Tegucigalpa, Honduras.- La moda de las pestañas naturales, largas y densas domina las redes desde hace meses. Rosalía, Hailey Bieber y Kendall Jenner comparten un mismo secreto de belleza: ojos sin apenas maquillaje pero con una mirada intensa gracias al uso constante de sérums para pestañas.
Luz Marina Lopera, especialista en cosmética con más de 20 años de experiencia, señala a la agencia EFE que existen tres tipos de sérum y que no todos actúan igual sobre la pestaña.
El primer grupo se limita a nutrir e hidratar la pestaña con vitaminas y activos acondicionadores, sin ninguna acción real sobre el folículo, aunque algunas marcas lo comuniquen como si estimulara el crecimiento.
El segundo grupo incorpora prostaglandinas o sus análogos, los únicos ingredientes capaces de intervenir en el folículo y alargar la pestaña más allá de su tamaño natural.
Un tercer grupo, mucho más pequeño, reúne fórmulas pensadas para la zona periocular con respaldo médico.
En redes sociales circula el truco de buscar ingredientes terminados en "prost" para identificar un sérum eficaz.
Lopera aclara que esa pista es incompleta, porque también importa la proporción de ese ingrediente en la fórmula completa y el tipo de conservante utilizado.
La especialista recomienda revisar los estudios que respalda cada marca antes de fiarse de los testimonios repetidos en redes, aplicar el producto cada noche y tener paciencia, porque tres o cuatro semanas de uso suelen mostrar cambios, aunque el ciclo completo de renovación tarda más en cerrarse.
¿Qué revisar en la etiqueta antes de comprar un sérum?
Elegir bien no depende solo del nombre del ingrediente estrella. Estos son los puntos que una especialista recomienda mirar con calma antes de pagar por un sérum de pestañas:
- La concentración real del activo. Un ingrediente puede aparecer en la lista sin que su proporción sea suficiente para generar algún efecto visible sobre el folículo.
- El tipo de conservante. La zona del párpado es sensible, y un conservante mal elegido puede provocar irritación aunque el resto de la fórmula sea segura.
- Los estudios que respalda la marca. Conviene entrar a la web oficial y comprobar qué resultados midieron, con cuántas personas y durante cuánto tiempo.
- Certificaciones oftalmológicas. Un sello de este tipo suele indicar que el producto pasó controles adicionales pensados específicamente para el contorno de los ojos.
- Ingredientes potencialmente irritantes. Alcoholes fuertes o fragancias añadidas pueden generar molestias, sobre todo en personas con ojos sensibles o uso de lentillas.
- La fecha de apertura recomendada. Muchos sérums pierden eficacia semanas después de abiertos, por lo que revisar ese dato evita usar producto ya degradado.
- Quién avala los resultados. Una opinión de un dermatólogo o farmacéutico pesa más que decenas de publicaciones de personas influyentes con mensajes casi idénticos.
¿Cuándo pasar de un sérum de crecimiento a uno de mantenimiento?
No todos los casos requieren el mismo tratamiento indefinidamente. Estas son las señales para hacer el cambio.
- Tras recuperar pestañas dañadas por extensiones. Una vez normalizada la densidad, conviene pasar a una fórmula solo acondicionadora.
- Después de un lifting mal realizado. Cuando la pestaña vuelve a su estado natural, el sérum de mantenimiento basta para conservarla.
- Tras un accidente puntual. Si la caída fue por un golpe o quemadura leve, no es necesario continuar con activos de crecimiento a largo plazo.
- Al alcanzar la densidad deseada. Seguir con un sérum potente sin necesidad real no aporta beneficios adicionales.
- Ante una causa médica confirmada. Blefaritis, quimioterapia o alteraciones tiroideas requieren seguimiento profesional, no un cambio de producto por cuenta propia.