Muchos eruditos de las iglesias se oponen a forzar la lectura de la Biblia y a romper la Constitución para convertir el Estado laico a confesional por sólidas razones teológicas, éticas e históricas”
Aunque el núcleo de la indignación popular parece un fuego inextinguible en Mineápolis, capital de Minnesota, por todo el país hay inflamados focos de protesta