Santa Cruz de Yojoa, Honduras.- Antes de que el sol termine de asomarse, el Lago de Yojoa ya lleva horas despierto. Los primeros cantos llegan desde las copas de los árboles cuando todavía hay neblina en la cuenca, y quien sabe escuchar puede distinguir, sin ver ningún ave, cuántas especies distintas lo rodean. Ese momento —silencioso y fresco— es exactamente lo que tres millones de viajeros buscan cada año en distintos rincones del mundo. Algunos de ellos ya saben que ese momento existe en Honduras. La mayoría de los hondureños, todavía no.
El Centroamérica Big Day 2026 vino a acortar esa distancia. El pasado 14 de marzo, siete países del istmo y el Caribe salieron al campo en una simultánea jornada regional de observación de aves, y el Lago de Yojoa fue uno de los escenarios principales en Honduras.
EL HERALDO estuvo presente, junto al Instituto Hondureño de Turismo, Aves Honduras, la Cámara Nacional de Turismo de Honduras (CANATURH) y CATA Centroamérica, organizaciones que impulsaron la participación del país en este evento regional.
Un ecosistema que respira entre dos parques nacionales
Que el Lago de Yojoa ocupe un lugar central en este evento no es casualidad. En su cuenca —que abraza el Parque Nacional Cerro Azul Meámbar y el Parque Nacional Montaña de Santa Bárbara— se han reportado aproximadamente 450 especies, de las más de 800 registradas en todo el territorio hondureño.
Para quien necesite una referencia, Alemania tiene cero especies de colibríes. Honduras tiene 42, y en las orillas del lago es posible avistar una decena de ellas en una sola mañana.
Y una de esas 42 especies, el colibrí Esmeralda —endémico de Honduras— no existe en ningún otro país del mundo. Su presencia convierte al país en destino obligado para observadores de aves que organizan sus viajes con la precisión de quien completa una colección.
Oliver Komar, presidente de Aves Honduras y director del Centro Zamorano de Biodiversidad, lo mencionó durante la ponencia "Las aves en Honduras atraen turistas", ofrecida ante periodistas, diplomáticos y autoridades reunidos a orillas del lago horas antes de que arrancara el evento regional.
"Yo conozco turistas que llegaron a Honduras solamente para ver esa especie", dijo Komar sobre viajeros que vienen desde Europa o Japón con una lista y una certeza, y que ponen a este país en su itinerario antes que a destinos con décadas de ventaja en infraestructura turística.
El problema nunca ha sido la oferta, sino la visibilidad. Komar estima que menos del 0.02% de los más de tres millones de viajeros que salen de sus países cada año en búsqueda de aves llegan a Honduras.
"Muchos de ellos saben que aquí hay especies extraordinarias, pero no saben cómo llegar, con quién viajar, no han escuchado historias de cómo es la experiencia", señaló. Es por eso que, construir esa narrativa, popularizarla, llenarla de imágenes y testimonios, es parte de lo que el Centroamérica Big Day intenta detonar.
El lago, además, no solo retiene especies residentes. Más de 200 especies migratorias provenientes de Canadá, Estados Unidos y México pasan el invierno en Honduras, y Yojoa —con su espejo de agua rodeado de bosque, su clima templado y su abundancia de insectos— funciona como uno de los imanes más atractivos del corredor centroamericano para esas aves en tránsito.
El ministro de Turismo, Andrés Ehrler, estuvo esa tarde en el lago antes de que cayera la noche, recorriendo sus aguas en catamarán y observando algunas aves con binoculares.
"El Lago de Yojoa no es solamente el cuerpo de agua que se encuentra entre San Pedro Sula y Tegucigalpa, donde uno llega a comer pescado frito. Es el lugar donde usted puede bajarse y encontrar, junto a su familia, un espacio de paz y naturaleza, conectarse con algo que va más allá de lo cotidiano y encontrarle realidad precisamente en eso, en lo que nos enamora, en el sonido de las aves, en la tranquilidad y en el clima variado que el lago ofrece", cerró Ehrler.