Pantallas y ultraprocesados se asocian con más síntomas de TDAH en niños

Los niños que pasan más de dos horas al día frente a pantallas y consumen más ultraprocesados presentan mayor probabilidad de mostrar signos asociados al TDAH

  • Actualizado: 06 de octubre de 2026 a las 11:58
Pantallas y ultraprocesados se asocian con más síntomas de TDAH en niños

Navarra, España.- ¿Pueden los hábitos de alimentación cotidiana y de consumo digital de los niños influir en la aparición de signos asociados al trastorno por déficit de atención e hiperactividad (TDAH) en la infancia?

La respuesta podría ser afirmativa, de acuerdo con un estudio del grupo de investigación de la Universidad de Navarra (UNAV) con el apoyo de Fundación Mapfre, ambas en España.

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Según este estudio, los niños que pasan dos o más horas al día frente a pantallas presentan un riesgo relativo 2.16 veces mayor de cumplir los criterios de cribado de un posible TDAH en comparación con aquellos que pasan menos de una hora diaria consumiendo contenidos digitales.

Por otra parte, y según esta misma investigación, aquellos pequeños que consumen más alimentos ultraprocesados (productos elaborados industrialmente) presentan peores puntuaciones en las dimensiones de hiperactividad, relación con los compañeros, conducta prosocial e inatención (cuatro tipos de comportamiento asociados a un posible TDAH).

Son las principales conclusiones del informe "Dieta, pantallas y síntomas de TDAH en la infancia", desarrollado en el marco del Proyecto SENDO, que desde 2015 realiza un seguimiento continuado a un grupo de niños y niñas menores, para estudiar cómo factores relacionados con la dieta, la actividad física, el sueño o el sedentarismo pueden influir en su salud y bienestar.

TDAH, un trastorno del neurodesarrollo de origen complejo

En este análisis en concreto, los investigadores se han centrado específicamente en la alimentación y el tiempo de exposición a pantallas y su relación con la salud psicoemocional y conductual, y los síntomas de TDAH, un trastorno que afecta a entre el 5 y 7% de los niños en el mundo, según la mayoría de los estudios científicos y organizaciones de salud.

El TDAH es un trastorno del neurodesarrollo frecuente en la infancia. Sus síntomas incluyen dificultades de atención, hiperactividad o impulsividad, pudiendo repercutir en el aprendizaje, la convivencia y las relaciones sociales, según explican desde la UNAV y la Fundación Mapfre.

“Este trastorno tiene un origen complejo en el que intervienen factores genéticos y neurobiológicos, y determinados hábitos que forman parte del entorno en el que se desarrolla la infancia”, señala la doctora Nerea Martín Calvo, investigadora del Instituto de Nutrición y Salud, especialista en pediatría y profesora titular del departamento de Medicina Preventiva y Salud Pública de la UNAV.

Esta especialista, que dirige el Proyecto SENDO, explica que este estudio ha analizado si algunos factores potencialmente modificables, como la alimentación o el tiempo que un niño se expone a pantallas digitales, se relacionan con una mayor probabilidad de que cumpla los criterios de cribado de un posible TDAH.

Los criterios de cribado son las reglas o requisitos que se usan para determinar qué personas sanas deben someterse a una prueba médica para detectar una posible enfermedad de forma temprana. La meta de esta estrategia de detección precoz es encontrar problemas de salud antes de que causen síntomas.

Esta investigación ha analizado durante alrededor de dos años a 568 niños y niñas, que tenían edades de entre 4 y 5 años al inicio del estudio.

La información sobre su alimentación, actividad física, sedentarismo, sueño y otros aspectos relacionados con la salud se recogió mediante cuestionarios respondidos por sus padres.

Un estudio sobre hábitos potencialmente modificables

Este informe efectuado dentro del Proyecto SENDO (www.proyectosendo.es) es un estudio observacional, por lo que sus resultados no permiten establecer una relación causal, es decir que no posibilita establecer que ciertos hábitos sean la causa del TDAH ni de sus síntomas, advierten los investigadores.

Sin embargo, es importante contar con investigaciones prospectivas como esta porque “permite avanzar en el conocimiento de una relación que todavía necesita más investigación y observar estos hábitos antes de evaluar posteriormente los síntomas”, señala la doctora Martín Calvo.

