“El éxito no es para las personas que piensan que pueden hacer mucho, sino para los que lo hacen”.
Esta leyenda yace en una de las cuatro paredes de la sala de belleza de Nolvia Esther Varela, que confiesa, con todo orgullo, que ella dudaba de su capacidad para mantener un negocio.
Esther vive hace 18 años en esta ciudad, se vino porque su madre decidió, una vez que cerraron la compañía bananera para la que trabajaba, emigrar a otra nación para ofrecerles un mejor futuro a sus hijos.
“Mi mamá estuvo tres años en Canadá arreglando papeles y después de ese tiempo ella volvió a Honduras para traernos a nosotros, mi hermana y yo”, relató.
Durante los primeros años en Canadá, Esther se dedicó a trabajar y estudiar, en la medida de lo posible.
“Después dejé los estudios porque quería tener mi carro y mi casa, siempre me gustó la belleza, no quise seguir estudiando. Trabajando pude pagar otro curso de belleza porque ya había sacado uno en Honduras, y hace cinco años trabajo como estilista”.
De esos cinco años, los últimos dos han sido en su propio negocio, donde “todo está muy bien, porque la comunidad hispana me apoya mucho”.
Cuando no poseía el negocio ella tenía una impresión equivocada de la comunidad de hondureños, pues creía que estaba desunida, pero “desde que me di a conocer con mi negocio he recibido el apoyo de todos ellos... me siento orgullosa de mis compatriotas, la mayoría somos luchadores”.
“Me complace mucho decir que bastante gente aún guarda y mantiene el calor humano que nosotros los hondureños traemos desde nuestro país, a pesar de tener muchos años de estar acá”.
El negocio de Esther ha recibido una respuesta muy favorable de sus clientes y “he tenido que contratar a tres ayudantes, hasta a mi esposo lo he puesto a trabajar conmigo porque viene bastante gente”.
Su esposo, Hugo Castañeda, le ayuda solo los sábados y domingos.
“Nos ayuda a barrer y a recoger el pelo, aunque también está aprendiendo a cortar pelo”, dice Esther en medio de una carcajada cargada de cierta picardía. Todavía posee ese humor y esa gracia característica de la gente de la costa norte de Honduras.
Los tratamientos especiales de cabello pueden costar desde 15 hasta 25 dólares.
Un corte de caballero vale 15 y para las damas cuesta 18 dólares, con lavado incluido. Un manicure 15 y el pedicure 25.
Ella dice que la dificultad de mantener un negocio de este tipo depende mucho de la actitud. “Yo, por ejemplo, pensaba que no iba a ser capaz, pero me salieron las cosas y eso es porque cambié mi actitud”.
Volver a Honduras
Ella dice que le gustaría regresar a Honduras a vivir unos años, pero una de las cosas que se lo podrían impedir son sus cuatro hijos, que se han aclimatado a Canadá.
“Un cambio de nación representaría un impacto negativo para ellos (Karen Esther, María Fernanda, Sara Estefany y Hugo David)”, analiza.
Su mente y corazón pertenecen a Honduras. Confiesa que piensa mucho en Honduras, hace viajes en retrospectiva que le causan una presión en su pecho y le hacen destilar ese sentimiento patrio, ese amor por la tierra que la vio nacer.