Tegucigalpa, Honduras.- En las calles del sur de Comayagüela, entre el ruido del tráfico y el movimiento constante de la ciudad, don José Rubén Corea avanza cada día apoyando a su hijo mientras caminan juntos. Su historia es la de un padre que no se rinde.
Desde hace siete años, su vida cambió por completo. Edwin Corea, hoy de 17 años, era apenas un niño cuando una fiebre de 44 grados afectó su salud y le dejó secuelas que le impidieron hablar y caminar.
Desde hace siete años, la vida de don Corea cambió para siempre. Su hijo, hoy de 17 años, era un niño cuando una fiebre de 44 grados lo dejó sin poder hablar ni caminar. Aquella enfermedad apagó su voz por un tiempo y le arrebató la posibilidad de sostenerse en pie.
“Desde que tenía 11 años estuvo en la escuela; le dio una fiebre de 44 grados. Mi niño quedó sin hablar y sin caminar, pero con las luchas que hemos tenido, ahorita hemos logrado que ya empiece a hablar”, relató don José.
El avance ha sido lento, pero significativo. Edwin volvió a comunicarse, un logro que su padre celebra como una victoria diaria. Sin embargo, el mayor sueño aún está pendiente: que pueda caminar de manera independiente.
“Para caminar tiene problemas en sus pies, no puede apoyarlos bien, y estoy luchando para operarle sus dos pies y sus dedos”, explicó el humilde padre.
La cirugía que podría cambiar la vida del joven tiene un costo aproximado de 75 mil lempiras, una cantidad difícil de reunir para la familia.
Durante estos años, el padre ya ha invertido cerca de 80 mil lempiras en tratamientos médicos, gracias a ayudas solidarias y al trabajo informal que realiza vendiendo utensilios plásticos en las calles.
Don José Rubén es padre de tres hijos y también necesita una operación por una hernia; sin embargo, asegura que su prioridad es la recuperación de Edwin.
A pesar de las dificultades económicas y las críticas que ha recibido por llevar a su hijo consigo mientras trabaja, mantiene firme su decisión.
“Varias personas me han dicho que soy un hombre grosero porque lo saco a caminar conmigo a la calle, y me han tratado mal. Pero la verdad es que, como padre, creo que uno debe ser ejemplar. El padre ejemplar es el que agarra a su hijo y le enseña a dar pasos desde pequeño hasta grande”, expresó.
Cuando le preguntan cómo se siente, Edwin responde con una sonrisa tímida: “Bien, bien”. Dos palabras que reflejan la esperanza de una familia que no deja de luchar.
Don José hace un llamado a la solidaridad de los hondureños: “Que me tiendan la mano, que me ayuden a salir adelante con mi hijo. Él tiene solución para caminar si logra operarse”, reiteró.
Quienes deseen apoyar pueden hacerlo mediante la cuenta 214240138557 del Banco de Occidente o comunicarse al número 9531-0958, preguntando por José Rubén Corea Pérez.
Don José Rubén vive en la aldea Mateo, al oeste de la capital hondureña, y su familia tiene las esperanzas encendidas y el corazón de un padre que no se rinde ante su hijo.
La familia reside en la aldea Mateo, al oeste de la capital, donde mantienen viva la esperanza de que Edwin pueda dar pasos por sí mismo.