Educación en casa: el valor de enseñar a sus hijos a llamar las cosas por su nombre

Lo que parece un gesto inocente —usar palabras “tiernas” o sustitutas al hablar con los niños— puede tener un impacto más profundo de lo que muchos imaginan

  • Actualizado: 21 de abril de 2026 a las 18:28
Educación en casa: el valor de enseñar a sus hijos a llamar las cosas por su nombre

Tegucigalpa, Honduras.- En la infancia, el lenguaje no es solo una herramienta para comunicarse: es la base sobre la que los niños construyen su comprensión del mundo. Cada palabra que aprenden no solo nombra algo, también le da forma, sentido y lugar dentro de su realidad.

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Por eso, enseñarles a llamar las cosas por su nombre —sin diminutivos innecesarios ni palabras sustitutas— es mucho más importante de lo que parece.

Es común que, por ternura o costumbre, los adultos recurran a términos “suavizados” para referirse a ciertas partes del cuerpo, emociones o situaciones.

Sin embargo, especialistas en áreas como la psicología infantil y la logopedia coinciden en que este hábito puede generar confusión en los niños y limitar su capacidad de comunicación clara.

Cuando un niño aprende el nombre correcto de las cosas, desarrolla precisión en su lenguaje. Esto le permite expresarse mejor, hacer preguntas más claras y comprender con mayor facilidad lo que otros le dicen.

Por el contrario, el uso constante de palabras inventadas o ambiguas puede dificultar este proceso, especialmente en etapas en las que el cerebro está formando conexiones fundamentales relacionadas con el lenguaje.

Pero hay un aspecto aún más relevante: la seguridad. En temas relacionados con el cuerpo, por ejemplo, enseñar a los niños a usar los nombres correctos de sus partes no es un detalle menor. Es una herramienta de protección.

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Un niño que sabe nombrar con claridad su cuerpo tiene más recursos para comunicar incomodidad, establecer límites y, en casos necesarios, pedir ayuda. El lenguaje preciso, en este sentido, también es una forma de autocuidado.

Enseñar a los niños a referirse con los nombres correctos sobre las partes de su cuerpo es una herramienta clave de protección.

En el trayecto, se les ayuda igual a...

Especialistas advierten que enseñarles a llamar las cosas por su nombre no solo fortalece su desarrollo del lenguaje, sino que también les brinda herramientas clave para expresarse con claridad, comprender su entorno y construir una relación más segura con su propio cuerpo. Además de estos otros beneficios:

Sin tabúes. Llamar a las cosas por su nombre contribuye a normalizar temas que muchas veces se rodean de tabúes. Hablar con naturalidad sobre el cuerpo, las emociones o incluso situaciones incómodas ayuda a que los niños crezcan sin vergüenza innecesaria y con una relación más sana con su entorno.

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Ternura presente. Los apodos cariñosos, los juegos de palabras y las formas afectivas de comunicarse tienen su lugar en la crianza. La clave está en no sustituir el aprendizaje correcto por estos recursos, sino complementarlo.

Según el contexto. Un niño puede entender que algo tiene un nombre real y, al mismo tiempo, disfrutar de formas más lúdicas de referirse a ello en ciertos contextos. Se trata de que también vayan aprendiendo a entender los contextos y entornos.

Relaciones sólidas. Enseñar a los niños a llamar las cosas por su nombre es darles claridad, herramientas y seguridad. Es ayudarlos a construir un lenguaje que no solo les permita hablar, sino también entender, preguntar, defenderse y relacionarse con el mundo de manera más consciente.

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Staff de EL HERALDO, medio de comunicación hondureño fundado en 1979.

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