Tegucigalpa, Honduras.- En muchas casas hondureñas se repite la misma escena: el niño llega de la escuela, deja la mochila tirada y corre a buscar a su abuela antes de contarle nada a nadie más.
Eso que parece apenas una costumbre familiar es lo que los especialistas en psicología del desarrollo llaman base segura, ese lugar al que el niño sabe que puede volver cuando algo le da miedo, una idea que proviene de la teoría del apego, formulada por John Bowlby y ampliada después por Mary Ainsworth.
Durante años se pensó que era exclusiva de la madre o el padre, pero hoy los estudios muestran que los abuelos también pueden cumplirla y volverse, en muchos hogares, una pieza clave del equilibrio emocional del niño.
El pasado domingo, mientras Honduras celebraba el Día Nacional de las Abuelas y los Abuelos, la importancia de ese vínculo volvió a ponerse sobre la mesa.
Los especialistas en apego señalan que un niño puede sentirse seguro con más de una figura al mismo tiempo, siempre que esa persona esté disponible, sea sensible a sus señales y mantenga la constancia con el paso del tiempo.
Cuando un abuelo responde con calidez al llanto de su nieto y lo acompaña sin pedir nada a cambio, se convierte en una segunda base emocional para ese niño.
En América Latina, donde tantas familias dependen del apoyo de los abuelos mientras los padres trabajan largas jornadas, este vínculo pesa todavía más, porque le da al infante una fuente extra de seguridad emocional, fortalece su autoestima y le enseña, desde pequeño, que el cariño puede llegar de más de una persona.
Una segunda figura de apego
La psicología del apego identifica funciones concretas que un abuelo o abuela puede cumplir en la vida emocional de un niño, más allá del cariño cotidiano. Estas son algunas de las más estudiadas por especialistas en desarrollo infantil.
- Regulación emocional: Cuando un niño llora, se asusta o se frustra, un abuelo disponible puede ayudarlo a calmarse con su sola presencia. Esa capacidad de tranquilizar refuerza la sensación de protección del niño.
- Afecto incondicional: Como la crianza diaria suele recaer en los padres, los abuelos pueden concentrarse en el afecto incondicional. Esa aceptación, libre de correcciones constantes, ayuda al niño a sentirse valorado.
- Calma en tiempos de crisis: En mudanzas, separaciones o enfermedades dentro del hogar, un abuelo estable puede sostener emocionalmente al niño mientras el sistema familiar se reorganiza.
- Sentido de pertenencia: Las historias, fotografías y anécdotas que los abuelos comparten ayudan al niño a entender de dónde viene. Ese sentido de continuidad familiar fortalece la autoestima y ofrece una base emocional que lo acompaña incluso en la adultez.
Acciones diarias para fortalecer este vínculo
- Escuchar con atención: Cuando el nieto llega con una anécdota de la escuela o un problema con un amigo, dejar el celular a un lado y sostenerle la mirada mientras habla le confirma que lo que dice de verdad importa.
- Respetar las normas: Aunque la tentación de consentir sea grande, sostener frente al niño los mismos límites que ya establecieron sus padres evita confusión y le enseña que las reglas se mantienen firmes.
- Fije los encuentros: No hace falta que sea todos los días, basta con una llamada o una cena compartida, algo que el niño pueda anticipar y que se convierta en un punto de referencia en sus semanas.