Crianza moderna: ¿Estamos criando hijos frágiles?

Razónelo: ¿estamos criando hijos más frágiles al intentar evitarles cada caída? Lo que las generaciones pasadas aprendieron sin que nadie se los enseñara...

  • Actualizado: 31 de marzo de 2026 a las 14:48
Crianza moderna:  ¿Estamos criando hijos frágiles?

Tegucigalpa, Honduras.- Existe un perfil de persona que usted seguramente conoce... alguien que no se amedrenta ante la adversidad. Cuando la vida se tuerce, ya sea por un despido, una ruptura o una desgracia, guardan silencio un instante y, simplemente, lo resuelven.

Muchos de ellos nacieron entre 1960 y 1990, y lo más curioso es que nadie se propuso criarlos con esa entereza. ¿Es usted parte de esa generación?

Humillación cotidiana: Un freno al desarrollo de los niños

Esa infancia de antaño tuvo una textura particular, especialmente en países como el nuestro. Los niños eran, en gran medida, dueños de su tiempo en tramos larguísimos y desestructurados.

Sus padres estaban ocupados, trabajando hasta tarde o bajo la premisa de que la niñez era algo que se sobrevivía más que algo que se cuidaba y curaba con esmero. Los niños desaparecían tras el desayuno y regresaban cuando los faroles de los postes en las calles empezaban a parpadear, si acaso había.

No se trata de volver al pasado, sino de abrir espacios de libertad dentro de la modernidad y hacer que sus hijos aprendan más de la vida mediante experimentarla, sentirla, y que desarrollen habilidades que les formarán como adultos fuertes e independientes.

En ese vacío sin vigilancia ocurrió algo singular. Al estar bajo su propia supervisión, tuvieron que negociar la vida bajo sus propios términos. Zanjaban sus disputas y elegían sus riesgos sin tutoriales, y su resiliencia, sociabilidad y sentido de la independencia se fortaleció con cada año de vida.

En lugar de gratificación inmediata, la paciencia era la norma... había que esperar cada semana un nuevo capítulo del programa favorito y estar ahí a la hora exacta o se perdía el episodio; si había un juguete de moda, no eran días sino semanas o meses para, con suerte, recibirlo como regalo.

El psicólogo Peter Gray sugiere que la caída del juego libre y la normalización de la gratificación inmediata hoy se vincula con el aumento de la ansiedad infantil, especialmente en la niñez de las ciudades.

Castigo físico en la infancia: ¿es recomendable? Lo que dicen los expertos

¿No será que la capacidad de gestionar la incertidumbre y el estrés nace, precisamente, de habernos visto obligados a tropezar y enfrentarnos a esos desafíos? Diversas investigaciones respaldan esta idea de forma contraintuitiva.

Médicos de urgencias que también son padres coinciden en que los niños que enfrentan juegos desafiantes desarrollan una capacidad más duradera para navegar imprevistos.

Un raspón en la rodilla no es un fracaso, sino una lección de autonomía. La verdadera carencia actual, paradójicamente, podría ser la ausencia total de esos raspones.

Tecnología

Debemos defender también el aburrimiento, hoy tristemente erradicado por la tecnología. Estar aburrido es un motor que genera creatividad, inventiva y astucia, algo que hoy día difícilmente desarrollan nuestros hijos.

Piense en las décadas finales del siglo pasado, sin celulares, sin redes sociales o consolas de juegos... cuando un niño no tenía nada que hacer, debía inventar un universo con lo que hubiera en la casa o en la cuadra. Esa repetición constante construyó la habilidad de tolerar lo irresoluto.

¿Cuántas facultades creativas habremos atrofiado al intentar llenar cada segundo de silencio con una pantalla? Esto no significa que fuera una época dorada, pues hubo peligros y desigualdades reales, por supuesto. No obstante, la lección es pertinente porque el mundo ha cambiado. El entorno y contexto actual ya no es aquel en el que usted creció.

Los niños de hoy se enfrentan a algoritmos diseñados y confeccionados cuidadosamente para capturar su atención y, peor aún, se disemina por doquier una comparación social acérrima que los persigue hasta el dormitorio. Ante estos nuevos desafíos, el cultivo de la autoestima es casi nulo y la validación externa es lo que prima.

El reto de padres y madres

Una forma práctica de lograrlo es promoviendo el tiempo sin programar, dándoles libertad para inventar y aprender a salir del aburrimiento ellos mismos, no con aparatos electrónicos o videojuegos, sino con juegos en los que socialicen, corran, se ensucien, griten y se cansen.

Bajo la misma premisa, en lugar de dejarles llenar su tiempo con redes sociales, TikToks o interminables feeds que emboten la mente maleable de sus hijos con tendencias, memes o influencers, puede apartar tiempo para que lean algún libro apropiado para su edad, salir a caminar a un bosque o al parque o hasta un juego de mesa en familia, al menos en una buena porción del tiempo libre.

¿Y qué hacer si en sus juegos se generan conflictos? Resista el impulso de resolverles cada desafío social. Esa incomodidad es el pago de una matrícula cuyo aprendizaje vendrá después.

Asimismo, es vital permitirles enfrentar riesgos físicos manejables, pues el cuerpo que mide el peligro desarrolla una perspicacia que la mente nunca obtendrá de forma vicaria.

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Lourdes Alvarado
Lourdes Alvarado
Periodista

Licenciada en Periodismo por la UNAH. Content creator, proofreading, desarrollo en medios digitales, visuales e impresos.

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