Tegucigalpa, Honduras.-La inseguridad alimentaria en Honduras avanza silenciosamente y amenaza con empeorar en los próximos meses.
Al menos 2.2 millones de hondureños podrían enfrentar dificultades para acceder a alimentos suficientes al cierre de 2026, un incremento de 400,000 personas respecto a la cifra actual, advirtió el Observatorio de Seguridad Alimentaria y Nutricional (Obsan) de la Universidad Nacional Autónoma de Honduras (UNAH).
El informe sostiene que la combinación de pobreza, cambio climático, aumento en los costos de producción agrícola y factores geopolíticos está empujando a miles de familias hacia una situación cada vez más crítica.
"El problema no es solo que falten alimentos, sino que cada vez más familias no tienen los recursos para acceder a ellos", alertó la directora del observatorio, María Luisa García, durante el simposio Escenario de la Seguridad Alimentaria y Nutricional de Honduras.
El diagnóstico revela que 6.4 millones de hondureños viven en condición de pobreza, una realidad que los hace altamente vulnerables ante cualquier aumento en el precio de los alimentos o caída en la producción agrícola.
Actualmente, 1.8 millones de personas ya enfrentan inseguridad alimentaria, pero la cifra podría dispararse si continúan la sequía, las inundaciones y el encarecimiento de los productos básicos.
El análisis también identifica que 10 de los 18 departamentos del país permanecen desde marzo en fase 4 de emergencia alimentaria, uno de los niveles más altos de la Clasificación Integrada de la Seguridad Alimentaria (IPC).
En esas zonas, principalmente ubicadas en el corredor seco, las familias han comenzado a adoptar estrategias extremas para sobrevivir debido a las severas limitaciones para acceder a alimentos.
El Obsan advierte que Honduras enfrenta una doble amenaza. Mientras la sequía prolongada continúa reduciendo la producción agrícola en el corredor seco, las inundaciones han destruido cultivos en departamentos como Gracias a Dios y Olancho, dejando a cientos de familias sin sus principales fuentes de alimento e ingresos.
García explicó que muchas comunidades que hasta hace poco mantenían niveles mínimos de seguridad alimentaria perdieron sus cosechas en cuestión de semanas, acelerando su ingreso a escenarios de inseguridad alimentaria severa.
Sin embargo, el observatorio sostiene que la crisis no obedece únicamente a fenómenos climáticos.
El informe identifica problemas estructurales como el alto costo de los insumos agrícolas, el incremento del precio de los combustibles, las presiones de la economía internacional y la falta de articulación entre las instituciones del Estado.
"Las instituciones tienen presupuesto, pero no están trabajando de manera interrelacionada", cuestionó García.
A ello se suma la desigual distribución de la tierra productiva y de los sistemas de riego, concentrados en pocos propietarios, mientras miles de pequeños agricultores cultivan parcelas de subsistencia sin capacidad para generar excedentes ni enfrentar eventos climáticos extremos.
Los expertos también alertaron que el incremento en el precio de más de 30 productos de la canasta básica continúa reduciendo la capacidad de compra de los hogares más pobres.
Frente a este panorama, recomendaron fortalecer los sistemas de riego, facilitar semillas resistentes a la sequía, ampliar el financiamiento para pequeños productores e impulsar políticas que fortalezcan las economías locales.
Aunque el informe aclara que Honduras aún no ha entrado en una fase de hambruna, advierte que el país podría acercarse a ese escenario si no se toman decisiones inmediatas y coordinadas. "Todavía estamos a tiempo de evitar que la crisis escale, pero las acciones deben comenzar ahora", concluyeron los académicos.