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Xiomara Castro: en una contienda llena de hombres, una mujer es favorita en Libre

En una sociedad política donde las pocas candidaturas de mujeres triunfan, nadie discute la autoridad y favoritismo de Xiomara Castro, esposa del expresidente Manuel Zelaya, al frente de Libertad y Refundación (Libre). Ella es la precandidata de seis de las nueve corrientes en las primarias de Libre
11.02.2021

TEGUCIGALPA, HONDURAS.- La primera vez que Xiomara Castro habló ante una multitud en resistencia por el golpe de Estado se mostró segura. Su temple era serio y, en algunos momentos, su voz subía de tono.

Fue un 7 de julio de 2009, nueve días después de que las Fuerzas Armadas de Honduras sacaran a su esposo, Manuel Zelaya Rosales, de la presidencia por intentar instalar el proyecto de la Cuarta Urna; ese día Xiomara decidió unirse a las manifestaciones.

“Vamos a acompañar en todas las marchas y en todos los esfuerzos que se realicen, por la paz en primer lugar, pero también para que se pueda permitir a la gente ser consultada, que pueda expresarse”, exigió de forma puntual en un mensaje que se transmitió por varios canales de televisión.

Xiomara Castro, quien nació en Francisco Morazán y se instaló en Catacamas, Olancho, después de casarse con “Mel” Zelaya, habló de forma pausada, como si la inconformidad que a veces reflejaba su rostro no le afectara.

Atrás de ella, a unos cuantos metros de distancia, estaban varios de los líderes que, en ese momento, eran mano derecha de “Mel” y que, por supuesto, la respaldaban, pues era la mujer que le daría continuidad al zelayismo.

Xiomara Castro no tenía experiencia en política cuando tomó la batuta de una lucha por la restitución de su esposo en la presidencia en 2009 y menos cuando aceptó ser la candidata de Libre para las elecciones de 2013.

“Como Mel Zelaya no puede ser candidato es lógico que pongan a la esposa del candidato”, afirmó el politólogo Ernesto Paz Aguilar, quien aseguró que ese fenómeno es usual en Latinoamérica.

“Ya ha ocurrido en otros países como Argentina, Panamá, Chile, creo que Brasil también. Violeta Barrios de Chamorro, en Nicaragua”, continuó, mientras se preguntaba qué otro país había seguido ese patrón.

La conclusión del experto tiene dos argumentos: los cargos electorales -incluidos cuatro presidentes- que han tenido los descendientes de la familia Zelaya durante 400 años de historia política (se habla de 400 años porque aparecen en el proceso de colonización con los españoles) y, el segundo, porque los liderazgos femeninos en la política -lastimosamente- están relacionados con los masculinos.

Un ejemplo claro es el de Nora de Melgar Castro, quien se convirtió en la primera mujer en ser candidata a la presidencia, años después de que su esposo Juan Alberto Melgar Castro, presidente de Honduras de 1975 a 1978, muriera.

La segunda fue Xiomara Castro, una mujer sin experiencia política, pero inmersa en ese mundo, pues su esposo se convirtió en diputado en tres ocasiones, fue director del Fondo Hondureño de Inversión Social (FHIS), también asesor del exmandatario Carlos Roberto Flores y en 2005 lanzó su precandidatura presidencial por el Partido Liberal, institución a la que ingresó en 1980.

Además, conoció la larga trayectoria del zelayismo en Honduras. De acuerdo con expertos en cuatro siglos, al menos cuatro integrantes de la familia Zelaya -incluido 'Mel'- han sido presidentes de Honduras, legado que espera Xiomara Castro pueda continuar.

“Ella en 10 años ha aprendido bastante”, argumentó Paz Aguilar, haciendo referencia sobre que ser novato en la política no dura para siempre y que, la trayectoria de Xiomara ha estado acuerpada por la familia Zelaya, pero hoy por hoy es una lideresa, 'una muy fuerte'.

Sus inicios en la política

Xiomara Castro inició su vida política partidaria aquel 7 de julio de 2009, sin imaginar que años más tarde se convertiría en la segunda candidata mujer en buscar la presidencia de Honduras (la primera fue la nacionalista Alba Nora Gúnera de Melgar).

Siempre fue una mujer decidida pero nunca intentó conseguir un cargo de elección popular, lo que ahora como precandidata presidencial por cinco movimientos (Somos+ Honduras, Fuerza de Refundación Popular, Pueblo Libre, Pueblo Organizado en Resistencia y M28) le consume la mayor parte de su tiempo.

De Ocotepeque a Copán, de Olancho a Cortés y luego a la zona central, las giras en su apretada agenda no dan espacio para entrevistas con medios de comunicación, o al menos eso es lo que comunica su hijo Héctor Zelaya, quien se encarga de llevarle la agenda diaria.

EL HERALDO intentó contactar a Castro, pero no fue posible obtener una respuesta suya a las múltiples solicitudes.

