YouTube cumple 20 años: así cambió desde que Google lo compró

Hace 20 años, Google pagó 1,650 millones de dólares por una joven plataforma de videos que todavía no tenía un modelo de negocio definido y acumulaba pérdidas por sus elevados costos de operación

  • Actualizado: 07 de octubre de 2026 a las 12:29
YouTube cumple 20 años: así cambió desde que Google lo compró

Los Ángeles, Estados Unidos.- Hace veinte años, el 9 de octubre de 2006, un Google que ya dominaba sin rival el terreno de las búsquedas y la publicidad en la red decidió dar otro golpe en la mesa: se hizo con una jovencísima plataforma llamada YouTube mediante un intercambio valorado en 1,650 millones de dólares.

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Aquel rincón de internet era todavía un recién nacido: apenas sumaba veinte meses de vida, acumulaba pérdidas vertiginosas debido al disparatado coste del ancho de banda y ni siquiera contaba con una fórmula clara para generar ingresos.

Ascensión entre porciones de pizza

Para comprender la magnitud de este hecho histórico, conviene asomarse a la estampa casi artesanal de la empresa en aquel otoño de 2006.

Lejos del brillo y la sofisticación habituales de Silicon Valley, su cuartel general ocupaba una modesta planta situada justo encima de una pizzería y un restaurante japonés, en pleno centro de San Mateo (California).

En ese espacio convivían apenas 65 empleados, sin un solo letrero en la fachada que delatara desde la calle la revolución que se gestaba de puertas adentro. Una austeridad física que contrastaba de forma salvaje con lo que ocurría en las pantallas: la plataforma registraba ya una media de 100 millones de videos diarios.

Sin embargo, el fantasma del fulminante cierre judicial que había liquidado años antes a pioneros de la red como Napster flotaba en el ambiente, y muchos temían que una web nutrida libremente por los propios internautas acabara dinamitada entre demandas por derechos de autor.

El 28 de septiembre de 2006 (diez días antes de que Google se hiciera con la plataforma el 9 de octubre de aquel mismo año) el inversor multimillonario Mark Cuban no se mordió la lengua durante un encuentro con anunciantes en Nueva York y sentenció con crudeza que “cualquiera que compre eso (YouTube) es un imbécil”, tal como recogió CNET.

Convencido de que la iniciativa acabaría siendo “demandada hasta el olvido”, Cuban alertó además sobre el riesgo de ponerle una diana multimillonaria a la compañía: “la única razón por la que aún no ha sido demandada es porque no hay nadie con mucho dinero a quien demandar”.

Los peores augurios del magnate parecieron cobrar vida cuando, en marzo de 2007, el gigante del entretenimiento Viacom presentó una histórica demanda civil por 1,000 millones de dólares contra YouTube por presunta vulneración de los derechos de autor.

El pulso en los tribunales se alargó en los juzgados federales estadounidenses hasta cerrarse mediante un acuerdo privado en 2014.

Sin embargo, la cúpula de Google extrajo una lección: revisar avisos a mano y retirar videos uno a uno resultaba del todo inservible frente a un volumen de publicaciones cada vez mayor.

Para cortar el problema de raíz y tender puentes con la industria audiovisual, la compañía decidió responder con lo que mejor sabía hacer: tecnología.

Así vio la luz, a finales de 2007, Content ID, un algoritmo que rastrea de forma automatizada cada archivo que se sube a la red y lo contrasta al instante con un gigantesco archivo de huellas digitales.

Salto a la economía de los creadores

Sin embargo, el verdadero giro de guion de esta historia no se debió solo a los algoritmos, sino a la capacidad de convertir el entusiasmo de los usuarios en una profesión real.

En mayo de 2007, la compañía dio un paso decisivo con el lanzamiento del Programa de Socios de YouTube (YouTube Partner Program o YPP).

Hasta esa fecha, encender una cámara y subir una grabación a la red era poco más que un pasatiempo sin ninguna viabilidad financiera. Aquel movimiento estratégico cambió las reglas del juego: la plataforma fijó para los autores una participación sostenida del 55% de los beneficios generados por los anuncios integrados en los videos largos.

Aquel porcentaje selló la primera piedra de lo que hoy se conoce como la “economía de los creadores”.

De repente, miles de personas anónimas descubrieron que la producción audiovisual doméstica podía transformarse en un medio de vida rentable, independiente y con alcance global.

Las cifras actuales dan fe de la escala de aquel fenómeno. En un comunicado, el consejero delegado de YouTube, Neal Mohan, certificó que la plataforma cuenta hoy con más de 3 millones de canales integrados en su sistema de monetización.

Un escaparate que ahora cuenta con modalidades de suscripción como YouTube Premium y YouTube TV.

Y la consagración económica de aquel invento se hizo patente a comienzos de 2026.

Durante la presentación de resultados corporativos, el máximo ejecutivo de Alphabet, Sundar Pichai, anunció que la facturación global de la plataforma superó los 60,000 millones de dólares en el año completo 2025.

Así, aquel proyecto que en 2006 le costó a Google 1,650 millones de dólares es capaz de generar hoy esa misma suma en un abrir y cerrar de ojos: le bastan apenas diez días.

Las sombras del algoritmo

Al cumplirse dos décadas del acuerdo entre YouTube y Google, la plataforma protagoniza una curiosa paradoja: ha terminado colonizando la gran pantalla del salón familiar, precisamente ese aparato del que sus usuarios pioneros intentaban escapar en busca de mayor libertad frente al televisor tradicional.

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Los propios balances compartidos por la dirección de la compañía confirman que, en todo el planeta, las audiencias dedican cada día más de 1,000 millones de horas al consumo de YouTube proyectado directamente en televisores.

Al mismo tiempo, la plataforma ha demostrado defenderse frente al empuje de nuevos competidores en los teléfonos móviles, especialmente TikTok, gracias a los Shorts: este formato vertical y de consumo rápido registra una media superior a los 70,000 millones de visualizaciones al día y un alcance global de 200,000 millones de reproducciones diarias.

Semejante marea de cifras no ha estado libre de nubarrones: boicots de anunciantes tras detectar su publicidad vinculada a mensajes de odio, debates éticos sobre los diseños adictivos de sus algoritmos de recomendación, o investigaciones judiciales centradas en la privacidad y la protección de los menores en la red, son algunos de los temporales que YouTube ha tenido que capear.

Sin embargo, a veinte años de aquel acuerdo de octubre de 2006, queda claro que la absorción de YouTube por parte de Google construyó, por encima de todo, el andamio algorítmico y audiovisual sobre el que hoy se proyecta la memoria colectiva del siglo XXI.

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Redacción web
Agencia EFE

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