El fuego encendido en Mineápolis

Aunque el núcleo de la indignación popular parece un fuego inextinguible en Mineápolis, capital de Minnesota, por todo el país hay inflamados focos de protesta

  • Actualizado: 30 de enero de 2026 a las 00:00

En la ciudad de Mineápolis nació Prince, y de allí es hijo adoptivo Bob Dylan -cantautor premio Nobel de literatura-, dos referentes mundiales de la música que se nutrieron del blues, folk y soul, que en el ambiente inconforme de cafés, librerías, universidades y teatros denunciaban el racismo, la desigualdad, la represión y el esquivo sueño americano. Hoy, sus calles cantan luto y justicia por el asesinato de dos ciudadanos a cargo del grupo gubernamental extremista ICE.

Los agentes del ICE, armados con pistolas automáticas Glock 19, algunos con fusiles tipo AR-15, chalecos antibalas y pasamontañas, aterrorizan a los estadounidenses -no solo a los inmigrantes- y ciertos organismos sociales estiman en más de 30 personas muertes por las acciones brutales de este grupo: unos bajo su violenta custodia, otros tratando de evitar el operativo y los que asesinaron directamente a balazos.

Varios hondureños han muerto por la cruel cacería de inmigrantes: Luis Beltrán Yánez y Luis Gustavo Núñez fallecieron en hospitales de California y Texas por complicación cardíaca; en septiembre pasado Santos Reyes Banegas murió en una cárcel de Nassau, Nueva York, por fallo hepático. Los familiares acusan falta de atención médica. En tanto, José Castro Rivera, de 24 años, fue atropellado fatalmente en Virginia cuando huía de los feroces agentes.

La indignación y la impotencia han enardecido a los ciudadanos, que en cada agresiva operación de los “cazainmigrantes” graban con sus teléfonos y les gritan que paren su represión, aunque les respondan con gas pimienta, bombas lacrimógenas, golpizas y salvajes arrestos. No falta quienes comparen a estos irascibles agentes con la Gestapo, la criminal policía hitleriana.

Mineápolis es ahora un caos de masivas protestas y huelga general por la muerte de la poetisa Renne Nicole Good y, luego, el enfermero Alex Pretti, en fríos asesinatos que todo el planeta ha visto por las redes. Como diría Prince en una canción: “No me castiguen con brutalidad. Háblenme para que así puedan ver qué es lo que está pasando”.

Aunque el núcleo de la indignación popular parece un fuego inextinguible en Mineápolis, capital de Minnesota, por todo el país hay inflamados focos de protesta: Los Ángeles, Chicago, Nueva York, Seattle, Filadelfia, Atlanta, San Francisco, que no se ahorran gritos y pancartas exigiendo la abolición de la agencia ICE y el enjuiciamiento de los agentes que han cometido los asesinatos.

Como es natural, la rabia general impacta en las encuestas, hasta un 61 por ciento se opone a las tácticas violentas del ICE, según The New York Times, y en noviembre hay elecciones legislativas. Si ganan los demócratas y controlan el Congreso, podrían destituir a Donald Trump con un juicio político y devolver algo de cordura a Estados Unidos y al mundo. Si ocurriera, muchos de los que hoy presumen apoyo del presidente estadounidense lo negarán tres veces.

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