Tegucigalpa, Honduras.- Sabemos de casos de “criminales de alta peligrosidad” que han sido encarcelados por robarse una gallina. Otros, por el delito de “peinarse”, como se dice en buen hondureño, un pedazo de pan. “Robo es robo”, dirán algunos, así que se justifica cualquier sentencia.
En la edición de la Revista de la Policía del 28 de febrero de 1942, es decir, hace 84 años, encontramos el insólito caso de un “pobre diablo”, me disculpan el calificativo, que fue capturado por agentes del temido Departamento de Investigación, algo así como “las orejas” del general y dictador Tiburcio Carías Andino, por el... ¡hurto de un diccionario!
¡Pobre de alias “Pitoreta”!
Pero antes de continuar con la Galería de Delincuentes, comencemos con el informe de accidentes y multas del Departamento de Tráfico.
A pesar de que en aquel entonces circulaban pocos automóviles por Tegucigalpa y sus alrededores, “los manudos”, que siempre han existido, hacían de las suyas. Ramón Mejía, de oficio chofer, fue multado con tres lempiras por conducir el carro número 142 en exceso de velocidad por la Avenida Carías.
Otro chofer, identificado únicamente por sus dos apellidos (López Gallardo), también tuvo que pagar tres lempiras por “atravesar una procesión con el carro de alquiler número 10”.
El informe no detalla si López Gallardo fue excomulgado...
¿Fueron las únicas multas? Por supuesto que no.
El menor Rodil Rodríguez (bicicleta) y Francisco Valladares (carro), fueron multados con cinco lempiras cada uno por provocar una colisión en el Puente Mallol.
En ese mismo puente hubo otro “macanazo” entre carro y bicicleta. La multa fue de quince lempiras y la tuvo que pagar Jorge F. Mahomar por llevarse de encuentro a Andrés Matamoros, quien se conducía en la bicicleta número 173.
“De este choque resultó Matamoros con golpes considerables y la bicicleta averiada. El chofer Mahomar se comprometió a cubrir los gastos de curación y cinco lempiras por la bicicleta”, señala la Revista de la Policía.
Mientras tanto, al señor Alfredo Berlíoz le aplicaron el Artículo 42 y le cancelaron la licencia por conducirse en estado de ebriedad. Según el informe, era reincidente en el “arte” de manejar “bien a pichinga”.
El Informe de Tránsito incluyó más colisiones (Avenida Carías, Avenida La Paz y por el Hospital San Felipe), más multas por conducir en estado de embriaguez o por no portar licencia.
Galería de delincuentes
Pasamos a temas más graves que simples colisiones entre vehículos y bicicletas. José Mejía Paz, originario de San Pedro Sula, fue capturado por las autoridades luego de que asesinara en el Campo de Gioconda, Sonaguera, Colón, a Lorenza Fiallos y a sus hijos, Federico y Carlos. En el parte no se revelaban las causas.
Con número de ficha 925 aparece Olayo Fonseca y Fonseca (nombre “piquetero”), de veinte años, soltero y labrador, enviado a la cárcel por varios procesos que tenía pendientes en el Juzgado de Letras 1º de lo Criminal.
En la Hemeroteca Digital de www.erandique.com usted puede leer la edición completa de la Revista de la Policía. Allí encontrará los casos de Leónidas Varela, quien se negó a pagar un cuarto de litro de aguardiente; Arturo Greff, acusado de estafar a doña Evarista Ramos, con la suma de nueve lempiras con cincuenta centavos; los cipotes Bonifacio Mejía (14) y José Rodríguez (15), se estaban agarrando a trompadas, hasta que llegaron agentes de la Policía y los detuvieron. Concepción Moncada fue detenida por armar relajos en Río Abajo.
En Soroguara, José Santos Girón, de oficio labrador, interrumpió una fiesta a balazos con su pistola .38 especial. Razón más que suficiente para ser enviado a las bartolinas.
La Revista de la Policía era patrocinada por negocios como Empresa de Transporte Dean, Jardín Italia, Casa Rossner, Pablo Uhler y Cía., Coca-Cola, Farmacia La Nueva Era, Canada Dry, Bazar Jerusalén, Santos Soto y Sucesores, El Ahorro Hondureño, Lotería Nacional de Beneficencia, Banco Atlántida, La Moda de París, La Magnolia y Llantas Good Year, entre otros.
A todo esto... ¿Y “Pitoreta”?
Ramón Varela Aguilar, su verdadero nombre, aparece en la página 46, triste y carita de arrepentido, con el diccionario en sus manos.
“Con domicilio en barrio El Edén, soltero, de 45 años y tipógrafo de oficio, ingresó a la Dirección General de Correos y se robó un diccionario”, informa el parte policial.
“¿Por tan poca cosa?”, se preguntará el lector. Bueno, la ley es la ley. Y si no, que lo diga (bueno, a estas alturas ya está muerto, así que está difícil), a Audencio de Jesús Flores Amador, detenido, fichado y encarcelado por robarle una pluma fuente valorada en dieciocho lempiras al señor Alberto Martínez. ¿Con ella habrá firmado la sentencia el juez? Nunca lo sabremos.