Tegucigalpa, Honduras.- “Estamos programados para ser sociales. Nos mueven motivaciones profundas que nos empujan a mantenernos conectados con amigos y familiares.
Sentimos, de forma natural, curiosidad por lo que ocurre en la mente de otras personas, y nuestra identidad se forja a partir de los valores que nos transmite el grupo al que sentimos que pertenecemos”, señala el renombrado psicólogo Matthew D. Lieberman.
Lieberman, profesor de Psicología en la Universidad de California (UCLA), en Estados Unidos, es una de las principales autoridades mundiales en la neurociencia cognitiva social o estudio de las bases neuronales de la cognición y la experiencia sociales.
Durante las dos últimas décadas, este psicólogo y su equipo han creado un nuevo campo de la ciencia, la neurociencia social cognitiva.
Utilizando herramientas como la resonancia magnética funcional o MRI (técnica de imagen que permite mapear la actividad cerebral al instante), han hecho hallazgos sorprendentes sobre cómo responde el cerebro humano al mundo social.
Base neurológica de la lectura del pensamiento
Estos descubrimientos refuerzan de manera reiterada la conclusión de que nuestros cerebros están programados para conectar con otras personas.
Para Lieberman, que expone sus ideas en su libro "Social. Por qué nuestros cerebros están programados para conectarse", “el propósito fundamental del cerebro humano es el pensamiento social”.
“Nuestra necesidad de conectarnos con otros es uno de los principales motores de nuestra conducta, incluso más básica que la búsqueda de comida o refugio”, sostiene.
Lieberman explica que “el cerebro, incluso en su tiempo libre, dedica recursos a comprender el mundo social: aprender sobre otras personas y sobre nuestra relación con ellas”.
Se calcula que “cada persona habría invertido diez mil horas para aprender a entender a los demás antes de cumplir diez años”, según este psicólogo estadounidense.
Uno de los campos de estudio del profesor Lieberman es "la atención constante a lo que otras personas piensan, en lo que se conoce popularmente como ‘leer la mente’".
Es que “buena parte de nuestra cognición está dedicada a las relaciones sociales y tratar de predecir lo que otros piensan”, enfatiza.
Respecto de la "lectura de la mente", Lieberman analiza cómo inferimos las intenciones de los demás mediante la llamada Teoría de la mente, en la que distingue dos sistemas cerebrales: el sistema espejo, una red de neuronas que se activa ante las acciones observables de otros, y el sistema de mentalización, que se aviva al predecir pensamientos no visibles.
“Comprender lo que otros podrían pensar y sentir es esencial para la conexión social efectiva. Esta habilidad se desarrolla durante la infancia y permite pasar de pensar desde un `yo´ entendido como centro del mundo a un `yo´ en relación con los demás”, puntualiza.
Lieberman destaca que “el sistema de mentalización y el sistema espejo sustentan nuestra capacidad única para descubrir las esperanzas, miedos y motivaciones de los otros y coordinar efectivamente nuestras vidas en común”.
Interpretando el lenguaje no verbal
Desde el ámbito del mentalismo (una rama del ilusionismo), el español Pablo Raijenstein considera que detrás de los "lectores de mentes" que anticipan lo que vamos a expresar o que adivinan si mentimos o decimos la verdad con solo mirarnos, no hay poderes sobrenaturales, sino un profundo conocimiento del funcionamiento de la mente humana y el lenguaje no verbal.
Formado en psicografología, hipnosis y comunicación eficaz, Raijenstein es conocido por su enfoque "sui generis" del mentalismo, en lo que combina lo artístico, lo psicológico y lo teatral, con un estilo que se basa en una mezcla de sugestión, psicología, narrativa y puesta en escena inmersiva.
Para Raijenstein el "mentalismo" contemporáneo pasa a ser un nuevo sinónimo de “adivino del pensamiento”, alejándose de las doctrinas espiritistas, del ilusionismo o la magia, y enfocándose como un procedimiento científico, basando su técnica mental en la observación y los trucos psicológicos o la hipnosis.
Por ejemplo, “en plena Segunda Revolución Industrial, John Randall Brown (1851–1926), un mentalista estadounidense considerado uno de los pioneros de la lectura de mente, leía el pensamiento de un espectador mediante el tacto muscular de señales "corporales involuntarias".
Su método se conoce como "lectura muscular" (muscle reading)”, señala Raijenstein.
Después “la lectura muscular comenzó a desvincularse de lo sobrenatural para adentrase en un estudio más científico de movimientos ideomotores inconscientes: lo que, más adelante, se conocerá como el lenguaje corporal o lenguaje no verbal”.
Leemos las mentes a diario
En realidad, “leemos la mente de los demás mucho más de lo que creemos. No en un sentido sobrenatural, sino a través de pequeños indicios: una mirada que se aparta, una pausa antes de responder, un gesto de incomodidad, una sonrisa que no llega a los ojos o una postura corporal que se cierra”, destaca Raijenstein en una entrevista con EFE.
