Arlyn Maradiaga, de 27 años, con residencia en Tocoa, Colón, que viaja acompañado de su esposa Marinel Sierra Martínez, de 36 años, asegura que el sacrificio que está viviendo tendrá su recompensa cuando logren llegar a Estados Unidos.
Para ellos fue difícil despedirse de sus menores hijos y emprender el viaje hacia el “sueño americano”.
Arlyn, de profesión veterinario, relata que la falta de un empleo bien remunerado y la inseguridad lo obligó a dejar su natal Honduras y hoy camina junto con la caravana de activistas para llegar al centro del país ante la falta de tren.
Narró que sin problemas cruzó la frontera de Aguas Calientes hacía Guatemala y posteriormente llegó a la frontera El Naranjo para cruzar a territorio mexicano, donde tuvieron que caminar unos 20 kilómetros por pantanos para llegar a Tenosique, Tabasco, donde abordó el tren de carga que los condujo hasta Coatzacoalcos.
En el trayecto abordo del ferrocarril, Arlyn fue asaltado y despojado de 1,500 lempiras.
“Desde la ventana del hotel donde me hospedaba pude ver cómo unas personas a bordo de un taxi perseguían a tres migrantes y, cuando los alcanzaron, a uno de ellos lo subieron por la fuerza y se lo llevaron secuestrado, no sé qué fue de él”, dice.
En el mismo grupo viaja Yanier, de 19 años, de oficio mecánico, quien se vio obligado a dejar su natal Yoro por las amenazas a muerte de unos mareros.
Su abuela le consiguió 500 lempiras y le pidió que emigrara a algún lugar de Estados Unidos para evitar que los mareros cumplieran su amenaza de matarlo.
“He padecido hambre, pero también he encontrado a personas muy buenas que nos regalan comida y algunas monedas”, relata.
Dice que tres días permaneció en esta ciudad debido a que no hay tren para continuar su viaje, por lo que decidió caminar con los activistas.
-¿Regresarán a Honduras?, le consultó EL HERALDO, a lo que sin titubear contestó:
- ¡No!, me matarían, no puedo regresar a Honduras, aunque quiera. Yanier hizo un llamado a los hondureños que están pensando en el “sueño americano” para que lo pospongan, ya que está suspendido el tren y no se puede viajar.
“Les pido que no se vengan, el camino es duro, se ven y escuchan cosas que pasan con los migrantes, pero si ya lo decidieron, encomiéndense a Dios”, señala. Yanier les dice a los mexicanos que los migrantes no son delincuentes y que Honduras necesita un cambio y un buen gobierno que evite la migración de tantas personas creando fuentes de empleos bien pagados y atacando a los mareros y la delincuencia.
También para Jonathan Cruz Burgo, de 19 años, dejar a su joven esposa con cinco meses de embarazo fue algo difícil, pero la idea de darles una vida mejor lo impulsó a dejar su querida Choluteca.
La falta de estudio y un trabajo estable lo obligó a decidirse a emprender el “sueño americano” con 2 mil lempiras que le prestaron.
Jonathan salió de su país hace 22 días y desde entonces su familia no sabe nada de él.
Valdrá la pena
En el grupo también viaja Maribel Guerra, de 38 años, de San Pedro Sula, quien con tristeza relata que dejó a sus tres menores hijas –dos de 12 y 11 años, y una niña de 17 meses de nacida/ al cuidado de una prima. Asegura que el sueldo que ganaba lavando y planchando ropa ajena no le alcanzaba para mantener a sus tres menores hijos, por ello con 300 lempiras decidió emprender el viaje a Estados Unidos.
“Mi familia está enojada conmigo porque me vine y dejé a mis hijas, pero creo que valdrá la pena si logró llegar a Estados Unidos”, señala.
Refiere que en el camino de la frontera de Guatemala a México fue asaltada y la despojaron de sus pertenencias, además del poco dinero que llevaba para el viaje. Maribel tampoco ha podido comunicarse con su familia y sus hijas, situación que la pone muy triste y en ocasiones la hace pensar en el regreso, sin embargo, dice que tiene fe en Dios en que logrará el “sueño americano” para brindarle una vida mejor a sus hijas.
Dice sentirse orgullosa de México, donde personas de buen corazón le han brindado alimento, ropa y un lugar para descansar.