¿Sus discusiones las cimenta en el orgullo o en la humildad?

No se trata de discutir menos o de tener la razón, sino de discutir mejor, destaca un especialista en psicología de la interacción, que ofrece algunas claves para ver los conflictos de una manera diferente

  • Actualizado: 18 de mayo de 2026 a las 17:30
¿Sus discusiones las cimenta en el orgullo o en la humildad?

Tegucigalpa, Honduras.- Lo vemos todos los días: la intolerancia y la falta de reflexión se manifiestan como un problema en ascenso que afecta las relaciones humanas.

Discusiones por infracciones de tránsito que terminan en tragedias, parejas que escalan a la violencia por no gestionar sus diferencias, o conflictos en espacios cotidianos por situaciones menores, evidencian una tendencia preocupante: la dificultad creciente para discutir de manera sana. Como sociedad, parece que se ha perdido la capacidad de dialogar con respeto.

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Defensa y conflicto

El educador especializado y mediador de conflictos, Sergio de Vocht, explica que las palabras utilizadas en una discusión están cargadas de historia y reacción emocional.

Según señala: “Las palabras que usamos al discutir vienen cargadas de siglos de defensa y conflicto, porque seguimos actuando, en lo profundo, como seres primitivos, intentando sobrevivir al otro y defendiendo la identidad que creemos tener”.

En ese intercambio de emociones, gritos y argumentos, surge una constante: muchas discusiones se sostienen desde el orgullo más que desde la humildad.

“Para ser constructiva y generar bienestar, una discusión debe partir de la humildad y del reconocimiento de que somos seres limitados, y que cualquier explicación que demos, por muy coherente que parezca, siempre será incompleta”, añade el experto.

Pero surge la pregunta: ¿Cómo lograr una interacción constructiva en medio del conflicto? De Vocht señala que la clave está en no abordar los conflictos de forma problemática.

Explica que, con frecuencia, las personas interpretan las situaciones “bajo la influencia de normas morales y sociales incorporadas en la cultura, filtrando lo que ocurre a través de un marco ya aprendido”.

Por ello, propone que una forma más sana de gestionar los conflictos es intentar salir, en la medida de lo posible, de ese filtro de interpretación.

En una discusión, las palabras suelen cargarse de significados y juicios previos. “Por ejemplo, cuando alguien nos habla con enfado, solemos interpretarlo como una falta de respeto, y ese tono nos afecta”, señala. Añade además que, si comprendemos que la otra persona está expresando una emoción, “podemos entender que, en realidad, está hablando de sí misma, aunque lo haga dirigiéndose a nosotros”.

Quitarle carga emocional a las palabras del otro puede transformar la discusión. Con esa perspectiva, los conflictos se abordan con más humildad y menos reactividad, permitiendo incluso reconocer errores propios en lugar de tomar todo como algo definitivo o personal

Otra recomendación es observar cuándo aparece lo que el experto denomina “nuestra falsa seguridad”: esa sensación de tener la razón absoluta.

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“Muchas veces, lo que realmente nos duele en una discusión es que la respuesta del otro pone en duda la imagen segura que tenemos de nosotros mismos”, advierte.

En algunos casos, la otra persona puede culpar o responsabilizar al interlocutor. En ese escenario, De Vocht recomienda entender que quien señala “está intentando posicionarse, defenderse o expresarse desde su propio malestar”.

Y agrega: “Cuando alguien te acusa o te marca una debilidad, no está hablando únicamente de ti; se refiere también a su propia interpretación de la situación”.

"Vivimos en continua comparación y dentro de un marco social en el que, muchas veces, una forma de posicionarnos consiste en marcar el valor, el error o la debilidad del otro. Señalar al otro se convierte en una manera de proteger nuestra propia imagen, y muchas veces lo hacemos sin darnos cuenta”, acota.

Finalmente, enfatiza la importancia de la interpretación: “En lugar de rechazar el mensaje, debemos aprender a traducirlo”.

Es importante recordar que para que exista una discusión se necesitan dos partes. Cuando ambas actúan desde la irracionalidad, el resultado difícilmente será constructivo.

Actuar con prudencia en medio del conflicto es un signo de madurez. Como señala Proverbios 15:1: “La respuesta amable calma la ira; la respuesta grosera aumenta el enojo”.

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