“Por ejemplo, efectuamos una forma cotidiana de lectura mental, cuando entramos en una habitación con personas que han discutido, y podemos percibir que el ambiente está tenso antes de que nadie diga nada”, añade.
También leemos la mente “cuando intuimos que alguien nos oculta una preocupación, que una persona está interesada en lo que contamos o que una respuesta educada que nos ofrecen no es del todo sincera”, asegura.
Raijenstein explica que “el cuerpo funciona como una especie de máscara del inconsciente: muchos movimientos faciales y corporales responden a emociones que no siempre verbalizamos”.
“Por eso la lectura de mentes moderna tiene mucho que ver con aprender a observar el lenguaje no verbal, los microgestos, la mirada, el tono de voz y el contexto. No se trata de adivinar, sino de interpretar señales”, enfatiza.
Según este mentalista, también aplicamos esta capacidad cuando anticipamos decisiones ajenas, ya que “nuestro cerebro utiliza atajos mentales, intuiciones y experiencias previas para prever cómo puede reaccionar otra persona”.
“A veces nos equivocamos, pero muchas veces acertamos porque reconocemos patrones emocionales y conductuales que ya hemos visto antes”, confirma.
Una capacidad fundamental para la vida social
Raijenstein sostiene que nuestra capacidad de saber lo que están pensando otra persona o personas es fundamental para convivir, ya que “nos permite detectar estados emocionales, anticipar conflictos, generar empatía y comunicarnos mejor”.
En realidad, “la vida social sería imposible si no pudiéramos intuir mínimamente lo que ocurre dentro de los demás”, advierte.
“Saber leer a otra persona nos ayuda a adaptar nuestro lenguaje, a saber cuándo insistir, cuándo callarnos o si nos tenemos que retirar. En una conversación, por ejemplo, no solo escuchamos las palabras: leemos la mirada, el ritmo, el silencio, la postura, la tensión del cuerpo”, argumenta.
“Todo eso nos permite comprender no solo lo que alguien dice, sino lo que quizá no se atreve a decir”, señala este mentalista.
Añade que “en el ámbito profesional, esta habilidad de leer los pensamientos y sentimientos es clave para negociar, liderar equipos, hablar en público o resolver malentendidos”.
Para Raijenstein “la comunicación eficaz no depende únicamente de las palabras, sino también de los marcos mentales, las emociones y los sesgos que influyen en la toma de decisiones”.
Por otra parte, “en el plano personal, esta capacidad nos ayuda a ser más sensibles”, añade.
“Leer mejor a los demás no debería servir para manipular, sino para comprenderlos. Cuanto más afinamos nuestra percepción, más conscientes somos de que cada persona está comunicando mucho más de lo que expresa verbalmente”, explica.
Ejercicios para "lectores de mentes"
Raijenstein propone a continuación algunos ejercicios para desarrollar nuestra capacidad de leer las mentes ajenas.
Para entrenar nuestra capacidad de observación, recomienda prestar atención no solo a lo que la persona dice durante una conversación, sino a cómo lo dice.
Aconseja observar “si esa persona cambia la respiración, si evita la mirada, si se inclina hacia delante, si cruza los brazos, si sonríe de forma social o si presenta una expresión emocional muy breve”.
“Un segundo ejercicio consiste en observar los gestos por grupos, no de forma aislada”, señala este mentalista, explicando que la lectura corporal debe hacerse en “clústers” (en racimo) y no basta con decir que unos brazos cruzados significan defensa.
“Hay que mirar el conjunto del cuerpo: brazos, barbilla, mirada, inclinación del torso, tono de voz y contexto. Esa suma ofrece una lectura corporal mucho más precisa”, enfatiza.
Tomar consciencia de nuestro propio cuerpo
Otro ejercicio práctico recomendado por Raijenstein consiste en “trabajar la conciencia corporal”.
“Si uno aprende a reconocer en sí mismo una postura abierta, cerrada, segura o defensiva, después puede identificar mejor esas señales corporales en los demás”, argumenta.
En ese sentido, propone experimentar con nuestro propio cuerpo: “mantenerse erguido, respirar, sonreír, notar qué emoción aparece; después encorvarse, cerrar el cuerpo y observar cómo cambia la sensación interna. Esa autoobservación educa la percepción”, sostiene.
Un ejercicio sencillo para entrenar la atención plena, lo cual hace que nuestra intuición funcione mejor, consiste en “fijar la mirada en un objeto, observar nuestra respiración y poner a prueba nuestra capacidad de concentración”, según este experto.
“La lectura de mentes no nace de mirar compulsivamente a una persona, sino de mirarla con calma”, enfatiza.
Por último, Raijenstein propone un ejercicio muy simple: “después de una conversación, anota tres impresiones que hayas tenido sobre la otra persona —por ejemplo, “estaba incómoda”, “parecía interesada”, “quería terminar la conversación”— y comprueba más tarde si esas impresiones tenían fundamento”.
“De ese modo, entrenamos nuestra intuición, pero también aprendemos a corregir nuestros propios errores de interpretación” concluye.