Tegucigalpa, Honduras.- El Salón Ramón Rosa del Palacio Legislativo se transformó este miércoles en un escenario de alta tensión técnica y política.
Con el eco de los pasos de los primeros 11 postulantes, inició la fase de audiencias públicas, un ejercicio que busca arrancar de raíz el secretismo en la elección de los nuevos rostros del Consejo Nacional Electoral (CNE) y el Tribunal de Justicia Electoral (TJE).
Entre expedientes voluminosos y una tómbola que guarda el destino profesional de los aspirantes, Honduras observa si el Legislativo es capaz de parir una administración electoral que no responda a colores, sino a capacidades. La jornada no es un simple trámite administrativo; es un examen de resistencia intelectual de 30 minutos por persona.
El proceso arranca con una exposición de motivos donde el candidato desnuda su trayectoria, pero el verdadero desafío surge cuando la mano del postulante ingresa a la tómbola para extraer una de las 400 interrogantes elaboradas por la Gerencia Legislativa.
Este mecanismo, diseñado para garantizar la igualdad de condiciones, es el segundo filtro de una matriz de evaluación que determinará quiénes son aptos para manejar el complejo engranaje de la democracia hondureña.
"El postulante habla por espacio de 5 a 7 minutos para explicar por qué quiere ser consejero y su trayectoria; luego toma una pregunta de la tómbola, pero los diputados tenemos preguntas adicionales aparte de la tómbola", manifestó Antonio Rivera Callejas, presidente de la Comisión Especial de Selección. El banco de preguntas no deja espacio a la improvisación. Se trata de un compendio de 400 interrogantes fundamentadas en la Ley Electoral y la Ley Orgánica, abarcando desde aspectos técnicos hasta dilemas de justicia electoral.
No obstante, el interrogatorio no se limita a la teoría jurídica; los diputados han dejado claro que utilizarán su facultad de repregunta para auscultar la postura de los candidatos sobre temas sensibles como la segunda vuelta, los distritos electorales y la transparencia en las mesas receptoras de votos.Esta dinámica de preguntas abiertas busca identificar la visión de país de cada profesional.
Para los evaluadores, no existe necesariamente una respuesta correcta o incorrecta en términos absolutos, sino una demostración de criterio y profundidad analítica.
La intención es que cada comisionado pueda valorar si el aspirante posee la independencia mental necesaria para resistir las presiones que históricamente han asediado a los organismos electorales durante la noche de los comicios.
"Yo voy a preguntar mucho del proceso electoral anterior, de la ciudadanía de las mesas, de los diputados por distrito y la segunda vuelta; quiero escuchar sus opiniones", detalló el diputado Rivera Callejas.
Uno de los puntos que genera mayor expectativa es el perfil de los candidatos en relación con su militancia partidaria.
Ya que el clamor de diversos sectores de la sociedad civil y de la población en general ha sido la "despolitización" de los cargos.
Existe un sentimiento creciente de que las instituciones deben ser dirigidas por profesionales sin vínculos directos con las estructuras de los partidos políticos, evitando que el CNE y el TJE se conviertan en apéndices de las jefaturas de bancada.
A pesar de este anhelo ciudadano, la realidad dentro de la nómina muestra una mezcla de perfiles independientes con otros de reconocida trayectoria en las filas del Partido Liberal, Partido Nacional y Libre.
La Comisión Especial enfrenta ahora el dilema de equilibrar la meritocracia con el realismo político, bajo la premisa de que los 18 nombres finales que se presenten al pleno deben ser lo suficientemente sólidos para convencer a las mayorías calificadas.
"Hay un sentir muy fuerte de la población de querer despolitizar, de que sea gente de sociedad civil pura que no tenga relación ninguna con partidos políticos; ese es el sentir y el pensar", reconoció el parlamentario.
La transparencia del proceso también ha servido para aclarar situaciones administrativas, como el caso del postulante Idulio Melquíades Alonzo, de quien se rumoró inicialmente una renuncia.
La Comisión aclaró que se trató de una corrección en su postulación, especificando que su interés se centra exclusivamente en el Tribunal de Justicia Electoral (TJE).
Este nivel de detalle en la información busca blindar el proceso contra cualquier señalamiento de irregularidad o "arreglos bajo la mesa" que pudieran empañar la credibilidad de la elección.Para los aspirantes al TJE, el camino será aún más largo. Ellos deberán someterse a exámenes psicométricos y toxicológicos, un requisito que añade una capa de seguridad sobre la salud mental y la ética de quienes impartirán justicia en los conflictos electorales.
Solo después de superar todas estas etapas, la comisión se encerrará para depurar la lista y seleccionar a los tres mejores candidatos por cada una de las seis vacantes disponibles. A pesar del despliegue técnico y la apertura de las audiencias, el éxito de la jornada se medirá en votos.
El presidente de la comisión ha sido honesto al expresar su temor de que, incluso con una nómina de profesionales excepcionales, las fuerzas políticas no logren los 86 votos necesarios en las primeras rondas de votación, lo que dejaría a los entes electorales en una situación de incertidumbre.
La ausencia de un "arreglo político" previo es presentada por la comisión como una prueba de la integridad del concurso, pero a la vez es el mayor riesgo para la estabilidad del proceso.
Sin un consenso mínimo entre las bancadas mayoritarias, los 18 seleccionados de las audiencias podrían quedar atrapados en un limbo legislativo, prolongando la crisis de representación que actualmente enfrentan el CNE y el TJE.
"Le digo que no hay arreglo político, que yo tengo temor que no se llegue a 86; no hay ni siquiera pláticas y tengo temor de que no lleguemos en la primera votación", agregó el titular de la Comisión Especial.