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Otro año con esperanzas de que no decepcione

No faltará quien el 31 de diciembre pida deseos comiendo uvas, salga a dar vueltas con maletas en la mano, suba y baje escaleras como desquiciado o se ponga la ropa interior al revés.

    30.12.2012

    Con tantas necesidades, ¿qué podríamos pedir los hondureños para el Año Nuevo? ¿Más “dinerito”, seguridad, mejor salud, un trabajo, viajes, qué? Habrá de todo en la fiesta del último día del año que reúne a familiares y amigos en una jornada llena de tradición, comidas, bebidas y supersticiones.

    Naturalmente, las costumbres hondureñas en la fiesta del 31 de diciembre se parecen a las de otros países, y aunque algunos se rían y consideren estúpidas las creencias, no faltará quien pida deseos comiendo uvas, salga a dar vueltas con maletas en la mano, suba y baje escaleras como desquiciado o se ponga la ropa interior al revés; dirán que no son supersticiosos, pero, por si acaso…

    A pesar de que las alcaldías poco a poco han prohibido la venta y el uso de la pólvora, por la cantidad infinita de accidentes que han mutilado a muchos niños y ha quitado la vida a más de una persona, hay demasiados traficantes y desconsiderados que filtran esta tradición peligrosa y harán explotar el ambiente. Claro, la celebración con fuegos artificiales es milenaria y planetaria, por eso es difícil atajarla.

    LAS TRADICIONES AJENAS. Se sorprenden algunos extranjeros cuando en la víspera de las fiestas ven en barrios y colonias de nuestro país monigotes engordados con cohetes y petardos, el “muñeco de año viejo” con el rostro del presidente de turno o de políticos de oficio que la población rechaza, y que volará hecho trizas a las 12:00 de la noche.

    Pero también nos sorprenderíamos nosotros al caminar por algunos lugares de Italia, donde la gente lanza los trastos viejos por la ventana, muebles y ropa que ya no usa, como para dejar espacio a las cosas nuevas que traerá el nuevo año, y un plato de lentejas podría dejar más fortuna.

    Los españoles, con sus costumbres más conocidas por nosotros, se comen una uva con cada campanada a medianoche, medidas por el reloj del Ayuntamiento de Madrid. ¡Ojo! terminarlas antes de que el badajo de la famosa campana deje su talán, puede dejar un año de mala suerte.

    Las costumbres se repiten en algunas comunidades de diferentes países: en Argentina, Colombia y Ecuador, también queman un monigote de año viejo, como hacen los hondureños.

    El Alemania todavía queda la costumbre entre algunas familias de fundir plomo y luego sumergirlo en agua fría para interpretar las figuras que se formen, por supuesto, sin dejar su vaso de sekt, un vino espumoso que les alegra la jornada.

    Algunos franceses tienen tradición para garantizarse un año romántico o de bodas darse un beso bajo un ramo de muérdago, esa planta trepadora que crece en los troncos y sirve en algunos países para adornar las puertas y los árboles navideños. En Estados Unidos es imprescindible tener a quien besar en el último día del año.

    Algunos griegos se dedican a quemar los zapatos viejos, para que no se repitan los malos pasos que dieron durante el año; pero son tenebrosas algunas provincias de Polonia, donde creen que el niño que nazca el 1 de enero, cuando sea adulto se convertirá en hombre lobo, por supuesto, esto es motivo de chiste todo el tiempo.

    En Dinamarca tienen una forma curiosa de mostrar afectos ese último día del año: lanzan y rompen sus platos viejos en el patio de la persona apreciada, los más queridos tienen más trabajo para limpiar su jardín.

    Diferentes calendarios y celebraciones. El emperador romano Julio César creó el calendario juliano, que comenzaba en 1 de abril, pero tenía errores de cálculo que apenas se notaban: 11 minutos por año, un día en un siglo, que entonces no parecían importantes, el asunto es que poco a poco cambiaba la fecha de celebración de la pascua católica.

    Así que en 1582, con 11 días de retraso en el calendario juliano, el papa Gregorio XIII decretó anular 10 días del mes de octubre y cambiar la fecha para el inicio del año al 1 de enero. En Estados Unidos, se continuó usando por más de 200 años el viejo calendario romano, por eso los europeos consideraban a los habitantes del nuevo país como tontos y descontinuados.

    El calendario gregoriano se impuso en todo el mundo y relegó en la cuenta del tiempo a grandes culturas, como la del pueblo maya o los aztecas, o los antiguos de las sociedades asiáticas y africanas.

    El año nuevo en China, por ejemplo, lo determina la segunda luna nueva después del solsticio de invierno, que en el calendario gregoriano es el 21 de diciembre; así que para los chinos el año nuevo puede ser entre 21 de enero y el 21 de febrero, con una celebración espectacular. En Japón las campanadas de medianoche para despedir el año ¡son 108!

    Para los pueblos mapuches de América del Sur el año nuevo comenzaba en lo que ahora corresponde al 24 de junio, y para los aimaras era el 21 de junio, coincidiendo con el solsticio de invierno del hemisferio sur.

    Para los judíos el “Rosh hashanah”, o Año Nuevo, es en septiembre; mientras que para el pueblo musulmán se celebra el 1 de “muharram”, en una fecha que varía por su propio calendario lunar.

    En Birmania, Camboya y Tailandia, el Año Nuevo corresponde al 14 de abril; mientras que en Irán coincide con el equinoccio de la primavera, más o menos el 21 de marzo. Para el pueblo hindú la celebración del festival de “Diwali” es en noviembre.

    De modo que este año, que algunos apocalípticos del calendario maya consideraban como el del fin del mundo, dejará a algunos supersticiosos con ropa interior roja o con dinero escondido en los zapatos, y entre muchísima pólvora de contrabando, tarareando la canción de Mecano “Y pedimos a Dios que en el año que viene a ver si en vez de un millón, pueden ser dos”.

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