Tegucigalpa, Honduras.- Cuando una familia pierde a su bebé, a las pocas semanas el círculo cercano vuelve a preguntar por el trabajo, por el clima, por el partido del domingo, y la madre —quien generalmente sigue aprendiendo a vivir con la ausencia— siente que la vida ajena avanzó sin esperarla.
El 15 de octubre se conmemora el Día Mundial de la Concienciación sobre la Muerte Gestacional, Perinatal y Neonatal, y es probable que haya visto o vivido ese desfase. ¿Cuánto plazo se le concede a una madre para dejar de extrañar a quien apenas alcanzó a imaginar?
La máster en psicología Anjannette Gavarrete responde que ese plazo no existe, ya que una pérdida así “no se supera siguiendo un calendario ni existe una fecha en la que el dolor tenga que desaparecer”.
La ciencia coincide. Un estudio publicado en 2020 en el American Journal of Obstetrics and Gynecology, encabezado por Jessica Farren y Tom Bourne, encontró que el 29% de las mujeres evaluadas tras una pérdida temprana del embarazo cumplía los criterios de detección de estrés postraumático al primer mes. Nueve meses después, la proporción era del 18%.
¿Qué ocurre, entonces, cuando el entorno apura un duelo que aún aprende a respirar?
El daño suele llegar envuelto en buenas intenciones. Gavarrete repara en que quien consuela busca una explicación que apague el sufrimiento y termina diciendo “eres joven, puedes tener otro bebé” o “por algo pasan las cosas”, frases que suenan a minimización.
“Ningún embarazo ni ningún bebé reemplaza a otro”, puntualiza la especialista, “y tampoco nos corresponde decidir qué pérdida debería doler menos”. Valen más un “estoy aquí para escucharte”, el silencio respetado y la llamada que llega cuando las primeras semanas ya pasaron.
Recordar y sanar
Honrar al bebé admite tantas formas como familias existen. Unas se aferran a lo tangible, a las fotografías, a la ropita comprada entre ilusiones, a un objeto guardado en una caja de zapatos.
Otras, en cambio, prefieren la palabra. Una carta escrita de madrugada que tiene al bebé como destinatario y le ofrece a quien la escribe un sitio donde dejar lo que no cupo en ninguna conversación.
Hay quien conmemora la fecha del nacimiento con una veladora, como las que tantas casas encienden el Día de los Fieles Difuntos, o le reserva un rincón donde la memoria encuentre refugio.
Y están quienes eligen el camino íntimo, igual de legítimo, sin rituales ni demostraciones de dolor para los demás. Seguir adelante, en palabras de Gavarrete, “también es permitirse vivir sin tener que dejar de amar”.
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