Tegucigalpa, Honduras.- Mover constantemente el pie, morderse las uñas o apretar la mandíbula pueden ser algunas de las conductas asociadas con episodios de estrés y ansiedad, según información compartida por el Hospital Escuela.
La institución advirtió que estas acciones suelen pasar inadvertidas, pues muchas personas las realizan de manera automática y no necesariamente las identifican como una respuesta ante situaciones de tensión o nerviosismo.
Reconocer estos comportamientos puede ayudar a prestar mayor atención a la forma en que el cuerpo responde en momentos de estrés.
Una de las señales más comunes es mover repetidamente alguna parte del cuerpo, como golpear el pie contra el suelo o tamborilear los dedos sobre una mesa.
También puede presentarse tensión en la mandíbula o el rechinar de dientes, incluso de manera involuntaria. Según el Hospital Escuela, estas conductas pueden aparecer ante situaciones de estrés o tensión emocional.
Otros hábitos
La necesidad constante de limpiar u ordenar también puede aparecer en momentos de tensión. Esta conducta puede manifestarse al organizar repetidamente objetos o determinados espacios como una forma de intentar recuperar la sensación de control.
Otra señal mencionada por el Hospital Escuela es permanecer despierto durante la noche pensando en lo que podría ocurrir al día siguiente.
Las preocupaciones constantes pueden dificultar el descanso y mantener a la persona en estado de alerta.
Hablar demasiado o hacerlo con rapidez también puede presentarse como una reacción al nerviosismo, especialmente durante conversaciones o situaciones que generan incomodidad.
Morderse las uñas o los labios es otro hábito que puede realizarse de manera inconsciente ante situaciones de tensión. En algunos casos, la persona repite esta conducta sin advertirlo.
También puede ocurrir que una persona coma sin tener hambre y recurra a los alimentos como una forma de distraerse o afrontar las emociones que experimenta.
Presentar uno de estos comportamientos, sin embargo, no significa necesariamente que una persona tenga un trastorno de ansiedad. Estas conductas pueden responder a distintas causas y deben valorarse según su frecuencia, intensidad y el contexto en el que aparecen.
La ansiedad requiere mayor atención cuando las preocupaciones se vuelven persistentes, son difíciles de controlar o comienzan a interferir con el sueño, las relaciones personales y las actividades cotidianas.
Si estos comportamientos son frecuentes o generan malestar, la recomendación es buscar orientación de un profesional de la salud mental para determinar sus posibles causas y recibir la atención adecuada.