Tegucigalpa, Honduras.- Comer en exceso no garantiza una buena nutrición, por eso la obesidad y la malnutrición conviven con más frecuencia de la que imaginamos en una misma persona.
Muchos alimentos ultraprocesados aportan calorías abundantes, pero su contenido de vitaminas y minerales resulta escaso o nulo.
Nutrición “macro” y “micro”
El cuerpo distingue entre macronutrientes y micronutrientes. Los primeros están presentes en proteínas, carbohidratos y grasas, proporcionando energía.
Los segundos, en vitaminas y minerales como el hierro, el calcio, el zinc o las vitaminas A, C, D y del grupo B.
No aportan calorías, pero resultan indispensables para que el metabolismo, el sistema inmunológico y los huesos funcionen correctamente.
Cuando el organismo no recibe suficientes micronutrientes, envía señales de hambre, aunque ya se haya comido bastante. Esa sensación puede llevar a seguir ingiriendo productos pobres en nutrientes, lo que perpetúa un ciclo de sobrealimentación calórica y carencia nutricional simultánea.
Diversos estudios señalan deficiencias frecuentes de hierro, zinc, fosfato, calcio y vitaminas A y B12 en amplios sectores de la población mundial, incluidos niños.
Estas carencias pueden derivar en retraso del crecimiento, dificultades de aprendizaje, infecciones recurrentes o problemas de desarrollo cognitivo.
Más allá de la alimentación, el estrés, el sedentarismo y el descanso insuficiente también influyen en este desajuste.
Hábitos que debería evitar
Algunos hábitos cotidianos, aparentemente inofensivos, dificultan la absorción de nutrientes y agravan el desequilibrio nutricional.
- Saltarse comidas: Pasar muchas horas sin comer genera picos de hambre intensa que después llevan a elegir opciones rápidas, muy calóricas y prácticamente vacías de nutrientes esenciales.
- Cocinar en exceso las verduras: Hervir durante demasiado tiempo o a temperaturas muy altas destruye buena parte de las vitaminas hidrosolubles, como la C y varias del grupo B.
- Abusar de bebidas azucaradas: Refrescos y zumos industriales aportan calorías vacías, elevan el azúcar en sangre y terminan desplazando el consumo de agua y alimentos realmente nutritivos.
- Repetir los mismos platos: La rutina alimentaria limita la variedad de micronutrientes disponibles y aumenta el riesgo de desarrollar carencias específicas con el paso del tiempo.
- Confiar solo en el peso: Un cuerpo delgado, e incluso atlético, no garantiza un buen estado nutricional interno ni reservas suficientes de micronutrientes.
Señales que delatan una mala nutrición
- Uñas quebradizas y caída de cabello: Estos cambios suelen reflejar carencias de zinc, biotina o proteína de calidad, y normalmente mejoran de forma notable al ajustar la alimentación durante algunas semanas.
- Encías sensibles o sangrantes: Este síntoma, muchas veces ignorado o atribuido al cepillado, suele alertar sobre una posible falta de vitamina C, fundamental para mantener la salud de los tejidos blandos.
- Calambres musculares: Niveles insuficientes de magnesio, potasio o calcio afectan la contracción muscular normal y pueden interrumpir el descanso nocturno, generando sensación de fatiga.