En las caravanas de vehículos, que realizan como medida de prevención contra el covid-19, él es quien conduce el carro en el que se transportan, mientras ella se para sobre el asiento y saca la mitad de su cuerpo por el amplio techo panorámico del automotor para poder saludar. A veces la acompaña su esposo, quien se mantiene atrás de ella o a su lado, pero casi nunca habla ante los simpatizantes.

Siempre camina con sombrero, usual de las personas que viven en Olancho, el departamento donde la familia Zelaya, de tendencia conservadora, se instaló desde hace 400 años

Su vestimenta se identifica con los colores rojo, blanco o negro, haciendo referencia a la bandera del Partido Libertad y Refundación (Libre), institución que junto a su esposo creó después de abandonar el liberalismo.

Sus ojos oscuros y grandes son bastante expresivos, pero siempre que da un discurso sus manos lo son aún más, sobre todo cuando habla de justicia social, educación, salud, lucha contra corrupción y de los derechos de las mujeres, un tema primordial en su agenda.

Sus raíces

La capital de Honduras fue la tierra que vio nacer el 30 de septiembre de 1959 a Xiomara Castro. Heredó de su fallecido padre, Irene Castro Reyes, el interés por la política y de su madre Doris Sarmiento Montoya su humanismo y solidaridad.

Su educación primaria y secundaria estuvo forjada en colegios católicos, primero en el San José del Carmen y posteriormente en el María Auxiliadora. Es una mujer preparada y sobre todo analítica; no fue hasta después de casarse que obtuvo su título universitario en administración de empresas en el Instituto Hondureño de Cultura Interamericana.

En 1979, cuando tenía 20 años, contrajo nupcias con Manuel Zelaya Rosales, el hombre que se encargó de las empresas de su padre José Manuel Zelaya Ordóñez después de que fuera encarcelado por la famosa masacre de Los Horcones.

Tiene cuatro hijos: Zoe, Héctor Manuel, Hortensia Xiomara y José Manuel Zelaya Castro, en quienes se refugió completamente cuando se quedó sola en Honduras a raíz del golpe de Estado.

Desde su juventud siempre fue una líder. En el Partido Liberal, institución a la que perteneció por años junto a su marido, organizó la rama femenina del liberalismo en Catacamas, lo que le dio una ventaja a Zelaya en las elecciones internas de 2005.

Perteneció a la Asociación de Esposas de Miembros del Rotary Club de Catacamas y posteriormente creó el Centro de Cuidado Diurno para Niños en ese mismo municipio para ayudar con pequeños proyectos a las familias monoparentales, encabezadas por mujeres.

Es empresaria y ahora política, de las más fuertes a nivel nacional, pero eso le ha costado horas de trabajo y una lucha interna para romper con aquellos esquemas impuestos, donde históricamente han gobernado los hombres.

Para el golpe de Estado (el 28 de junio) el temor por la vida e integridad física de su familia la llevó a alzar la vos. Mientras “Mel” se movía de Costa Rica a Nicaragua, su esposa daba la cara en los medios de comunicación y en las calles de la capital.

“Pensar como madre que hoy mis hijos están viviendo en temor, pienso en muchas madres, no solamente de aquel joven que está participando en las marchas, sino que también en aquel soldado que viene del interior del país y obedece una orden, aunque en su conciencia esté en contra de lo que está haciendo, yo creo que ha de ser un dolor bien fuerte”, dijo en aquel entonces en entrevista con Telesur a finales de julio de 2009.

En ese mes, Zelaya todavía no ingresaba a Honduras y, en medio del miedo porque le pasara algo al regresar, afirmó que precisamente eso era lo que sentían las madres de todas las personas que estaban en las calles como parte del Frente Nacional de Resistencia Popular (FNRP).

La Conferencia de Partido Políticos de América Latina (Coppal) miró ese liderazgo y en 2016 la nombró como presidenta.

Su posición siempre fue la misma: estar del lado que consideró correcto, junto al pueblo que en 2013 le regaló el voto cuando se presentó como la primera candidata presidencial por Libre. Ese año perdió las elecciones frente a Juan Orlando Hernández.

Para 2017, Xiomara cedió su candidatura presidencial a Salvador Nasralla, en alianza con el Partido Anticorrupción (PAC). En esa contienda ella buscaba la vicepresidencia, sin embargo, Hernández consolidó su segundo mandato, en medio de denuncias de fraude.

En esta contienda interna, la ex primera dama, quien es la precandidata por seis movimientos dentro de Libre, se enfrenta a Nelson Ávila, Wilfredo Méndez y Carlos Eduardo Reina, quienes -en su mayoría- admitieron que hubo presión para que también cedieran sus candidaturas.

Para el politólogo Ernesto Paz Aguilar eso es el reflejo del “pluralismo” que hay dentro de Libre, pues con todas las corrientes, más que la candidatura presidencial, se están peleando las diputaciones y alcaldías.

En una lucha de tres contra una, nadie discute el poderío de Xiomara. Algunos aseguran que a nivel presidencial no hay tal pugna. “Más bien, la pelea es más por las candidaturas a diputados y un poco menos a las de alcaldes”, aseguró Paz.