Tegucigalpa, Honduras.- Con los versos de "Soldado ausente" —entonado anoche por Victor Donaire junto a la banda de los Supremos Poderes— Metrocinemas Plaza América trascendió su condición de sala comercial para oficiar, por unos minutos, un ritual de comunión colectiva alrededor de la memoria que "Viento en contra: la historia en la que todos perdimos" vino a reclamar. Nadie necesitó más preámbulo. El público supo, desde ese primer acorde, que la noche saldaría una cuenta pendiente con su propia historia.
Bajo esa misma resonancia, arrancó la premier del drama bélico hondureño ambientado en la guerra de 1969 entre Honduras y El Salvador, un proyecto que su propio equipo insiste en nombrar "acto de memoria" antes que estreno de cine.
Seis años de espera, 45 días de rodaje
Lo que anoche llegó a la pantalla tardó seis años en encontrar su momento. Así lo reconoció el productor ejecutivo Álvaro Matute, quien admitió haber cargado durante mucho tiempo con la pregunta de cuándo, por fin, se atrevería a estrenar la película.
"Muchas personas me decían, ¿no la vas a sacar, cuándo la vas a sacar? La verdad que no era mi tiempo, era el tiempo de Dios y este es el tiempo que él dijo", comentó a EL HERALDO.
El rodaje, en cambio, se resolvió en apenas 45 días, un plazo breve para la complejidad de un proyecto de época que exigió armas, uniformes, aviones y vehículos fieles a 1969.
Bajo la dirección de Douglas Martin, con guion de Ángel Matute y la producción de New Walk Productions, la película reunió a un elenco encabezado por Jack O'Bryen, el propio Ángel Matute, Rosa Fortín, Claudia Cruz, Juan Ortiz, Fernando Cerna, Jorge Marulanda, Rolando Zúñiga y Jorge Osorto, con el respaldo de más de un centenar de soldados en pantalla.
Esos nombres presidieron, para Matute, la lista de agradecimientos. “Gracias es muy poco, es enormes gracias al elenco, al crew, a los patrocinadores que Dios puso ahí, por ustedes es que hicimos este proyecto realidad”, expresó.
Una cita con la memoria
Mañana, "Viento en contra" deja de ser un proyecto en espera para convertirse en una experiencia compartida en las salas hondureñas.
Su equipo no pide solamente que el público compre una entrada, pide que las familias entren juntas a una sala oscura a ver, de frente, un capítulo que el país prefirió durante décadas dejar en los márgenes de los libros de texto.
Si el cine nacional necesitaba una noche para demostrar que puede sostener una producción de época con la ambición de contar la historia propia, esa noche ya ocurrió. Ahora falta que la audiencia responda, sala por sala, ciudad por ciudad, a partir de este 3 de septiembre.