“La relevancia de estos resultados reside en que la alimentación y la exposición a pantallas son aspectos sobre los que las familias pueden actuar”, destaca, por su parte, la doctora Eva Arranz, médico de la Fundación Mapfre.

“Promover hábitos saludables, como priorizar una alimentación basada en alimentos frescos y limitar el tiempo que los niños pasan frente a dispositivos electrónicos, puede formar parte de un enfoque integral para favorecer la salud y el bienestar infantil”, destaca Arranz.

“Existen varias hipótesis que podrían explicar las asociaciones observadas en esta investigación, aunque es importante insistir en que nuestros estudios no demuestran que las pantallas o los productos ultraprocesados causen TDAH”, señala la doctora Martín Calvo en una entrevista por escrito con EFE.

“Lo que observamos es que una mayor exposición se asocia posteriormente con más síntomas relacionados con la atención, la hiperactividad o la conducta, y existen algunos mecanismos que hacen que esa asociación sea biológicamente plausible”, precisa.

Presunciones sobre la asociación pantallas-TDAH

“En el caso de las pantallas digitales, una de las hipótesis es que una exposición frecuente a contenidos muy estimulantes, con cambios rápidos de imágenes y recompensas inmediatas, podría influir durante una etapa en la que el cerebro todavía está desarrollando la capacidad de mantener la atención, controlar los impulsos y tolerar estímulos menos intensos”, puntualiza.

“El cerebro infantil se adapta al entorno en el que se desarrolla y, si recibe de forma repetida estímulos muy rápidos y gratificantes, podría resultar más difícil mantener la atención en actividades que requieren un esfuerzo sostenido y ofrecen una recompensa más lenta, como escuchar una explicación, leer o realizar una tarea escolar”, explica la profesora e investigadora de la UNAV.

“Además, probablemente existe una vía indirecta. Consiste en que el tiempo dedicado a las pantallas podría desplazar otras actividades fundamentales para el neurodesarrollo infantil, como el sueño, el ejercicio físico, el juego libre o la interacción con otras personas”, añade.

En este sentido “el sueño puede ser especialmente importante: ya que utilizar pantallas durante muchas horas o a última hora del día puede alterar tanto su duración como su calidad, y sabemos que dormir poco o mal repercute directamente sobre la atención, el control de los impulsos y la regulación emocional”, apunta.

Teorías sobre la relación ultraprocesados-TDAH

En el caso de los productos ultraprocesados, probablemente tampoco existe un único mecanismo, según explica la doctora Martín Calvo.

Señala que “una dieta rica en estos productos podría modificar la microbiota intestinal, y hoy sabemos que existe una comunicación continua entre el intestino y el cerebro —el llamado eje microbiota-intestino-cerebro— que participa también en el desarrollo cerebral”.

Según esta experta “se han descrito además posibles cambios epigenéticos asociados a un mayor consumo de ultraprocesados, es decir, modificaciones en la forma en que se expresan determinados genes implicados en el neurodesarrollo”.

Otra hipótesis especialmente interesante, según la doctora Martín Calvo, es la neuroinflamación. “Algunos patrones alimentarios ricos en grasas, azúcares y productos muy procesados pueden favorecer una respuesta inflamatoria que no se limita al resto del organismo, sino que también puede afectar al sistema nervioso”, puntualiza.

“Se ha observado experimentalmente que este tipo de dietas puede activar células inmunitarias y aumentar señales inflamatorias en el cerebro”, según enfatiza.

“Durante la infancia, cuando los circuitos relacionados con la atención y el control de la conducta todavía están madurando, una alteración mantenida de ese entorno podría tener consecuencias sobre su funcionamiento”, señala.

“De nuevo, se trata de una hipótesis plausible, no de un mecanismo que hayamos demostrado directamente en nuestros niños”, apunta.

Por lo tanto, en ambos casos (exposición a las pantallas y consumo de ultraprocesados) “pensamos más en una suma de pequeños mecanismos que actúan durante una etapa especialmente sensible del desarrollo cerebral que en una relación simple de causa y efecto”, reitera.

“A partir de este estudio observacional, el objetivo es replicar estos resultados, mejorar la medición objetiva de los hábitos y estudiar si modificar estas exposiciones produce cambios en los síntomas”, concluye la doctora Nerea Martín Calvo.

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Redacción web
Agencia EFE

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