En un acto conmemorativo del primer aniversario de la declaración de Honduras como 'Santuario del tiburón', el presidente Porfirio Lobo Sosa quemó este jueves decenas de aletas de escualos para promover su protección.
Lobo Sosa sancionó en junio de 2011
un decreto Ejecutivo que prohíbe la pesca del tiburón blanco, convirtiendo al país en el primer santuario bio-oceánico de esta especie en Iberoamérica.
En el evento, celebrado hoy, también participaron autoridades de la Secretaría de Recursos Naturales y Ambiente (Serna), Dirección General de Pesca y Acuicultura (Digipesca), el Instituto de Conservación Forestal, las Fuerzas Armadas de Honduras y la Fuerza Naval.
En total, 184 aletas de tiburón con un valor estimado de tres mil dólares fueron calcinadas.
La quema 'representa una voluntad política de parte del gobierno (central) y también del Congreso Nacional de que no se sacrifiquen (más tiburones) y no se comercialicen este tipo de aletas', dijo el titular de Serna, Rigoberto Cuéllar.
El funcionario recordó que la carne de tiburón no se consume por tradición en Honduras y por lo tanto, el único fin de su cacería es comercializar las aletas.
'Los tiburones son los termómetros de los océanos. Si los tiburones desapareciesen, lógicamente no solamente los ecosistemas se verían afectados sino también las comunidades que viven de la pesca y que viven del producto marino, porque son los que mantienen el orden en los océanos', explicó.
Honduras mantiene una veda en la pesca y caza de tiburón.
En el país existen especies como el tiburón ballena, tiburón arrecife, tiburón gata, común en el Atlántico, y el tiburón martillo, muy común en el golfo de Fonseca, en donde van a depositar sus crías.