —práctica japonesa llamada shinrin-yoku, que consiste en la inmersión lenta y consciente en entornos forestales— hasta caminar descalzo sobre el pasto, meditar junto al mar o simplemente sentarse en silencio a escuchar el viento.
“El contacto físico con la tierra activa algo muy primario en nosotros”, señala Maradiaga. “No hace falta un protocolo elaborado, solo se necesita intención y presencia”, agregó.
Honduras, con su diversidad de bosques nublados, ríos y reservas naturales, ofrece un escenario privilegiado para practicar la ecoterapia. Y esta Semana Santa, la invitación es concreta. Busque el sendero más cercano, quítese los zapatos si el terreno lo permite y deje que el sonido del agua haga lo que los ansiolíticos buscan lograr.
Honduras y sus 800 voces aladas
Observar aves en su hábitat es también una forma de ecoterapia que combina atención plena y silencio.
Honduras supera las 800 especies de aves registradas y su Lago de Yojoa, por ejemplo, figura en los circuitos internacionales de aviturismo como uno de los imanes más atractivos del corredor centroamericano.
Recuerde que las diferentes prácticas de ecoterapia se traducen en beneficios físicos tangibles: regulan la inflamación, mejoran la circulación, fortalecen el sistema inmune, equilibran los niveles de vitamina D y reducen la frecuencia cardíaca.